Uso del lenguaje: la persona antes de la enfermedad.

No es solo que nuestros pensamientos le dan forma a las palabras, sino que las palabras le dan forma a nuestro pensamiento. El lenguaje puede tanto reflejar como modificar nuestras experiencias. De ahí el llamado a reconocer y cambiar cómo hablamos, en ámbitos que abogan por los derechos humanos de diversos segmentos de la población:  el uso de lenguaje de género y de diversidad sexual para incluir y visibilizar; el hablar no de “minusválido” ni “discapacitado” sino de persona con discapacidad; etc.
Se trata de dignidad y el derecho de ser tratado con respeto. Muchas etiquetas son usadas para las personas con discapacidades en nuestra sociedad tienen connotaciones o simplemente engañan. Usando etiquetas contribuye a los estereotipos negativos y desvalorizan a la persona que tentativamente quieren describir.
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La influencia que tiene el cómo hablamos sobre otros fue el foco de la investigación: El poder del lenguaje y las etiquetas: ‘los enfermos mentales’ versus ‘personas con enfermedad mental (el artículo está aquí, en inglés y con acceso gratuito). Su punto de partida es el movimiento de lenguaje en primera persona, y la preocupación de que las etiquetas aplicadas a individuos pueden promover sesgos, devaluación y actitudes negativas. El destacar a la persona, como se explica en el texto, permite separar la identidad de esta de cualquier diagnóstico, discapacidad o condición crónica que tenga.
El desarrollo de un lenguaje en primera persona está ideológicamente asentado en el principio de la relatividad lingüística (conocida popularmente como la hipótesis Sapir–Whorf), que sostiene que el lenguaje da forma a la percepción del mundo e influencia procesos cognitivos (P. Wolff & Holmes, 2011). Filósofos desde Platón a Kant han argumentado que el lenguaje influencia el pensamiento, y la investigación con individuos aprendiendo un segundo lenguaje muestra que los sesgos atencionales pueden adquirirse a través del uso frecuente de ciertas palabras o estructuras gramaticales (Boroditsky, Schmidt, & Phillips, 2003). En otras palabras, el lenguaje puede destacar ciertos atributos o cualidades de objetos o personas, volviendo más prominentes algunos aspectos del mundo que otros (P. Wolff & Holmes, 2011).
Las personas que tienen una enfermedad mental enfrentan rechazo de otros, y los efectos del estigma pueden llegar a ser más devastadores que la misma enfermedad. Una de las razones, actualmente, es que se tiende a relacionar erróneamente esta condición a actos criminales y de agresión hacia otros
En esta investigación, estudiantes universitarios, adultos en un grupo comunitario y profesionales en consejería recibieron un instrumento que medía,a través de ciertos conceptos, las actitudes hacia personas con enfermedades mentales. En una versión del instrumento se hablaba de “personas con enfermedad mental” y en otra versión, de “enfermos mentales”. 
Quienes respondieron sobre “enfermos mentales”, reportaron actitudes menos tolerantes hacia estas personas. Incluso los profesionales en consejería, que se esperaría que estuvieran más conscientes del sesgo. Sobre este hallazgos, los autores sostuvieron:

El lenguaje en primera persona es una manera de honrar la humanidad de un individuo al separar su identidad de cualquier discapacidad o diagnóstico que pueda tener.

 

Esto no se trata de decir lo correcto para mantener apariencias. El lenguaje que usamos tiene efectos reales en nuestros niveles de tolerancia hacia las personas con enfermedades mentales. Cuando usted dice “personas con enfermedad mental” está haciendo énfasis en que no son sólo definidos por su discapacidad. Cuando dice “enfermo mental”, la discapacidad es la definición entera de la persona.

 

Esto nos ayuda a cambiar nuestra percepción, que en última instancia puede llevarnos a tratar a todas las personas con la dignidad y respeto que se merecen.

Cambiar nuestra manera de hablar en este y otros ámbitos no resolverá todos los problemas, pero darnos cuenta de las palabras que utilizamos es un insumo esencial para enfrentarlos.

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