Tortura y shock.

Las ciencias que estudian la mente y el comportamiento humanos no siempre se aplican de modo ético y responsable. Los conocimientos de este tipo no rara vez están al servicio de agendas privadas, que justifican el abuso de poder a toda costa. El caso más extremo es la tortura, una práctica que, en pocas palabras, implica anular a una persona. Aún cuando el daño sea físico, con la excusa de “obtener información”, la intención última es destruir la autonomía personal y el valor fundamental como ser humano.

En Psicólogos, Guantánamo y La Tortura, Stephen Soldz comenta la dirección que la profesión de psicología tomó para que se le reconociera su carácter científico:

… representantes de la psicología organizada tratan por todos los medios de demostrar el valor de la ‘ciencia de la psicología’ a los poderosos en la industria y en el gobierno, incluyendo a los militares y a los dirigentes de la seguridad nacional. Además, se ha puesto énfasis en el valor de la psicología para los dirigentes de la educación, así como su valor en las relaciones industriales y en la mercadotecnia. La Segunda Guerra Mundial presentó muchas oportunidades para que la psicología demostrara su valor en el esfuerzo bélico incluyendo la selección de soldados, el desarrollo de técnicas de propaganda para motivar al frente interno y para debilitar la moral del enemigo, el uso de factores humanos en el diseño de mejoras de aviones, y el tratamiento de víctimas psicológicas de la guerra.

Aún más, la psicología, junto con la psiquiatría, se ha utilizado para desarrollar métodos de tortura que quebranten la personalidad de quien se considera enemigo. La tortura es una práctica común, e incluso valorada desde determinados puntos de vista. Soldtz apunta uno de los casos más recientes, la Guerra Contra El Terrorismo y la base de Guantánamo, situación que surgió tras los atentados del 11 de septiembre de 2001:

Incorporaron a varios “científicos de la conducta” de la psicología y de la psiquiatría para que ayudaran a desarrollar esta institución total dedicada a la destrucción completa de la personalidad. En 2005 se reveló en el New England Journal of Medicine (NEJM) y en el New York Times que profesionales de la salud mental estaban sirviendo de consultores en Equipos de Asesoría en la Ciencia de la Conducta [BSCT, por sus siglas en inglés] (a los que se refieren coloquialmente como equipos “galleta”) en Guantánamo, a fin de asesorar a los interrogadores. Asesoran en todos los aspectos de los interrogatorios. Como Jane Mayer de New Yorker declaró a Democracy Now!, un psiquiatra determinó que a un recluso en particular se le permitirían siete trozos de papel higiénico por día, mientras que a otro recluso que temía a la oscuridad se le mantuvo deliberadamente en una oscuridad casi total. Otro consultor en ciencia de la conducta, el psicólogo James Mitchell, recomendó que los interrogadores trataran a un detenido de una manera que produjera una forma de indefensión conocida como “indefensión aprendida.”·

La Asociación Estadounidense de Psiquiatría se pronunció en contra de que profesionales de esta ciencia participaran en los interrogatorios. La Asociación Estadounidense de Psicología (APA) guardó silencio, y cuando se pronunció, de forma débil y ambigua, consideró ético que psicólogos participaran en interrogatorios a favor de la seguridad nacional.

En el libro Mindfield (traducido al español como las torturas mentales de la CIA) encontramos un ejemplo de la aplicación de la tortura en el campo médico, con fines políticos; los hallazgos realizados en “hospitales” eran puestos a prueba en el campo de guerra.

mindfield

… Gordon Thomas … ha realizado una cruda denuncia del uso de la psiquiatría en el espionaje y, en concreto, del papel de los expertos de la CIA que en épocas recientes se vieron envueltos en un programa de investigación en el área de la tortura psicológica a través de la aplicación de métodos tan terribles como el lavado de cerebro, las lobotomías, los electroshocks, el control mental, al aislamiento y otros tormentos inhumanos y degradantes. Las torturas mentales de la CIA nos da a conocer de primera mano un testimonio escalofriante a través de uno de sus protagonistas reales, reputados psiquiatras inmersos en el programa más siniestro jamás creado por un gobierno, sus víctimas y los agentes que lo hicieron posible. Ésta es también la increíble historia real de William Buckley, un agente de esta organización especialmente preparado para coordinar dichos experimentos psíquicos, y de cómo fue asesinado mediante la aplicación de tales métodos. … Se vierten las duras acusaciones del autor a la CIA por el empleo de prostitutas y enfermos mentales en las investigaciones, y por el asesinato de una serie de personas después de haberlas utilizado como conejillos de Indias, al tiempo que se relatan los experimentos de la CIA con prisioneros del Vietcong en Vietnam y se revela cómo este tipo de pruebas se llevan a cabo todavía en lugares secretos de Israel y China. Las técnicas desarrolladas por la CIA en proyectos como el MK-Ultra son hoy utilizadas por servicios de inteligencia, policías, mass-media y grupos terroristas de todo el mundo.
[comentario en la contraportada del libro]

Un accionar tan nocivo no impacta únicamente a nivel individual. Incluso, algunos principios que rigen esta invasión al psiquismo humano se encuentran a nivel macro, en la sociedad, la política y la economía. En esta línea se encuentra el libro de Naomi Klein, La Doctrina del Shock. Como se aprecia en este video, se retoma la idea del electroshock como un método, invasivo y eficaz, para incidir en una persona; es aprovechar el choque para “desarmar” a las personas, mientras están aturdidas.

Bueno, la doctrina del choque, como todas las doctrinas, es una filosofía de poder. Es una filosofía sobre cómo lograr sus propios objetivos políticos y económicos. Y es una filosofía que sostiene que la mejor manera, la mejor oportunidad, para imponer ideas radicales de libre-mercado es en el período subsiguiente después de un gran choque. Ahora bien, ese choque podría ser una catástrofe económica. Podría ser un desastre natural. Podría ser un ataque terrorista. Podría ser una guerra. Pero la idea, como acabáis de ver en la película, es que esas crisis, esos desastres, esos choques ablandan a sociedades enteras. Las dislocan. La gente se desorienta. Y se abre una ventana, exactamente como la ventana en la cámara de interrogatorio. Y en esa ventana, se puede introducir lo que los economistas llaman la “terapia de choque económico.”
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Como sostiene Soldtz, “la participación de psicólogos en Guantánamo no es simplemente un problema profesional. Es un importante desafío moral para el concepto mismo de utilizar el conocimiento para el bien y no para el mal”. Al inicio de la carrera, se nos explica que el objetivo de la psicología es “describir, entender, predecir y controlar” el comportamiento. Ignació Martín-Baró fue más allá: el objetivo es develar y cuestionar, para encontrar nuevas opciones de acción, más humanas y liberadoras. Pero Martín-Baró también subrayaba que la psicología, antes de liberar a la gente, debía liberarse a sí misma.