Para reflexionar sobre la Investigación, pte. 2: Conacyt.

En enero escribimos esta entrada, sobre la problemática actual en el tema de investigación y desarrollo. En esta línea, retomamos dos notas aparecidas en El Diario de Hoy, el 15 de febrero, partiendo del informe que elaboró el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Conacyt, sobre indicadores de Ciencia y Tecnología en el país (las negritas son nuestras):

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“El mayor esfuerzo del sector académico sigue siendo la enseñanza y formación; ha sido su prioridad en los últimos diez años”, reitera el informe 2008, publicado en diciembre con el nombre “Indicadores de Ciencia y Tecnología. Estadísticas sobre Actividades Científicas y Tecnológicas, del sector educación superior”.

De los $24 millones destinados para el tema de I + D, el 53.73% se fue en el pago de salarios a investigadores y consumibles para el desarrollo de investigaciones. El monto restante se invirtió en la compra de equipo, instrumentos y, en menor escala, en infraestructura de investigación.

El 50% por ciento del dinero que las universidades e institutos (técnicos y especializados) destinan a la investigación proviene del gobierno. El 40% procede de fondos propios y el resto llega de organizaciones y empresas, entre otras.

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Roberto Alegría, jefe del Departamento de Desarrollo Científico y Tecnológico del Conacyt, explica que los resultados del informe son también un espejo de la realidad de América Latina y producto, en el caso salvadoreño, de una visión que califica como “cortoplacista”.

Alegría, quien es biólogo celular-molecular, expresa que en el país se tienen que definir las áreas estratégicas en las que se quiere enfocar los esfuerzos de investigación, de acuerdo con las necesidades económicas, sociales y medio ambientales.

Trazar la ruta no es el único reto. Alegría alude como “un problema serio” el déficit de investigadores especializados de alto nivel de formación, con doctorados, para generar nuevos conocimientos.

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La segunda nota, a continuación, nos recuerda que, además de abogar por “más investigación”, debemos fortalecer e invertir en las bases del quehacer científico.


La vida del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) se asemeja a la de la cenicienta. Todos saben que es importante, pero no tiene el apoyo financiero para cumplir la misión de ser gestor de líneas estratégicas para la producción científica y tecnológica.

La institución está en manos del Ministerio de Economía, pero, según se conoció, pronto pasará bajo la dirección del viceministerio de Ciencia y Tecnología del Ministerio de Educación (Mined), lo cual, para algunos, podría marcar un cambio a su favor.

El presupuesto asignado por el gobierno a esta institución, que es el mismo del año anterior, asciende a $475 mil. Ese monto aumenta a $675 mil cuando se toman en cuenta otros rubros como la venta de servicios a las empresas. “La cifra es tan ridícula que el año pasado tuve $14,600 para operar el área de Desarrollo Científico y Tecnológico, hacer (estudios de) los indicadores y otros temas”, comentó Roberto Alegría, Jefe del Departamento de Desarrollo Científico y Tecnológico de la institución. Hoy, la asignación es de $38,645.

El Conacyt, tiene 30 empleados, de ellos siete están encargados de ver toda la parte de desarrollo científico. “Tenemos dobles o triples funciones”, citó Alegría. En su caso, también representa a la entidad ante otras que necesitan apoyo con charlas, ponencias. Eso implica estar al corriente de los avances en todos los rubros como salud, educación, medio ambiente.

Alegría, con sus 62 años, también es encargado de realizar anualmente tres boletines institucionales y dos revistas con avances científicos. A eso se suman dos informes de indicadores: uno sobre recursos humanos en investigación y el otro sobre las actividades científicas y tecnológicas. Estos, generalmente, se pueden leer en internet porque falta el dinero para las ediciones impresas.

Para Óscar Picardo, experto en educación, el Conacyt está llamado a dictar la política científica y tecnológica, además de darle seguimiento. Ahora, al estar en manos de Economía, le da más importancia a las funciones de normalización y metrología que realiza con las empresas y la industria.

Pasarlo a educación es una muy buena medida, pero no suficiente. Hay que entregarle un nuevo paquete de responsabilidades y se necesita también un presupuesto fuerte; de lo contrario sólo va a quedar en un mero movimiento burocrático”, afirmó Picardo. Considera necesario buscar un diálogo, donde se formule un debate que permita llegar a un consenso sobre la apuesta científica de país.