Transmisión del trauma psicosocial de una generación a otra.

Se conoce como trastorno de estrés postraumático al conjunto de síntomas y experiencias que siguen a la vivencia (o supervivencia) de un evento traumático, de algo que causa una ruptura objetiva y subjetiva en la vida habitual de una persona. Sin embargo, Ignacio Martín-Baró señaló que este diagnóstico se quedaba corto para las sociedades latinoamericanas, donde estas rupturas trascendían al individuo.

La perspectiva psicosocial del trauma afirma que el origen y las consecuencias de éste se encuentran en las relaciones sociales, no únicamente en la víctima. Las “rupturas” en América Latina ocurrían en forma de guerras civiles, dictaduras, represión, y los desplazamientos forzados, torturas, desapariciones, asesinatos, y otras disrupciones de la vida cotidiana (miedo, desconfianza del otro) que estos fenómenos conllevan. Actualmente, aun si guerras civiles ni dictaduras, muchas de estas condiciones se mantienen.

En la nota Daño Transgeneracional: El dolor de los nietos de víctimas de la dictadura, se reporta un estudio realizado recientemente en Chile, con nietos de víctimas que sufrieron tortura durante la dictadura de Augusto Pinochet, entre 1973 y 1990. El artículo científico sobre el mismo estudio (Fáundez y colaboradores, 2013) señala:

Frente a la complejidad de las consecuencias de la tortura, se hace evidente la insuficiencia de las categorías diagnósticas de síndromes psiquiátricos relativos al trauma para dar cuenta de la problemática de las víctimas de violencia política. Esto llevó a teóricos y profesionales del área psicosocial a reemplazar las categorías clínicas por nuevos conceptos que integraran el contexto social generador del trauma.

Entre las propuestas desarrolladas, destaca el concepto de trauma psicosocial propuesto por Martín-Baró (1989), el cual genera un marco conceptual adecuado para abordar los problemas psicológicos y sociales que se derivan de determinados contextos socio-históricos. Martín-Baró (1989) propone tres aspectos definitorios del trauma psicosocial: su carácter dialéctico, la necesidad de identificar las causas sociales que lo sustentan y el hecho de que la presencia de eventos traumáticos siempre afecta las relaciones sociales y su mantenimiento a través del tiempo.

El autor enfatiza el origen social del trauma y la mantención de este por diversas mediaciones institucionales, grupales e individuales que se construyen y afectan dialécticamente. Desde esta perspectiva, se entiende la situación de tortura como una relación traumatizante entre el Estado y las personas que fueron sometidas a esta práctica producto de su filiación política. Si bien los efectos físicos y psicológicos se manifiestan principalmente en el sujeto sometido, es la sociedad en su conjunto la que resulta impactada, especialmente si se considera la tortura como estrategia de control político para regular el orden social por medio de la impronta de amenaza y miedo.

La idea de transmisión, como sostienen los autores de esta investigación, no implica que contenidos mentales se “transmiten” como se haría con bienes materiales. Más bien, se refiere a que la vida psíquica de todo recién llegado al mundo se construye en interrelación con la vida psíquica de quienes lo habitan con anterioridad, y es así como esta se verá marcada por la de sus padres, sus ascendientes y coetáneos. Todo ser humano se sitúa en un contexto histórico.

[Faúndez sostiene que] “La transmisión del trauma de la tortura tiene que ver con la experiencia subjetiva, es decir, lo que se siente, lo que se piensa, el terror, el miedo, lo que pasa con la experiencia humana al estar en esa posición y eso es lo no narrable. Un nieto conoce el relato de su abuelo o abuela y desde el dolor se pregunta qué habrá deseado su abuelo, acaso se habrá arrepentido de lo que era, habrá mantenido sus convicciones”.

En este sentido los nietos [entrevistados] dicen que no ha habido un reconocimiento social suficiente que les permita salir de esta situación encapsulada, pues las familias experimentan y responden aún con la “privatización del daño”.

La experta señala que el trauma se manifiesta en los nietos a través de la construcción del relato en tres momentos. “Ellos parten contando la situación en tercera persona, en una segunda etapa del relato se introduce la opinión, y finalmente, relatan como protagonistas apropiados de la historia y el terror” describió Faúndez.

Pese a que el relato específico de la tortura es un núcleo traumático muy complejo de poner en palabras, la investigadora aclara que los nietos sí transmiten el terror impuesto por los agentes del Estado a sus abuelos, como si lo hubiesen padecido ellos.

“Los que uno podría interpretar es una historia dolorosa y traumática, que muchas veces no ha encontrado palabras. Uno encuentra en el relato de los nietos una descripción muy específica que es casi como una imagen con el color, el ambiente, y otros detalles del lugar y del momento cuando el abuelo es detenido; y eso es una reconstrucción y apropiación”, la experta.

Daño Transgeneracional: El dolor de los nietos de víctimas de la dictadura

Aportando al aspecto psicosocial, hay investigaciones que sugieren que las memorias pueden ser transmitidas genéticamente. En uno de estos estudios, ratones fueron condicionados para que temieran un olor específico. Cuando estos ratones tuvieron crías, éstas mostraron el mismo temor, aunque nunca fueron expuestas al olor. Lo mismo ocurrió con los nietos de los ratones condicionados:

Esta es una idea altamente controversial y muchos científicos se muestran escépticos de que estos resultados puedan ser ciertos. Pero, si se aplicara a humanos, podría explicar cómo condiciones como fobias, alcoholismo o ansiedad podría afectar generaciones siguientes.

“Memorias” atemorizantes se pasan entre generaciones a través del código genético

El proceso, conocido como “epigenética” no significa que los genes mismos sean modificados por, digamos, eventos estresantes; más bien, hay cambios en la manera en que esos genes se empacan y expresan.

Cómo las memorias pueden ser genéticamente transmitidas a través de generaciones

Un segundo estudio aporta más evidencia a esta teoría, a partir de una modificación de una proteína en generaciones de gusanos, aunque este mecanismo de transmisión sigue sin poder explicarse. Uno de los autores sostiene que en estudios que documentan la herencia epigenética de padre a hijo no está claro qué es lo que se transmite, y comprenderlo a nivel molecular es complicado. En este estudio se tiene un ejemplo de memoria epigenética comprobable bajo el microscopio. Pero, como casi todos los estudios, el aporte es sólo una pieza de un enorme rompecabezas.

Genética aparte, lo que es seguro es que el trastorno de estrés postraumático y el trauma psicosocial provienen de las relaciones sociales. Cualquier evento que ponga en peligro el bienestar y la integridad de la persona puede causarlo, dadas ciertas condiciones personales y del entorno (es importante destacar que dos personas pueden enfrentarse a un mismo evento que se consideraría traumático y responder de maneras distintas). Y en ese sentido, las relaciones sociales son también las que permiten la reparación, la recuperación, no sólo de la persona que fue víctima sino del tejido social a su alrededor, que se altera con el sufrimiento de uno de sus miembros.

Walter Roblero, encargado del archivo oral del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, y uno de los fundadores de la Red de Historia Oral y Archivos Orales, coincide con Faúndez. Sostiene que romper el silencio a través del registro del relato y su divulgación puede contribuir en la reparación.

[…] “Precisamente, nosotros los testimonios y las fuentes orales los trabajamos con un eje central que tiene que ver con los traumas provocados durante la dictadura. En este sentido a mí me gustaría pensar que este patrimonio testimonial va a servir para la reparación transgeneracional, pues el hecho de que se conozca públicamente genera un reconocimiento social, aunque no puedo asegurar cómo esto opera a nivel psicológico de las personas afectadas”, comentó Roblero.

Daño Transgeneracional: El dolor de los nietos de víctimas de la dictadura

Lo que inicialmente es una experiencia innombrable, privada, que incluso causa vergüenza, eventualmente debe ponerse en palabras en voz alta, para explicarla, para darle sentido, para tener cierto grado de control sobre ella. Esto es cierto para víctimas de toda clase de eventos traumáticos, aunque no todos los eventos tienen el mismo significado. Víctimas de accidentes o eventos socionaturales tienden a ser percibidas como impotentes ante esa clase de fenómenos. En cambio, a las víctimas de tortura, de violación, de violencia intrafamiliar (donde también puede haber una transmisión de patrones relacionales), se les tiende a juzgar y culpabilizar por haber actuado de manera que “se expusieron” a esa situación. Esto, como hemos visto en otras ocasiones, es conveniente para invisibilizar a quien en última instancia causó el daño.

Pocas veces los discursos públicos reconocen el daño causado al tejido social, en buena medida porque ello requiere enjuiciar a perpetradores en posiciones de poder. En El Salvador, el trauma psicosocial se perpetúa gracias a dispositivos como la Ley de Amnistía, aunque esfuerzos como Pro-Búsqueda y el Museo de la Palabra y la Imagen, entre muchos otros, intentan sanar parte del daño. La preservación de la memoria histórica, el cuestionamiento del discurso oficial (de quienes estaban al poder en los tiempos de conflicto y lo están post-conflicto),y romper el silencio alrededor de los eventos traumáticos es imprescindible para la recuperación (para más sobre esto último, recomendamos el libro Trauma y recuperación).

El trauma psicosocial no afecta sólo a la generación que lo vive, sino que se manifiesta por varias generaciones “sobre todo cuando las sociedades no han sido capaces de enfrentar con justicia, verdad y reconocimiento, el terror impuesto por un Estado”, enfatizó [Faúndez].

Daño Transgeneracional: El dolor de los nietos de víctimas de la dictadura

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