Negar los problemas cuando no nos gustan las soluciones.

Un estudio, realizado el año pasado en Estados Unidos, propone la idea de la aversión a la solución, el escepticismo hacia ciertas propuestas para resolver un problema. Los autores de este estudio señalan:

Lógicamente, la solución propuesta a un problema, como el aumento en la regulación del gobierno o la extensión del mercado libre, no debería influenciar las creencias que uno ya tiene sobre el problema. Sin embargo, encontramos que sí ocurre […] La cura puede resultar inmediatamente más amenazante que el problema.

Los autores tomaron los temas de cambio climático y crimen para estudiar este fenómeno, y encontraron que la deseabilidad de una solución afectaba las creencias sobre la existencia del problema.

En el caso de las pandillas en El Salvador, consideradas de las más violentas del mundo, se ha abogado por utilizar “mano dura” y, en casos más extremos, que la ciudadanía “tome la justicia por sus manos”. Estas han sido las respuestas dadas históricamente, tomando como modelo, erróneamente, las políticas de seguridad del general Maximiliano Hernández Martínez, presidente/dictador del país de 1931 a 1944:

—¿Nunca se frenó la criminalidad?
—Solo un poco al final de su mandato, cuando ya le iban a dar golpe de Estado.
—¿Pero por qué se creó esa fama de tipo duro que no negociaba con criminales?
—Por las políticas policiacas bastante fuertes: más soldados en las calles, más represión, metió a más gente en las bartolinas, pero los índices de homicidios nunca bajaron.

 

[…]

 

Para Patricia Alvarenga, la historia de El Salvador ha comprobado a través del siglo XIX, XX y lo que va del XXI que la “solución represiva” no resuelve problemas inmediatos y sus costos a mediano y largo plazo han sido muy altos. “Las manos duras han fracasado porque marginan, encierran, solo generan odio; lejos de construir ciudadanía, polariza a la sociedad”. Para Óscar Meléndez, el telón de fondo de esta investigación, en la que se ha llevado casi tres años, dicta que en El Salvador siempre se ha entendido la justicia como si fuera venganza.

 

El general sin las respuestas

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El problema de la criminalidad en el país es innegable, pero sus soluciones dejan resultados cuestionables. Con cárceles con superpoblación de entre 299% y 600%, que se traduce condiciones de vida infrahumanas (sin mencionar el accionar de los cuerpos de seguridad fuera de las cárceles), es difícil decir qué exactamente es lo que se está resolviendo.

Las soluciones, obviamente, corresponden a cómo se ha planteado el problema. Y cuando las primeras no funcionan, surge la necesidad de revisar ese planteamiento. Pero para ello se requiere cuestionar ideas, incluso valores e ideologías, y eso puede resultar amenazante.

¿La solución, según su experiencia, pasa por integrar a los pandilleros?
Yo creo, y esto lo vengo diciendo desde hace mucho tiempo, que es necesario el diálogo con los pandilleros. Estoy absolutamente convencido. Pero dialogar no significa negociar, y no entiendo por qué se clavan con la palabra negociación, y hasta se genera un discurso confrontativo en los medios por una palabra. Yo me pregunto: ¿no será bueno que se hable con los pandilleros presos y fomentar el reencuentro con sus familias, con sus hijos? ¿No ayudaría recomponer esos vínculos familiares? Estoy convencido de que sí. Y lo mismo se puede decir de las víctimas de los pandilleros: ¿no tenemos como sociedad recursos para atender a esas víctimas y no dejarlas a la deriva, como ocurre ahora? Y me refiero a los profesionales de sicología, a trabajadores sociales, a universitarios. ¿No podemos ser una mejor sociedad?

 

Usted defiende el diálogo como una herramienta indispensable.
Sin diálogo con los pandilleros no se puede construir nada. Yo no me meto en cuestiones de seguridad pública, y por supuesto que creo que quien infringe la ley debe ser combatido, pero desde hace 12 años todos los gobiernos están apostando a la represión, y en lo verdaderamente importante no se ha hecho nada; o si han hecho algo, no ha impactado en las comunidades.

 

“¿No será bueno fomentar el reencuentro de los pandilleros presos con sus familias?”

Si esa es la solución, ¿cuál es el problema? ¿Cuál es la raíz del problema, que mentalidades como las de Hernández Martínez fallaron en solucionar?

Con esto en mente, vale la pena retomar lo dicho por los autores del estudio sobre aversión a la solución: debemos tener en cuenta que ciertos problemas conllevan soluciones que amenazan a algunos grupos más que a otros. Esta percepción de amenaza debe tenerse cuenta para mejorar el diálogo entre personas que difieren en sus propuestas para resolver un problema.

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