¿Qué piensa la gente sobre la explotación sexual comercial de menores? (I)

Recientemente se capturó una red de trata que operaba en centros comerciales de San Salvador, la cual traficaba con menores de edad y las vendía a empresarios y presentadores de televisión (ver De impunidad, prostitución infantil y el sistema de justicia salvadoreño).

Rápidamente la opinión pública se inclinó por culpar a las niñas y jóvenes víctimas de esta red:

…las verdaderas víctimas de ese linchamiento público siguen siendo las chicas que formaban parte del “portafolio” de la red de trata. La publicación de los perfiles de Facebook de uno de los presuntos cabecillas de la banda aumentó el morbo: en esa red social esta persona tenía álbumes fotográficos con las muchachas que ofrecía.

En los comentarios de las notas publicadas en web sobre este caso se multiplicaban frases como “estas no tienen nada de niñas”, “se meten en eso porque les gusta el pisto fácil”, o “¿dónde están los tatas que no las pusieron quietas?”, entre otras, que trasladan la culpa a las víctimas de trata y minimizan la responsabilidad de los clientes.

Circularon también nombres de empresarios y presentadores de televisión que supuestamente están involucrados en calidad de “clientes”, con el silencio absoluto de éstos y de las empresas y canales de televisión en los que laboran. El caso se ha ido minimizando, tal y como se esperaría en El Salvador, lo que resulta cuando menos sospechoso. A veces estar a la luz pública resulta el mejor escondite.

¿Qué hace que una persona cometa el delito de tener relaciones sexuales con menores de edad? ¿Qué hace que otras personas justifiquen este delito? En el 2004, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó una investigación realizada con hombres adultos de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, Costa Rica y República Dominicana. Eran éstos “hombres de la población general”, no eran proxenetas: eran empleados, trabajadores, profesionales. No se les preguntó por sus experiencias personales sino por sus opiniones y percepciones en torno a la sexualidad y por qué consideraban que muchos hombres se involucraban en la Explotación Sexual Comercial (ESC) de menores.

El estudio puede leerse en su totalidad aquí; todas las citas textuales en esta entrada provienen de este documento. En las entrevistas, la mayoría de hombres eventualmente expresó que cualquiera se involucraría en la ESC si tuvieran dinero suficiente. Legitiman rotundamente la ESC, fundamentándose en creencias de la superioridad del hombre, el poder y dominación de la masculinidad, la disociación de la mujer (mujer pura/mujer licenciosa), el adultocentrismo (que priva de agencia y voluntad a menores de edad), y la cosificación de las personas, reduciéndolas a partes determinadas y, por último, a mercancía.

Además de trabajar la vulnerabilidad de las personas menores de edad y de otros sectores proclives a caer víctimas de la ESC, es esencial disminuir la demanda que genera la “clientela”, los explotadores sexuales; es esencial comprender la lógica que influye en que muchas personas sigan utilizando a la niñez y adolescencia para actividades sexuales comerciales. Esto implica al estado y a la sociedad civil. El estudio de la OIT da cuenta de que las personas -hombres, en este caso, sabiendo que muchas mujeres justifican el patriarcado tanto como ellos- no tiene idea de cómo manejar la sexualidad propia sin interferir en los derechos humanos de los demás.

¿Por qué son mayoritariamente hombres quienes se involucran en esta actividad? En el contexto del patriarcado, los hombres ejercen relaciones de poder desigual respecto a los demás sectores sociales (mujeres, niños y niñas, personas adolescentes, adultos y adultas mayores), y estas relaciones de poder también se expresan en el ámbito de la sexualidad, que puede llegar a incluir vínculos mediante el dinero.

Además, algo sucede con la socialización masculina que hace que muchas de las vivencias de los hombres particulares estén saturadas de conflictos, temores y formas negativas de relación. Si bien esto afecta tanto a los hombres mismos como a otros sujetos con quienes convive, en forma próxima o lejana, lo cierto es que aquí interesa una de las áreas más importantes y sensibles del ser humano: lo relativo a su sexualidad y las formas concretas que adquiere en los vínculos entre las personas.

La ESC, sostienen los autores del estudio de la OIT, no es el inicio del problema. Es un eslabón más de una de abusos y violaciones a los derechos básicos de los menores de edad. Por otro lado, parte de estos abusos y violaciones proviene de una mentalidad patriarcal: uno de sus pilares ideológicos es la desvalorización de lo femenino. Y al androcentrismo se agrega el adultocentrismo.

Paradójicamente, la sexualidad masculina es poco erótica. Está más preocupada por el desempeño que por el placer:

Es cuestión de revisar rápidamente el esquema erección-penetración-eyaculación que define y marca la pauta de la sexualidad en el hombre y en los hombres particulares. Es este un esquema que se aprende desde la infancia, se entrena en la adolescencia y se consolida en la adultez. Es decir, hay un centramiento de los hombres en la respuesta que da una parte de su anatomía y se despilfarran grandes cantidades de energía vital en que esa parte funcione, o aún más si no funciona. De esta forma, “fallar o no dar la talla” sexual, de acuerdo con las prescripciones indicadas, es uno de los espectros que más acompaña a los hombres a lo largo de sus vidas. Por preocuparse de no fallar, se dejan de lado otras fuentes o posibilidades de disfrute de la sexualidad, con coito o no. Una de las manifestaciones que con mayor nitidez reflejan este esquema sexual básico lo constituye la existencia milenaria de la prostitución en las sociedades patriarcales. ¿Por qué muchos hombres, teniendo muchos de ellos parejas sexuales estables -esposa, por ejemplo- acuden a la prostituta? Ortiz (1996) lo estudió y lo responde de manera precisa: porque con la trabajadora del sexo “se va al grano””.

…Cuando un hombre dice “No pasó nada la noche anterior” está afirmando que la cuestión es que no ejerció sus labores -¿deberes?- sexuales como hombre; es decir, no llegó a completar la penetración. Lo accesorio, lo preliminar, lo afectivo (pre y pos coito) no pesan mayor cosa en todo esto. A pesar de que, como ya se indicó, contradictoriamente, la principal preocupación de los hombres es el placer de la mujer. Lo que no se dice es que la genuina preocupación es que él no la llevó al placer, lo cual implica ignorar la autonomía de las personas para acceder a esos estados placenteros y, por otro, sobre todo en los hombres, la gran preocupación de “¡Si no lo hago yo, lo hace otro!”. Al final, no es el placer lo que interesa, ni el de él ni el de ella, sino el mostrar capacidad de dominio y control.

Lo que se erotiza, en cambio, es el vínculo de poder; la excitación viene de tener poder (dominar, someter, humillar) sobre otras personas:

Lo que está en juego en la ESC es no solo el placer derivado directamente de la sexualidad, sino el placer derivado del ejercicio del poder. Dominar la sexualidad del otro o de la otra es símbolo de dominio que se tiene sobre el cuerpo y la subjetividad del otro.

Esa es la actitud señoresEn la próxima entrada, retomaremos algunos resultados del estudio de la OIT.

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