“Neutralidad moral”.

“Aunque aterradores, estos ataques son un tributo implícito al poder de una relación curativa. Nos recuerdan que crear un espacio protegido donde sobrevivientes puedan contar su verdad es un acto de liberación. Nos recuerdan que ser testigos, aún en los confines de ese santuario, es un acto de solidaridad. Nos recuerdan también que la neutralidad moral en el conflicto entre víctima y perpetrador no es una opción. Como el resto de observadores, los terapeutas a veces se ven en la obligación de tomar bando. Aquellos que se paran a la par de la víctima inevitablemente enfrentarán la abierta furia del victimario. Para muchos de nosotros, no puede haber mayor honor que ese”.

Herman, J. (1997). Trauma y recuperación. Las secuelas de la violencia – del abuso doméstico al terror político. P. 247.

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