Por qué algunas personas se quedan en lugares de riesgo.

Es la pregunta que muchos de nosotros nos hacemos mientras vemos la cobertura noticiosa de un huracán o tormenta tropical como Isaac: ¿quiénes son estas personas que no dejan sus casas a pesar de que la fuerte tormenta está avanzando? ¿Y qué están pensando

La respuesta corta: para muchos, la idea de tomar las cosas e irse no es tan fácil como nos suena a nosotros, que estamos viendo desde una distancia segura y en un lugar seco. 

Psicología de la tormenta: ¿por qué algunas personas se quedan?

Cada año por estos meses, nuestro país es golpeado por tormentas tropicales y “colas de huracán”.  Siempre parece tomarnos por sorpresa, habiendo olvidado la falta de prevención del año anterior. Este suele ser un problema que va mucho más allá de lo que hace cada individuo y su familia frente a la emergencia, que nos a obliga a dar una mirada crítica a un sistema comunitario, social y político, que engloba fuertes desigualdades sociales que se traducen en vulnerabilidad; limitadas prácticas, recursos y políticas sobre prevención y respuesta ante desastres; y temas más específicos y delicados como dónde se construye y quienes lo hacen.

Pero esta vez nos centramos en quienes sufren estas tormentas…y en quienes no. De eso se trata el artículo enlazado arriba, que se basa en un estudio del 2009 con sobrevivientes del huracán Katrina. Sus resultados pueden muy bien aplicar a la experiencia de El Salvador, y probablemente de muchos otros países. La perspectiva es muy diferente cuando se es un observador que cuando se es un sobreviviente. La psicología de la tormenta lo señala:

Revise la sección de comentarios en este artículo de NBCNews.com sobre [la tormenta] Isaac, y el sentimiento es más o menos el mismo. Como este: “Qué parte de EVACUACIÓN OBLIGATORIA NO ENTIENDE esta gente!” (Texto en negritas y el uso gratuito de mayúsculas son del propio comentarista). O este: “Les dijeron que evacuaran! Ahora están por su cuenta y no esperen que otros se pongan en peligro [por ustedes]!”. 

Los grupos de clase media para arriba suelen ser los menos afectados cuando aparece una tormenta tropical o un temporal. Son familias cuyos hogares están en menos riesgo físico (aunque en los peores días del año, estos riesgos saltan más a la vista) y cuentan con un gente de confianza adonde ir si el peligro en su área es inminente. Aún más, tienen recursos para informarse de lo que está ocurriendo, y la suficiente despreocupación por su propia seguridad como para poder ocuparse de la inseguridad que sufren otros (“¿y por qué esas personas siguen viviendo ahí si cada año pasa lo mismo?”).

“Preguntar ‘¿Por qué no se fue la gente?’ presupone que esa es la mejor opción para todos” dije Hilary Bergsieker [co-autora del estudio del 2009]. El hecho es que muchas personas no tienen los recursos para escapar. El no contar con dinero, modo de transporte ni amigos o familia en lugares seguros significa que no hay otra opción más que enfrentar la tormenta.  

En el caso de Katrina, quienes evacuaron antes de que la tormenta llegara eran en su mayoría personas blancas de clase media; por otro lado, quienes se quedaron eran personas negras de clase trabajadora. Los que se fueron…tenían privilegios que probablemente daban por sentado: más educación formal, más dinero, acceso confiable a transporte, redes sociales que se expandían más allá del área en peligro, y más acceso a reportes noticiosos que alertaban sobre la severidad de la tormenta. 

“Estadounidenses de clases media y alta se movilizan más geográficamente y tienen más experiencia viajando nacional e internacionalmente. Creo que la familiaridad con moverse de esa forma contribuye a la habilidad de hacer un plan sobre cómo evacuar” sostiene [Nicole] Stephens [autora del estudio]. “Por otro lado, si usted ha pasado la mayoría de su vida en la misma comunidad, entonces siente más apego a su hogar y se siente menos cómodo y menos equipado para desarraigarse en respuesta a órdenes de evacuación”.  

Aún si la persona tiene los recursos para escapar, puede resultarle impensable dejar atrás a una comunidad muy unida. “Está el factor de recursos físicos, pero también los factores psicológicos. Ese es su mundo, es todo lo que conoce”. Y, en ese sentido, si su vecino le dice que se queda, usted podría quedarse también. Después de todo, si algo le pasara a él, ¿quién le ayudaría si usted se va? Algunos de los 79 sobrevivientes del Katrina que fueron entrevistados en el estudio del 2009 tenían recursos para irse, pero no el corazón para ello. […] Su explicación de por qué quedarse fue: ‘estoy joven, tengo todas mis capacidades y estoy más o menos en forma. ¿Qué si alguien de más edad o más débil me necesita?’ “Tenía 27 años en ese entonces, era joven y fuerte y pensaba que podía ayudar a la gente si la ocasión se presentara”, dice [Ariella] Choen, ahora de 31 años. 

Además de la preocupación de irse, está la de adónde llegar. Cierto que se preparan refugios, pero ellos implican mucha incertidumbre: ¿hay espacio suficiente y adecuado, hay recursos para albergar a tantas personas, qué tipo de gente estará ahí, por cuánto tiempo? No hay forma de saberlo hasta que se está en ellos, y muchas veces las respuestas a estas preguntas no son tan favorables.

La desconfianza de otros (es decir, de gente que no es de la comunidad, que dice saber más que uno mismo sobre su propia casa, diciéndole que la abandone) puede jugar un rol también. “¿Aquí es donde has estado toda tu vida y de repente gente en la radio te dice que te vayas? Eso puede parecer una opción mucho más peligrosa que quedarse con la gente de tu iglesia o de tu cuadra”, dice Bergsieker.

Además, la gente que vive en lugares vulnerables escucha estas alarmas todo el tiempo. Puede ser más fácil estar en negación sobre la ferocidad de un huracán cuando las noticias la han anunciado tantas veces anteriormente. 

Cuando, en otra parte del mismo estudio, se les pidió a los rescatistas y a personas regulares que describieran a quienes huían de la tormenta, las palabras que surgían eran “independientes”, “auto-suficientes”, “reponsables”, “trabajadores”, “conscientes”. Cuando se les pidió que describieran a quienes se quedaban, lo hacían en términos negativos, como “pasivo”, “loco”, “haragán”, “irresponsable”, “despreocupado”, “sin remedio”. A pesar de que las personas que describían a ambos grupos reconocían que quienes se quedaban lo hacían por falta de recursos, continuaban usando términos negativos para describirlos.

A lo mejor a usted le ocurre lo mismo, e insiste en que el no tener muchos recursos o vigilar las pocas posesiones que se tienen es menos importante que salvar su vida y la de sus seres queridos. No es que sea una lógica equivocada, pero como advierte el artículo, hay cosas que damos por sentado cuando observamos una problemática sin experimentarla directamente o en la misma medida que otros a quienes juzgamos.

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