Psicología y construcción de paz.

Durante las fiestas de Navidad de 1988, después de un largo camino buscando información y acumulando experiencias, el sacerdote jesuita y psicólogo Ignacio Martín – Baró escribía el prólogo para un libro que reunía diversos artículos escritos por colegas salvadoreños y extranjeros, acerca de lo que ocurría con las personas durante una guerra: “Psicología social de la guerra: Trauma y terapia [enlace a PDF]”. Martín-Baró señalaba que frente al conflicto armado en El Salvador, la psicología carecía de las herramientas teóricas y metodológicas adecuadas para trabajar en ese contexto.

La psicología desde América Latina ha intentado responder a las necesidades propias del contexto de muchas maneras, pero con especial énfasis a través de la psicología comunitaria, la psicología crítica y la psicología de la liberación. Y en el ámbito salvadoreño en particular, uno de los principales aportes que como psicólogo puede hacerse es abordar un punto clave: las relaciones sociales. Décadas tras la publicación de la mencionada obra de Martín-Baró, se publicó una actualización en el tema, nuevamente reuniendo a diversos autores y experiencias: Psicología social en la posguerra: teoría y aplicaciones desde El Salvador.

Antes de trabajar con la gente, sostenía Martín-Baró, la psicología debe trabajar consigo misma. Un esfuerzo reciente por fortalecer la disciplina y la profesión ocurrió con el V Congreso Regional de la Sociedad Interamericana (SIP), del 21 al 24 de julio en San Salvador, con más de 500 participantes de diversos países y abordando temáticas como la exclusión, salud y bienestar, prevención e intervención social, cambio social, entre otras:

Con el lema “Para una psicología comprometida y con relevancia social”, el Congreso buscó promover el intercambio de información e ideas sobre la psicología y disciplinas afines. En el acto de inauguración, que se llevó a cabo en el Auditorio “Ignacio Ellacuría”, el P. Andreu Oliva, rector de la Universidad, retomó el concepto de psicología que defendía y proponía Martín-Baró. “La psicología debe establecer una estrecha relación con las condiciones sociales del territorio donde se desarrolla y con las aspiraciones de la gente que en él residen. Debe ser una psicología que analice los principales problemas de las personas y de sus sociedades, y que busque soluciones que permitan la liberación de las grandes mayorías y su bienestar humano y social”.

Una psicología comprometida y con relevancia social

Fuente: UCA.

Desde la guerra hasta hoy se ha avanzado mucho. Pero vino la posguerra y las fallas en su abordaje las vemos vueltas consecuencias en los altos índices de violencia que vivimos en la sociedad salvadoreña. Las relaciones sociales, nuestros lazos con los demás, no están sanas desde la raíz y es desde ahí que hay que comenzar a sanar esta sociedad. Hemos aprendido a desconfiar, hemos vuelto natural el pasar por encima de los demás, vemos como algo normal la violencia e incluso la promovemos en la niñez salvadoreña. Desde las relaciones más íntimas y delicadas vamos construyendo las más diversas formas de violencia –de las más clamorosas a las más ocultas– en comportamientos que nos parecen normales.

A medida que nos damos cuenta de que lo dañado son las relaciones, se vuelve evidente que, desde los diversos campos de trabajo que tenemos como profesionales de la salud mental (la clínica, la escuela, la empresa, la comunidad, etc.), podemos encontrar oportunidades para aportar al proceso de construcción de paz de nuestro país. Para ello es fundamental que nuestro conocimiento sirva para entender que la naturaleza de estas relaciones es compleja y está en constante cambio; por tanto, el trabajo por la paz debe ser permanente e irse adaptando a la realidad que vamos encontrando.

Por otro lado, es importante ubicarnos del lado de quienes más sufren, para así ir ayudando a reconstruir el tejido social que vemos tan roto. Es necesario atender a las víctimas de la violencia, sanar sus heridas, pero también es importante promover su empoderamiento y acompañarles en sus causas y reivindicaciones. Asimismo, debemos ayudar a que sus testimonios se conozcan y sirvan para prevenir que otros se vuelvan víctimas y también victimarios.

Largo es el camino. Nuestro aporte como profesionales de la salud mental no puede centrarse solo en atender al individuo afectado. Hay tras de este individuo una sociedad afectada que necesita cambiar. Tal como la salud no es solo la ausencia de enfermedad, la paz no es solo la ausencia de guerra. La salud se logra con un esfuerzo constante. La paz, también.

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