Violación sexual dentro del matrimonio.

Reproducimos un pequeño artículo publicado hoy, que toca uno de los tantos mitos de la violación sexual. La publicación original puede leerse aquí.

Pregunta:
En mi matrimonio hemos tenido graves problemas casi desde el principio y últimamente se han empeorado. ¿Puede un esposo violar sexualmente a su esposa, aun cuando tengan años de estar casados?

Respuesta:
Tristemente, he tenido que escuchar unas tres historias similares en el transcurso de las últimas semanas.

El refrán popular dice: “a la fuerza ni el pan en bueno”. No me enfocaré en las razones por las cuales usted no quiso o no ha querido tener relaciones sexuales con su esposo, además no me da ningún tipo de datos a ese respecto. Sea cual sea el motivo, debemos recordar que las relaciones sexuales son un acto de entrega voluntaria, no un arrebato por la fuerza*.

Los psicólogos sociales y los sexólogos están de acuerdo en que una de las mayores humillaciones que un agresor puede causar a su víctima es por medio del sometimiento sexual. Este tipo de agresión se viene a convertir en la máxima expresión de dominio, manipulación, poder y abuso hacia la persona sometida. Y en algunas ocasiones se agrava más cuando se expone a la víctima a la burla social; por ejemplo, las violaciones en grupo o exponiendo el cuerpo desnudo de la víctima a la mirada de otras personas. He sabido de mujeres que fueron privadas de libertad por algunas horas y que además de haber sido abusadas sexualmente, los agresores las han abandonado totalmente desnudas en algún punto de la ciudad.

Es importante que aclaremos algo, la mujer, de la misma manera que el hombre, tiene la potestad total de decidir por sí misma respecto de su cuerpo. Tiene la libertad absoluta para decidir cuándo y cómo hacer el amor con su pareja.

Ya me imagino lo que estarán pensando algunos de mis lectores, han de estar opinando que es una obligación cumplir con el compromiso sexual y satisfacer las demandas de su cónyuge.

No, lo siento, no es así. La entrega sexual es un privilegio mutuo, compartido, complementado. Como me decía una paciente en la consulta: “qué ganas voy a tener de hacer el amor con mi esposo si solo pasa con esa cara de ejote, reclamando por todo y por cada cosita, olvidándose de que una tiene sentimientos…”.

Ya no estamos en los tiempos en los cuales la mujer era una especie de propiedad de su esposo, donde por obligación debía estar siempre dispuesta a la satisfacción sexual de su marido. Esa satisfacción debe ser ganada, conquistada, merecida.

Y usted tiene toda la potestad para decir no, cuando no quiere, cuando no lo desea, cuando él no se lo merece.

El mayor problema es que hay que hacer que ese “no” prevalezca y sea aceptado por su pareja. No, significa no. Aquí no hay punto de confusión. Si su cónyuge la obliga, la somete, violenta la decisión que usted ha tomado ya que en ese momento usted no quiere tener sexo, no lo desea; y si a pesar de un no claramente expresado**, él, haciendo uso de la violencia la somete sexualmente, eso sería una violación sexual. Y una situación como esa genera largas secuelas emocionales.

Si su matrimonio ha llegado a este punto, es un buen momento para replantearse si vale la pena seguir esforzándose por esta relación.

* La violación sexual se define como la relación sexual realizada contra la voluntad de la persona.

** Puede o no haber un “no” expresado (evitando expresarlo, por ejemplo, por temor a “empeorar las cosas”).