Un poco más allá del fútbol

maradona-86

Desde hace un par de semanas los rituales cotidianos de muchas personas alrededor del mundo se han alterado. Un tema de conversación se hace más común de lo usual e invade de una u otra forma ámbitos que tienen poco o nada que ver con él.  El fútbol, ese deporte inventado por los ingleses y que bien podríamos considerar el más popular idioma mundial – seguido con menos popularidad y pasión generalizada por la ciencia –, se hace más presente en la cotidianeidad de todo el mundo durante el paso de poco más de un mes que dura la Copa Mundial de la FIFA, el non plus ultra de los campeonatos de éste deporte, el más popular del mundo.

Pese a su popularidad y su relevancia en el comportamiento de individuos, colectivos y aún, sociedades enteras, el fútbol no ha sido objeto de mucha atención desde las ciencias sociales. Pudiéramos señalar que la atención se ha centrado principalmente desde la psicología en sus aplicaciones para mejorar el rendimiento de los atletas y de los equipos. Los fenómenos alrededor del fútbol únicamente han recibido atención casi exclusivamente cuando tienen relación con la violencia derivada del hooliganismo.

Considero que debe al menos llamar nuestra atención que siendo un fenómeno tan complejo, que reciba tan poca atención de nuestra parte como científicos sociales. Y es que no puede pasarnos desapercibido que el fútbol no es solamente un deporte, ni un fenómeno de masas alienadas, un nuevo “opio de los pueblos”. Y no lo digo como fanático que soy también de ese deporte, si no como científico social.

¿Porqué debería llamarnos la atención el fútbol más allá de ser un deporte masivo? Veamos éstas líneas del periodista Ignacio Ramonet, en un artículo a propósito de la Eurocopa de Austria y Suiza en 2008:

El fútbol es más que un deporte. Como dicen los sociólogos, es un “hecho social total”. Traduce la complejidad de una época. Seduce por sus reglas sencillas. Por su combinación de talentos individuales y de esfuerzo colectivo. Es una metáfora de la condición humana. Con más perdedores que ganadores. Donde no todo es épica. Los más afanosos, como en la vida, no siempre ven sus esfuerzos recompensados. Hay reveses de fortuna, fullerías, injusticias. A menudo también malos tragos y desesperación.

Asimismo, es una alegoría de la guerra (o de la lucha por la vida). Su terminología lo delata: “atacar”, “defender”, “disparar”, “contraatacar”, “resistir”, “fusilar”, “matar, “vencer”, “derrotar”. Ver un partido puede provocar ansiedad, estrés… y hasta infartos.

Es también el deporte político por antonomasia. Se sitúa en la confluencia de cuestiones contemporáneas como la pertenencia, la identidad, la condición social, e incluso -por su carácter victimario y místico- la religión. Con sus graderíos abarrotados, los estadios se prestan a los ceremoniales nacionalistas y a los rituales identitarios o tribales que desembocan a veces en enfrentamientos entre seguidores fanatizados.

Por su parte, el Dr. Andrés Montero Gómez señala en su artículo Psicología del fútbol que

El fútbol es un fenómeno social. Hay personas que el fútbol lo contemplan como 22 jovencitos golpeando la pelota sobre el césped, rodeados de miles de enardecidos seguidores que no tienen nada mejor que hacer. Cualquiera puede entender que ésta es una visión simplista, aunque no tenga la menor idea de balompié. El fútbol congrega a personas ociosas, desde luego, pero a muchísimas ocupadas, a necios pero también a inteligentes, a profesionales empleados y a empresarios empleadores. Últimamente incluso reclama a las mujeres, chicas jóvenes que comparten con los chicos el trayecto de una pasión.
El fútbol comparte con otros deportes de competición en grupo unas determinadas particularidades. Aparte de los ya conocidos rasgos de superación inscritos en el lema olímpico -más alto, más fuerte, más rápido-, el fútbol proporciona algo adicional. Hay una regla casi indiscutible en Psicología: cuando alguien se mantiene mucho tiempo en una conducta es que está obteniendo algún tipo de valor de ella… emocional, racional, identitario, material o de evitación de una pérdida o de un mal. El balompié o el béisbol o el rugby son demasiado atractivos como para reducirlos a golpear pelotas o balones con las extremidades. Intentando hacer una síntesis, el fútbol es una ecuación social que combina valores, emociones, símbolos y sentido de pertenencia. Ni siquiera un partido político puede presumir de semejante cóctel, aunque bien es cierto que la política introduce otros ingredientes que no tiene el fútbol en el aficionado, como los intereses y el poder.

Como vemos en los apuntes anteriores, el fútbol es un fenómeno social complejo.  Me atrevería a indicar que es aún más complejo en sociedades como la nuestra. Y es que en nuestra sociedad la ya compleja mezcla de factores psicosociales que implica dicho deporte se mezcla peligrosamente con factores como la violencia que permea todas las relaciones sociales, el machismo imperante en la sociedad (y sumamente subrayado en el discurso público de los futbolistas y dirigentes de equipos: “jugamos como hombrecitos” “ganamos porque le pusimos más huevos”, etc) Y la configuración de la identidad salvadoreña alrededor de la idea de ser “el más vivo”  o lo que es igual, el que se sale con la suya a pesar de los controles sociales existentes.

Llamo la atención sobre esto ya que desde hace algún tiempo en nuestro país viene utilizándose al fútbol como herramienta en la prevención de la violencia y en la estimulación de valores de convivencia. En muchas alcaldías y desde otras organizaciones se promueven torneos de fútbol como herramienta privilegiada en sus estrategias de prevención de la violencia, y en algunos casos es la única estrategia utilizada. En un artículo publicado en la Revista Digital Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México (1)  recogen los siguientes beneficios de la práctica del fútbol:

NORMAS QUE INTROYECTA LA PRÁCTICA DEL DEPORTE Desarrollo positivo de la personalidad e higiene.
Régimen de vida equilibrado y saludable.
Crecimiento físico armónico.
VALORES SOCIALES Promueve la observancia de reglas y normas.
Favorece la interacción social.
Dominio de sí mismo.
Genera solidaridad e interés por los otros.
Respeto al adversario.
“Fair play” o deportividad.
Respeto a los demás.
Genera el apoyo con y para los otros.
BENEFICIOS PSICOLÓGICOS Alivia la tensión.
Mejora los cuadros depresivos.
Genera mejores estados de ánimo.
Canaliza la agresividad del individuo.

Como vemos, más allá de la premisa de “Mente sana en cuerpo sano”, la práctica del fútbol conlleva además otros beneficios psicosociales que pueden ser útiles en la promoción de comportamientos positivos. Sin embargo hay que advertir la necesidad de poner en contexto los potenciales beneficios.

Al ser el fútbol un fenómeno social se ve marcado por el contexto donde se desarrolla. Las características de la sociedad nuestra se ven reflejadas en el fútbol que se practica y en la forma en cómo se “vive” el mismo. De ahí que sea importante tener en cuenta la necesidad de profundizar el conocimiento alrededor del mismo fenómeno para poder utilizarlo adecuadamente como herramienta de prevención. A mi juicio, el riesgo latente es que no se obtengan todos los beneficios posibles o, aún peor, se estimulen más las facetas negativas derivadas de la afición al fútbol. Valga recordar aquella frase recordada por los aficionados a otro deporte apasionante (y considerado por muchos como el abuelo del fútbol), el rugby, al comparar su deporte con el fútbol : “El rugby es un deporte de animales practicado por caballeros. El fútbol, un deporte de caballeros practicado por animales”.

(1) Heredia, M. (2005). La psicología deportiva y el fútbol.Revista Digital Universitaria, 6(6), Disponible en línea: http://www.revista.unam.mx/vol.6/num6/art62/int62.htm

Escribe tu comentario