Sexismo ambivalente.

El sexismo como una actitud prejuiciosa hacia las personas, basada en la pertenencia de éstas a un determinado sexo biológico. En función de esta pertenencia, se asumen diferentes características, conductas, roles y actitudes, que conforman el concepto de femenino o masculino. Aún cuando en general cualquier persona puede ser víctima de sexismo, las mujeres lo sufren de un modo más cotidiano y “naturalizado”.

El sexismo ambivalente se caracteriza por la presencia de dos cargas, negativa y positiva: el sexismo hostil y el sexismo benevolente. Ambas ideologías están arraigadas tanto en hombres como mujeres. El sexismo hostil es una ideología tradicional en la que el sexo femenino es subordinado y menospreciado, mientras el sexo opuesto es el que controla y domina; hay antipatía o rechazo por las mujeres [“el sexo débil”]. Por otro lado, el sexismo benevolente se caracteriza por resaltar el lado positivo de las mujeres; rescata aquellos aspectos “positivos” de la mujer [“el sexo bello”], pero que siempre caen en la categoría de sexistas, puesto que, a pesar del giro paternalista [p.e. “la niña”], continúan basándose en prejuicios*.

El sexismo cuenta con formas sutiles y encubiertas de expresión, que pasan desapercibidas y se sumergen en explicaciones y justificaciones que buscan, en el fondo, perpetuar un tratamiento desigual.

Revista Campus, La Prensa Gráfica; 2a publicación, 09/2007.

* Páez D., et al (2003). Relaciones entre grupos, estereotipos y prejuicio. En D. Páez, I. Fernández, S. Ubillos, y E. Zubieta. Psicología Social, Cultura y Educación. Madrid: Prentice Hall.