Tragedia y problema.

“Los pacientes acuden a nosotros con una queja. La queja nos remite, casi siempre, a algo que el paciente vive como una desgracia. Una desgracia no es necesariamente un problema. Lo que define a un problema como tal es el hecho de ser susceptible de una solución (lo que no es una característica de las desgracias)…Haber perdido un cónyuge es una desgracia. Sentir que ser capaz de experimentar afecto por otra persona sería traicionar al muerto, es un problema”.

Alberto Fernández y Beatriz Rodríguez. La práctica de la psicoterapia (2001). P. 118.