Zimbardo y el poder de la situación: monstruos y héroes.

En psicología no únicamente se observa “dentro del individuo”. Además se estudia lo que está a su alrededor; en términos generales, su contexto relacional y ambiental. Esto da pie a la llamada perspectiva situacionista, y algunos de los estudios más destacados provienen del trabajo del Dr. Philip Zimbardo.

Dr. Zimbardo y Zimby [fuente]

Al Dr. Zimbardo se le conoce primordialmente por el experimento de la cárcel de Stanford. En 1971, jóvenes universitarios fueron reclutados para actuar como “guardias” o “prisioneros” por dos semanas. El experimento inició con la persecución y el arresto de quienes se apuntaron como prisioneros.

Cuarenta años más tarde, el Experimento de la Cárcel de Stanford sigue siendo uno de los más notables y conocidos proyectos de investigación que se hayan realizado en la Universidad. Durante seis días, la mitad de los participantes del estudio sufrieron maltrato cruel y deshumanizante a manos de sus compañeros. En varias ocasiones, [los “guardias”] se burlaron, los desnudaron, les impidieron dormir y les obligaron a utilizar baldes de plástico como inodoros. Algunos prisioneros se rebelaron violentamente, mientras que otros se ponían histéricos o se retiraron del experimento a causa de la desesperación. A medida que la situación se sumió en el caos, los investigadores se limitaron a observar, hasta que uno de ellos finalmente habló.

 

La fascinación del público con el ECS y sus implicaciones -la noción, como dice Zimbardo, “de que estos estudiantes universitarios ordinarios podían hacer cosas tan terribles cuando se ven atrapados en esa situación”- trajo fama internacional a Zimbardo. También provocó críticas por parte de otros investigadores, que cuestionaron la ética de someter a los estudiantes voluntarios a tal trauma emocional extremo. El estudio fue aprobado por el Comité de Investigación de Sujetos Humanos de la Universidad de Stanford y Zimbardo afirma que “ni ellos ni nosotros podríamos haber imaginado” que los guardias tratarían a los presos de forma tan inhumana.

 

[…]

 

[Zimbardo afirma que] El estudio se centraba originalmente en cómo las personas se adaptan a una situación en la que están relativamente impotentes. Yo estaba interesado en los presos y no estaba muy interesado en los guardias. Fue realmente la intención de ser una sola, dramática demostración del poder de la situación sobre el comportamiento humano. Nosotros esperábamos escribir algunos artículos sobre ello y ya.

 

La amenaza desde adentro  [en inglés. Lectura recomendada sobre  el experimento, 40 años más tarde, visto por algunos de sus protagonistas: “el superintendente” (Zimbardo), “la denunciante” (Christina Maslach, quien alertó que el experimento se había salido de control) y algunos guardias y prisioneros].

Precisamente, el experimento terminó a los seis días y no a las dos semanas como se había planificado. Ocurrió que se había colocado a dos grupos de personas con características virtualmente similares (y ni los “prisioneros” ni “guardias” tenían psicopatología alguna) en un contexto en el que un grupo mantenía una posición de poder con respecto al otro. Aquí puede verse un recuento de cómo la situación fue deteriorándose.

Este experimento resultaría espantosamente familiar treinta años después, cuando se descubrieron los abusos y torturas en la cárcel de Abu Ghraib. Valga decir que la tortura siempre ha estado presente en dictaduras, conflictos sociopolíticos, guerras y cotidianamente en cárceles, pero fue esencial que se develarán los crímenes de esta cárcel en particular. Las reacciones iniciales son señalar a los torturadores como enfermos, como una anomalía dentro de un sistema que de otro modo es respetuoso de otros seres humanos, aunque éstos sean de un grupo contrario. Pero no es así.

Los análisis disposicionales [individuales] de los comportamientos antisociales, no normativos, siempre incluyen estrategias de modificación del comportamiento para que los individuos desviados se inserten mejor por medio de la educación o la terapia, o que sean excluidos de la sociedad por medio del encarcelamiento, el exilio o la ejecución. Sin embargo, localizar la maldad en individuos o grupos seleccionados trae la “virtud social” de liberar a la sociedad de toda culpa, y de exonerar a estructuras sociales y decisiones políticas de su contribución a las circunstancias más fundamentales que crean pobreza, existencia marginal para algunos ciudadanos, racismo, sexismo y elitismo.

 

La perspectiva de un situacionista en la psicología de la maldad: comprendiendo cómo las personas buenas se convierten en perpetradoras. 

Todo inicia con la categorización de un “ellos” y un “nosotros”. Esto puede dar pie rápidamente a la deshumanización, por medio del anonimato, del cambio de lenguaje (p.e., no se está atacando a una víctima, se está castigando a un comunista), del cambio de apariencia, etc. Recomendamos el libro “El Efecto Lucifer“, que contiene más de 30 años de la investigación de Zimbardo sobre los factores que crean “la tormenta perfecta” que lleva a personas comunes y corrientes a actuar con maldad. La maldad entendida aquí como comportarse intencionalmente, o el hacer que otros se comporten, de maneras que degradan, deshumanizan, dañan, destruyen o matan a personas inocentes. Zimbardo llama a esta transformación del carácter “Efecto Lucifer” por el ángel favorito de Dios, Lucifer, que cayó en desgracia y se convirtió en Satanás.

Este cúmulo de conocimientos permite explicar esa “tormenta perfecta” que se observa en un amplio rango de crueldad humana, desde los torturadores en las dictaduras, el abuso policial, la violación como arma de guerra, “The Kill Team” en Afganistán, hasta el genocidio de Ruanda (donde en muchos casos, los perpetradores habían sido vecinos y amigos de las víctimas por años). Lejos de absolver de responsabilidad a los perpetradores individuales, se trata de visibilizar un sistema que muchas veces es cómplice y facilitador de los crímenes, como Zimbardo comprobó con la administración del presidente George Bush en el caso de Abu Ghraib; como se comprueba en juicios como el realizado al genocida Efraín Ríos Montt -independientemente de su desenlace-, y como se comprobaría con un sinfín de personas con altas cuotas de poder si se les pudiera llevar a juicio.

Reconocer el poder de las fuerzas situaciones no excusa el comportamiento canalizado por ellas. Más bien, provee una base de conocimiento para cambiar la atención del simplista “culpar a la víctima” y de tratamientos individuales inefectivos, hacia intentos más profundos de comprender las redes causales que deben modificarse. La sensibilidad a los determinantes situacionales también guía las alertas de riesgo para evitar o cambiar situaciones futuras de vulnerabilidad.

La perspectiva de un situacionista en la psicología de la maldad: comprendiendo cómo las personas buenas se convierten en perpetradoras. 

La importancia de reconocer el peso de la situación es recordar que todos somos susceptibles a él. Antes de la cárcel de Stanford, Zimbardo realizó lo que dio pie a la llamada teoría de las ventanas rotas (también comentado en El Efecto Lucifer). Tal vez nunca nos encontremos en una situación tan extrema como los “guardias” de Stanford, pero en lo cotidiano, como sugiere la teoría de las ventanas rotas, podemos estar contribuyendo a causar daño a algo o alguien sin notarlo, actuando automáticamente a partir de lo que vemos en el ambiente.

Pero las fuerzas situacionales también pueden generar cambios positivos. Zimbardo, tras trabajar décadas con la maldad, se volcó a estudiar el heroismo, pero alejado de lo que tradicionalmente concebimos como héroes: seres épicos y sobrenaturales. Es así como creó el Heroic Imagination Project:

El heroismo es el intento activo de abordar la injusticia o crear un cambio positivo en el mundo a pesar de la presión para no hacerlo. Puede involucrar enfrentar efectivamente situaciones de emergencia ambiguas, ayudar a otros que lo necesitan, o puede involucrar establecer y lograr metas que promuevan el bienestar de otros. Los hábitos de heroismo sabio y efectivo pueden ser aprendidos, alentados, modelados y logrados por cualquiera en cualquier punto de su vida.

La psicología del cambio

Nuestra aproximación gira en torno a:

1) Hacer a la gente más consciente de sus tendencias humanas, universales o específicas a su cultura, en situaciones sociales, así como cuándo confiar ciegamente en éstas puede ser problemático o peligroso.

2) Proveerles un modelo de procesos psicológicos clave que afectan resultados importantes y que son difíciles de percibir sin entrenamiento.

3) Enseñarles estrategias y técnicas basadas en la investigación para crear cambio en diversas áreas.

Christina Maslach (del experimento de la cárcel), Paul Rusesabagina (en el genocidio de Ruanda), Chelsea Manning y Arturo Castellanos serían considerados héroes bajo esta perspectiva, por su forma de actuar ante una situación sumamente adversa, y en la que no actuar era lo esperable y, en los tres últimos casos, lo más seguro y conveniente. Otros ejemplos son quienes intervienen para detener un acto de violencia en la vía pública, quienes rescatan a otros de una situación de peligro y quienes levantan la voz y activamente se oponen a preceptos injustos, como la cultura de la violación.

Para finalizar, compartimos la charla TED de Zimbardo: “Cómo la gente corriente se convierte en monstruos…o héroes”.

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