Trastornos de la conducta alimentaria en hombres.

Los trastornos de la conducta alimentaria habitualmente se consideran un tema “femenino”. El abordaje de estos trastornos, desde la medicina, psicología y nutrición, tiende a hacerse en poblaciones de niñas y mujeres La atención a estas poblaciones es justificada (los trastornos de la alimentación ocurren en un contexto socio-cultural específico) pero, como suele ocurrir al omitir la perspectiva de género, el centrarse en un grupo puede llevar a invisibilizar a otros grupos que se encuentran en una situación similar.

Los trastornos de la conducta alimentaria entre los hombres resultan ser un tema particularmente espinoso. A muchos hombres con esta clase de trastornos no se les reconoce que lo sufren, lo que redunda en falta de tratamiento, o en un tratamiento inadecuado, como se explica en una nota de BBC Mundo acerca de un joven con anorexia.

Investigaciones en esta área señalan que los mismos pacientes experimentan problemas para reconocer que tienen un trastorno alimenticio, como resultado de la idea socialmente compartida (incluso en profesionales de medicina y salud) de que estos ocurren predominantemente o sólo en mujeres:

Uno de los hombres que participó en el estudio dijo que pensaba que estas afecciones sólo le pasaban a “frágiles niñas adolescentes”. Otro comentó que pensaba que estos trastornos eran “algo que tenían las niñas”. Mientras que a uno su doctor le dijo que “fuera un hombre”.

 

El tabú de la anorexia y la bulimia en hombres

En la literatura especializada, suele reportarse que una de cada 10 personas diagnosticadas con anorexia nervosa es del género masculino:

Que la sociedad ve los comportamientos de hombres y mujeres de modo diferente es un hecho, pero esto es particularmente cierto para los trastornos alimentarios. “Una mujer come una pizza grande y sale a correr por varios kilómetros. La gente se da cuenta”, dice el Dr. Mark Warren, director de medicina del Centro de Cleveland para Trastornos Alimentarios. Cuando un hombre hace lo mismo, sostiene, la gente presta menos atención. “El mismo trastorno evoca distintas imágenes para hombres que para mujeres”.

 

Las vidas invisibles de hombres con anorexia (en inglés)

 

Los hombres con anorexia nerviosa y otros trastornos de la conducta alimentaria desarrollan muchos de los síntomas que desarrollan las mujeres: dieta excesiva, imagen corporal distorsionada, y ejercicio compulsivo. Pero también hay aspectos diferenciales (como se señala en algunos de los estudios hechos en Latinoamérica que mencionamos más abajo). Por ejemplo, la preocupación en el tamaño de ciertas partes del cuerpo puede variar. La presión llega a ser distinta en cuanto al “cuerpo ideal” para los hombres, pues esta imagen ideal requiere que, a la vez que deben ser delgados, deben tener masa muscular.

Pero, como ocurre con las mujeres, el desarrollo de un trastorno alimentario no tiene que ver únicamente con “verse bien”. Temas de control, presiones de toda clase, perfeccionismo y expectativas -propias y de terceros- juegan un rol esencial en el desarrollo de esta clase de trastornos:

“No era una cuestión de vanidad”, dice. Nathan se casó con su novia, tuvo tres hijos con ella, y continuó estudiando mientras buscaba trabajo. Mientras aumentaban las presiones en su vida, su dieta se volvió más y más restrictiva. En ese tiempo, él cuenta que pensaba “no puedo controlar cómo me irá en mi disertación. No puedo controlar que mis hijos estén llorando, pero puedo controlar lo que como”.

 

Las vidas invisibles de hombres con anorexia (en inglés)

En este sentido, el impacto de estos trastornos en hombres y mujeres es similar. Hombres y mujeres con trastornos de la conducta alimentaria pueden desarrollar problemas del corazón, digestivos, o neurológicos; pueden tener cambios en la composición de su sangre y problemas para tragar, que lleva a cierto tipo de neumonía. El deseo sexual puede disminuir, y en los hombres bajan los niveles de testosterona y pueden sufrir disfunción eréctil. Si los y las pacientes no mueren de hambre, durante el proceso de re-introducción de alimentos, de problemas cardiacos o por suicidio (la anorexia puede ocurrir con otros trastornos, como la depresión), corren el riesgo de vivir con osteoporosis, y con déficits cognitivos a largo plazo.

En América Latina, el psicólogo José Toro-Alfonso se centró en estudiar los trastornos de la conducta alimentaria en hombres. Algunas de sus investigaciones giran en torno a la relación entre el cuerpo y la masculinidad; la masculinidad, imagen corporal y trastornos alimentarios de atletas varones universitarios; y una serie de indicadores de trastornos alimentarios en hombres gay de diez países de América Latina.

Otro estudio al respecto se realizó en Chile, sobre restricción alimentaria en estudiantes universitarios hombres, y cómo esta restricción se relaciona con la auto-discrepancia (la distancia entre las expectativas y la realidad sobre sí mismos y aspectos de su vida) y el bienestar. El hallazgo principal en esta investigación fue que los estudiantes podían preocuparse solo por su peso, solo por su dieta, o por ambas simultáneamente; los jóvenes que presentaban cualquiera de estas preocupaciones tenían mayor auto-discrepancia, y un mayor índice de masa corporal. Los que no tenían esta preocupación tendían a poseer un índice de masa corporal dentro de los rangos considerados “saludables”. Esto último es un hallazgi frecuente en las investigaciones, en hombres y mujeres, sobre preocupaciones por el peso y la dieta (factores de riesgo para desarrollar trastornos alimentarios).

Su primer día en el Centro [para trastornos alimentarios], Nathan se sintió aliviado de encontrar apoyo externo. Por mucho tiempo, había intentado resolver el problema por su cuenta. “Era muy duro conmigo mismo, y estaba avergonzado y humillado por mi situación, por el hecho de que no era lo suficientemente fuerte para superarlo.”

 

Las vidas invisibles de hombres con anorexia (en inglés)

Contrario a lo que se cree, los trastornos de la conducta alimentaria pueden afectar tanto a hombres como a mujeres. Las condiciones que dan pie al desarrollo de estos trastornos, así como sus consecuencias, son en, buena medida, similares para cualquier paciente. Pero esta igualdad de condiciones va de la mano con la necesidad de adecuar la atención, reconociendo los factores  individuales y socio-culturales que enfrenta cada individuo en función de su género. Tanto los profesionales de salud, como la sociedad en su conjunto, tienen la tarea de superar el tabú y el estigma en torno a los trastornos alimentarios, para que mas personas, de cualquier género, puedan acceder a la atención que necesitan.

Escribe tu comentario