Zonas verdes y ventanas rotas.

La psicología se centra, a grandes rasgos, en estudiar a las personas reconociendo que están en función de un entorno específico. Dentro de este planteamiento, el entorno puede ser físico o sociofísico, y cuando a éste se le otorga atención especial, surge la llamada psicología ambiental. Su objeto de estudio lo constituye:

…la interacción entre las personas y sus entornos, y que esta interacción se enmarca necesariamente dentro de un contexto social (o de interacción social) por lo que los “productos” de esta interacción entre persona y entorno (incluyendo a la propia persona y al entorno) han de ser considerados antes que nada como productos “psico-socio-ambientales”.

De este modo, la psicología ambiental es un campo interdisciplinario que contempla los entornos desde diversos puntos de vista, desde el ecológico hasta el arquitectónico, desde el psicofisiológico hasta el institucional.

Algunos estudios en esta línea han sugerido vínculos entre la calidad del entorno urbano y la salud mental, resaltando el estrés generado en esta clase de ambientes:

[L]a planificación del crecimiento urbano debería tener en cuenta también la salud mental, opina Sundquist: “Es importante que los expertos en urbanismo sepan más sobre los mecanismos específicos que actúan sobre la salud mental, y esto podemos proporcionarlo los investigadores”. Ella coincide con Van Os en que hay que estudiar más el papel de factores como el soporte social y el grado de estrés cotidiano, y profundizar en las diferencias entre estilos de vida dentro de la propia ciudad. No es lo mismo, suponen, un entorno urbano con muchas zonas verdes que una zona industrial.

 

[…] “Por supuesto se tiene en cuenta la contaminación del aire o el ruido. Pero también hay temas nuevos, como el estrés, el hecho de que se vaya a una sociedad de mayores, la necesidad del ejercicio físico o la de estar en un entorno con un cierto grado de naturaleza”.

 

La influencia de las “zonas verdes” en el bienestar también ha demostrado ser de gran relevancia. Los espacios verdes pueden aportar al bienestar a corto plazo. Pasar tiempo al aire libre puede influir positivamente los niños, particularmente en su creatividad, imaginación, y sentido de apreciación y pertenencia. Incluso, la presencia de árboles y la disminución de la contaminación podría mejorar el rendimiento escolar, aunque aun deben estudiarse otras variables que aportarían a este efecto:

El primer estudio sobre el impacto de las zonas verdes en el desarrollo cognitivo de los niños ha mostrado un aparente efecto positivo de los árboles en procesos como la memoria, la atención y la resolución de problemas.

 

[…] el carbono negro, unas partículas muy finas generadas principalmente en la combustión de los motores diésel. Esta contaminación puede influir en la maduración del cerebro y en el desarrollo mental de los niños, según estudios realizados en animales. Los árboles la contrarrestan.

En ciudades como San Salvador, sin embargo, es casi imposible pensar en pasar tiempo al aire libre, debido a la inseguridad, hacinamiento, deforestación entre otros factores. Los espacios físicos y las relaciones sociales que en ellos ocurren (y, por ejemplo, dónde están las zonas verdes, las zonas “seguras” y quiénes tienen acceso a ellas) son reveladores y pueden entregar claves para la intervención y el cambio social.

Parque Cuscatlán, San Salvador (fuente).

El estudio del entorno para intentar explicar el comportamiento humano también ha aportado a la criminología. Uno de los aspectos más conocidos, aunque actualmente criticados, es la teoría de las ventanas rotas. Esta teoría sugiere, en términos muy generales, que una desorganización menor en el ambiente (físico o sociofísico) dará paso a una eventual desorganización social de grandes proporciones:

En este ya clásico experimento, Zimbardo [de quien hablamos acá] estacionó dos vehículos en dos vecindarios diferentes: Palo Alto, California, y Bronx, Nueva York. A los 10 minutos de haberlo estacionado, el vehículo en el Bronx fue vandalizado, y a las 24 horas, nada de valor quedaba en el auto. Después de ser desmantelado, peatones continuaron vandalizando el carro, arrancando la carrocería y rompiendo las ventanas. El carro en Palo Alto, sin embargo, fue dejado intacto en su mayoría por casi una semana. Fue sólo hasta que Zimbardo lo golpeó con un azadón que personas comenzaron a vandalizar el carro. Luego de unas pocas horas, el auto estaba completamente destruido.

Lo que el experimento de Zimbardo nos dice es que cuando se envía una señal de “a nadie le importa”, el crimen puede ocurrir en cualquier vecindario. Wilson y Keeling (1982) sostienen que la única razón por la que el carro en el Bronx fue vandalizado tan pronto es porque la estructura física y social del vecindario emitía el mensaje a potenciales involucrados que a nadie le importaba.

Desorganización social y eficacia social (P. 61)

La respuesta al crimen es mucho más compleja de lo que haría pensar esta teoría. Por ejemplo, las diferencias del entorno según nivel socioeconómico, como vimos en la entrada anterior, tienden a ser abismales. El trabajo que puede derivar de esas diferencias es importante, pero se corre el riesgo, ya asumido por muchos “ciudadanos honrados”, de caer en la falacia ecológica (p. 63): muchas personas viven en vecindarios socialmente desorganizados, y comparten condiciones, señales y oportunidades del ambiente para cometer crímenes, pero no los cometen.

Hay muchos otros aspectos que pueden abordarse desde la psicología ambiental. En esencia, esta disciplina destaca la importancia de atender al entorno sociofísico en el que nos movemos, y cómo lo influenciamos y nos influencia simultáneamente.

Un hombre joven pasa por el caminito y, sin que nadie le diga nada, recoge del suelo una servilleta y una tapa de una botella de bebida y los tira en uno de los dos canastos de basura de madera del jardín. Sandra sonríe. “Desde que construimos este espacio ya nadie tira ni un papel al suelo. Y si hay basura, la gente la recoge. Los vecinos ahora sienten que tienen algo bonito, algo que cuidar, que nos une a todos. Esta pasarela solía ser peligrosa. Había asaltos, era un centro de tráfico. Todo eso se ha corrido y hoy es nuestro espacio de encuentro, es un símbolo para la comuna”, dice Sandra.

La mujer que barre.

Para complementar:
– Charla TED “Greening the ghetto”: En una emotiva charla, la activista Majora Carter detalla su lucha por la justicia ambiental en el sur del Bronx, y muestra cómo los vecindarios de minorías sufren más por políticas urbanas defectuosas.
Teoría de “ventanas rotas” de Giuliani no servirá en Centroamérica.

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