Qué y para qué es la crítica (desde la psicología social latinoamericana).

Que es importante ser críticos. Que la crítica debe ser constructiva. Que el comportamiento relativo a “criticar” suele tener una connotación negativa. ¿Qué es lo crítico? Mucho se dice sobre esa palabra, como algo bueno o como algo malo.

En psicología, el cambio de rumbo hacia “lo crítico” ocurrió con particular fuerza con la llamada crisis de la psicología social, en la década de 1970, que cuestionaba el quehacer de la disciplina hasta entonces. Este cuestionamiento ocurrió también desde América Latina, con lo que surgieron nuevas maneras de hacer psicología, situadas en el contexto particular para dar respuesta a necesidades que en él surgen.

En esta línea, Montero (2004) analiza la condición de lo crítico, a propósito de una discusión de la psicología latinoamericana pero trascendiendo ésta. Si bien puede resultar un análisis sencillo, deja en claro el ideal de esta condición y la importancia de mantenerla presente en la vida cotidiana -personal, social y política- como parte del interminable proceso de aprender a pensar (las negritas son nuestras):

1. Crítica es un sustantivo que se origina del término crisis, el cual proviene del griego krisis/eos, que significa la acción o facultad de elegir, distinguiendo y para ello separando unas cosas de otras. Esto indica que desde su origen está presente la disyuntiva en la elección de cuál camino u objeto tomar; lo cual muestra que hay crítica cuando se reconoce que las cosas no son de una sola manera sino que pueden tener varias facetas o posibilidades. Es decir, cuando se parte del carácter complejo de los hechos.

2. En psicología la crítica significa someter a análisis las teorías, conceptos y perspectivas aceptadas como explicaciones últimas de los fenómenos psicológicos, develando sus contradicciones, sus lagunas, sus incoherencias y debilidades, así como también sus fortalezas. Y logra su objeto al mostrar los agujeros en la trama teórica o metodológica, la ausencia de fundamentos y la condición argumentativa que puede estar sosteniendo una posición (Lira, 2002). Y al hacerlo genera lo que ha sido llamado un “clima de perturbación” (Stainton Rogers & Stainton Rogers, 1997) que expone al objeto criticado. Razón esta que altera o molesta.

3. Lo cual a su vez revela otra condición de la crítica: reconocer y someter a juicio las formas más o menos obvias, más o menos sutiles, en las cuales se ejercen relaciones de poder que suelen excluir explicaciones alternativas o posiciones divergentes. O bien los modos en que teorías y prácticas mantienen un statu-quo injusto (Lira, 2002; Prilleltensky & Fox, 1997). Y al hacer esto la crítica debe ser también “crítica de sí misma” (Montero & Fernández Christlieb, 2003). Es decir, debe señalar de dónde parte y por qué lo hace así; mostrar sus sesgos y tendencias en lugar de presentar el aspecto defendido como si fuese el único o fuese la norma a seguir.

4. El carácter inevitable de la crítica. Siempre habrá crítica a pesar de lo mal que muchas veces pueda ser recibida. Eso le confiere el carácter de “fatalidad de la vida cotidiana” (Montero & Fernández Christlieb, 2004), condición que la une a la ciencia, donde como bien nos lo enseñaron en las aulas universitarias y lo muestra su historia, no existe el principio de autoridad. Las “verdades” de la ciencia lo son sólo hasta prueba en contrario. Y eso es la crítica: la prueba de que las cosas pueden ser de otra manera, que pueden ser de forma distinta a la reconocida o establecida. La crítica entonces es el haz de luz que enfoca lo que está a oscuras; la compuerta que se abre o se cierra; la señal que indica calle ciega o vía libre y tiene la fatalidad de lo molesto e inevitable que transforma el mundo y lo hace diferente.

5. Lo crítico es cambiante. El mundo que cambió deviene natural y habitual y será de nuevo objeto de crítica. La crítica entonces no tiene contenido ni forma predeterminados. Es inesperada y aunque se la intente reprimir, como el agua, encontrará siempre una vía para fluir y pasar.

6. La crítica no es en sí ni buena ni mala. Es necesaria para cambiar las cosas. Al igual que las teorías, los métodos y el conocimiento en general, puede ser usada con los más variados designios, pero siempre mostrará las debilidades y fortalezas de lo criticado y de quien critica.

7. El movimiento crítico expresa la tesis monista de que el conocimiento no es un reflejo objetivo de la realidad sino que está marcado por las condiciones históricas de su producción, de las cuales forma parte.

 

En definitiva, la crítica subvierte el modo de ver las cosas; desencaja los mecanismos de poder que sostienen posiciones establecidas y abre nuevas perspectivas al conocimiento. Ella es parte de la complejidad del mundo, usualmente tan difícil de aceptar. Y en tal sentido la crítica es liberadora. Libera de formas y modos establecidos como los únicos que permiten comprender el mundo, explicar nuestro entorno y que mantienen ciertas jerarquías y relaciones basadas en la desigualdad y en la sumisión. Por esa razón coincido con la advertencia que hace Spears (1997), respecto de no ver la crítica como algo unido a las escuelas o a movimientos de denuncia tales como el de las limitaciones del positivismo o del construccionismo social; o la defensa de la democracia y condena de la opresión; o el cualitativismo. No porque ellos no hayan sido críticos (y mucho), sino por la sencilla razón de que la crítica no pertenece a un continente sustantivo determinado, sino que puede estar en todas partes y porque sería cuando menos ingenuo creer que porque tales movimientos irrumpieron críticamente en las ciencias, cualquier manifestación que se declare construccionista, o antipositivista, o cualitativista, o democrática, es crítica per se. Allí se acabaría la crítica y empezaría la dominación sin fundamento.

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