Reinterpretación de estudios clásicos: el estudio de Milgram sobre la obediencia.

Mucha gente, sin estudiar psicología, está familiarizada con el experimento de Stanley Milgram sobre obediencia: en un contexto experimental supuestamente sobre aprendizaje, el experimentador solicita a participantes, “maestros”, dar choques eléctricos dolorosos a otros participantes, los “aprendices” al fallar una lección. Los segundos, en realidad, son cómplices que fingen recibir los choques, pero eso no lo saben los primeros.

La base para estos experimentos fue el deseo de Milgram de entender la persecución por parte de los nazis de la comunidad judía durante el Holocausto.
Este experimento suele tomarse como muestra de la “maldad humana”, pues lo que se destacó en su momento fue la cantidad de personas que siguieron las órdenes del experimentador y aplicaron los choques:

Los participantes son categorizados como obedientes o resistentes, y el resultado principal se toma como el sorprendente número de personas -la mayoría- que obedeció cumpliendo todas las órdenes y administró el voltaje más alto y letal.

Un nuevo estudio toma una aproximación diferente al observar los distintos actos de resistencia mostrados por los participantes de Milgram, sin importar que hubiesen completado el experimento. Esta no es la primera vez que los investigadores han explorando la resistencia en el paradigma de Milgram (véase, por ejemplo, este estudio del 2011, y la reinterpretación de los hallazgos realizada el año pasado), pero es el análisis más completo de la resistencia, revelado a través del diálogo en los estudios originales de Milgram.

Las seis formas de resistencia mostradas por los participantes en los notorios “experimentos sobre obediencia” de Milgram (en inglés)

El equipo investigador, guiado por M. Hollander, encontró tres formas implícitas de resistencia: silencio y titubeos después de recibir la orden; maldecir, muchas veces en respuesta al llanto del “aprendiz”; y reírse (la risa solía interpretarse como sadismo, pero Hollander la considera intento de lidiar con una situación difícil). También se encontró tres formas explícitas de resistencia: dirigirse al “aprendiz”, preguntándole si continúan; dirigirse al experimentador sobre si es necesario continuar, o señalando que el aprendiz está sufriendo; y finalmente, dejar de intentarlo, cuando el participante declara que no quiere continuar.

Recordando la distinción entre investigación básica y aplicada, el artículo que enlazamos arriba finaliza:

Al mejorar nuestra comprensión de las dinámicas interpersonales de la autoridad y la resistencia a la autoridad, esta investigación “puede salvar vidas y empoderar víctimas potenciales”.

En un primer momento, a nivel personal, el conocer estos estudios permite cuestionar nuestros propios comportamientos (“¿Esto es algo que yo haría por iniciativa propia?”) cuando se responde a una autoridad, y la legitimidad de ésta.

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