Una revisión crítica del estudio de Rosenhan sobre los diagnósticos psiquiátricos.

Hace algunos años, abordamos la investigación de David Rosenhan, en la que él y algunos colaboradores se internaron en un hospital psiquiátrico y se hicieron pasar por pacientes. Su objetivo era demostrar las dificultades de la psiquiatría a la hora de distinguir qué era patológico y qué no.

Este año, se publicó un estudio en la revista Teaching of Psychology que presenta una revisión de cómo los textos de psicología anormal cubren el estudio de Ronsenhan. El resumen de este estudio sostiene que:

Solo 50% [de los textos de psicología anormal] cubrían el estudio, y todos lo describían como una demostración de los poderosos sesgos de la etiquetación psiquiátrica. Dos aspectos clave del estudio (los diagnósticos de esquizofrenia y su influencia en la percepción, por parte del personal del hospital, del comportamiento normal de los pseudopacientes como patológico) eran comúnmente discutidos. Sin embargo, aunque el estudio ha sido ampliamente criticado, solo dos textos discutieron cualquier tipo de crítica. Se alienta a profesores y autores de textos a familiarizarse más con la literatura crítica de este estudio, y [en este artículo] se presentan sugerencias para discusiones en clase sobre este estudio.

 

Cobertura de “Estar cuerdo en lugares insanos” de Rosenhan en libros de Texto de Psicología Anormal (en inglés)

David Rosenhan

¿Cuáles son las críticas que se hicieron al estudio de Rosenhan? Sin ahondar en detalles (habrá que comprar el libro mencionado), en esta entrada se señalan algunas de ellas:

Desde una perspectiva metodológica, el estudio era problemático por un número de razones, y las interpretaciones de Rosenhan han sido fuertemente discutidas. En su libro altamente reconocido sobre mitos de la psicología, Scott Lilienfeld y sus co-autores discuten en profundidad el problema del estudio de Rosenhan, como el hecho de que en los años 70 “en remisión” era un diagnóstico para dar de alta que se usaba rara vez, lo que mostraba que el personal de psiquiatría notó que los “pseudo-pacientes” estaban mentalmente estables.

 

En última instancia, Lilienfeld y co-autores discuten si es un mito que “la etiquetación psiquiátrica causa daño al estigmatizar a la gente”, y que la ingenua interpretación del estudio de Rosenhan ha ayudado a propagar este mito. Otros están en desacuerdo con esto, pero al menos es justo decir que el estudio de Rosenhan presentó serios problemas y que no todos los psicólogos están de acuerdo con que las etiquetas psiquiátricas son, en sí mismas, dañinas (considere también investigación que ha encontrado que, mientras los clientes sostienen que es difícil lidiar con las etiquetas psiquiátricas, también pueden ser beneficiosas de alguna manera, en términos de ayudarles a entender sus experiencias y permitirles acceder a tratamientos apropiados).

Hemos discutido antes sobre los peligros de la patologización y etiquetamiento de condiciones psicológicas. Estigmatizar a una persona en función de una condición puede ser, ciertamente, dañino. Pero también nombrar una condición, visibilizarla, puede resultar salvador para alguien. En este sentido, una discusión provechosa sobre beneficios y perjuicios de la “etiquetación psiquátrica” debe considerar quién usa la etiqueta, basándose en qué conocimientos, y, particularmente, para qué la usa.

Ningún estudio en psicología está exento de limitaciones. Actualmente, además de la actual crisis de la replicabilidad en psicología, diversos grupos de investigación están realizando revisiones críticas de estudios paradigmáticos que son canon en los libros de psicología, como el Experimento de Stanford, de Zimbardo (cuyo trabajo hemos abordado en varias ocasiones), ; la Obediencia a la Autoridad, de Milgram (uno de los intentos de réplica lo mencionamos brevemente aquí); y el caso en neurociencias de Phineas Gage, quien sufrió lesiones en su cerebro tras un accidente (según la revisión histórica de su caso, ha sido injustamente retratado en los libros de texto).