Nada por qué excitarse: la cosificación sexual.

Al hablar de cosificación sexual, entendemos una relación sujeto-objeto: el primero actúa sobre el segundo. En general, a los hombres se les inculca la idea de que son sujetos, mientras que para las mujeres, el ser objeto es la forma de obtener valor. Por ello, sostiene Caroline Heldman, es que las revistas para hombres contienen cuerpos de mujeres con poca ropa, y las revistas para mujeres también. A las mujeres y niñas se les enseña a tratar sus cuerpos como el objeto de deseo de otros.

Heldman habla de esto y más en la charla TED “The sexy lie”, en la que define la cosificación sexual, el mito de que ésta empodera y cómo hombres y mujeres pueden enfrentar esta cultura. La charla puede verse aquí (lastimosamente no la encontramos con subtítulos en español), y a continuación retomamos algunos puntos de Heldman, junto con otros estudios sobre el tema.

De acuerdo a Heldman, hay una serie de criterios para definir que una persona está ocupando la posición de una cosa con intención sexual; en el video, pueden verse ejemplos de ello:

¿La imagen muestra sólo una parte del cuerpo? [nosotros agregamos: habitualmente el rostro se esconde o carece de expresión]
¿Se presenta la imagen de la persona como sucedáneo de un objeto?
¿La imagen muestra una persona sexualizada como intercambiable con otras?
¿La imagen afirma la idea de violar la integridad corporal de una persona sexualizada que no puede dar su consentimiento?
¿La imagen sugiere que la disponibilidad sexual es la característica definitoria de la persona?
¿La imagen muestra una persona sexualizada como algo que puede venderse y comprarse?
¿La imagen trata el cuerpo de la persona sexualizada como un lienzo [para hacer publicidad sobre ese lienzo]?

Es difícil decir qué es causa y qué es efecto: si la forma de pensar sobre las relaciones cotidianas entre los roles tradicionales de género, o la tendencia de los medios de comunicación y publicidad a cosificar. Como sea, lo cierto es que habitualmente los cuerpos masculinos son representados, si bien con una estética inalcanzable para muchos, primordialmente como herramientas para manejar el entorno. Los cuerpos femeninos, por su parte, son proyectos que deben ser mejorados constantemente.

Y eso dejando de lado las habituales dietas y visitas al gimnasio. A nivel micro, muchas mujeres tienden a un minucioso monitoreo del cuerpo que no se ve con frecuencia en los hombres: cómo se sientan, cómo se ven, cómo hablan, cuál es su postura, en función de quiénes las están observando.

Centrarse en el cuidado del cuerpo no es negativo por sí solo; todas las personas lo hacemos en mayor o menor medida y resulta gratificante. Pero un excesivo énfasis en expectativas e ideales corporales pueden incluso llegar a impactar en el desempeño cognitivo y sexual. Justamente, la teoría de la cosificación propone que preocupaciones sobre la imagen corporal dificultan la función y satisfacción sexual (ejemplos son este estudio con adultos, y este estudio longitudinal con adolescentes). Lejos de la idea que se vende, la excitación y lujuria de algunos contenidos mediáticos no se traducen en mayor satisfacción sexual para quien las consume, sobre todo si pertenece al grupo cosificado.

Además del desempeño personal, la cosificación sexual reduce la efectividad política a mayor escala, y, relacionado a esto, tiende a disminuir la solidaridad entre mujeres, promoviendo en cambio la competencia entre ellas. Por otro lado, a la base de la creación de muchos personajes femeninos de películas, videojuegos, etc. está la proyección de fantasías (“que muchas veces incluyen el deseo de ser usada”, de acuerdo a Heldman) por encima de los deseos y la agencia del personaje.

Aunque es una exigencia a la que todas las personas nos enfrentamos, la cosificación del hombre no tiene el mismo peso histórico que el de la mujer. Esto es importante recordarlo, sobre todo al ver noticias como esta: la dificultad inicial de encontrar un actor para la versión fílmica del vilipendiado libro “Cincuenta Sombras de Gray”, porque los actores no querrían ser recordados por ese rol:

El actor que interpreta a Christian Grey no está ahí para que cualquiera pueda identificarse: él está allí para ser un objeto de deseo. Es algo que rara vez – si alguna vez – ocurre a un hombre heterosexual en una película de un gran estudio.
A pesar de que el mensaje final de Cincuenta Sombras de Grey es deprimente y desempoderador, el hecho es que se trata de un libro escrito por una mujer, consumida principalmente por otras mujeres.
Nuestra concepción actual de la masculinidad idealizada (¡Activo! ¡Fuerte! ¡Varonil!) es diametralmente opuesta a la de ser objeto sexual.

No faltará quien pregunte si el aumento de la cosificación sexual en hombres implicaría equidad de género:

…los anuncios son tan irónicos que no parecen estar reconociendo y validando el deseo sexual de las mujeres, tanto como burlándose de él. “Es divertido para nosotros pensar en las mujeres como un ser lujurioso […] porque en realidad no tomamos la sexualidad de las mujeres muy en serio.”
En segundo lugar, cosificar los hombres junto con las mujeres ciertamente no es progreso. Está la vieja crítica que, si eso implica en verdad igualdad, no es el tipo que queremos. Pero, más importante aún, las fuerzas detrás de esta supuesta igualdad no tienen nada que ver con la justicia. Gianatasio generosamente me dio la última palabra: “Yo no diría que es igualdad – Yo lo llamaría marketing y tal vez capitalismo. Las fuerzas del mercado en el capitalismo explotan cualquier tierra fértil de tierra que esté disponible. La justicia y la equidad sexual no están impulsando el aumento de las tasas de cosificación masculina – el dinero sí”.

centrarse excesivamente en la imagen corporal de una persona no contribuye a tratarla bien (entiéndase, con respeto):

Un informe de la Asociación Americana de Psicología [APA] en 2010, señala que la sexualización nos lleva a valorar a las personas sólo por su atractivo sexual, excluyendo otros rasgos, alentando los avances sexuales no deseados, y causando que sea cosificada, ignorando la capacidad de la persona para dirigir su propia vida.

Es decir, se le niega la autonomía y la subjetividad. Y, continúa este artículo, actualmente se sugiere que más que hablar de cosificación, podríamos hablar de deshumanización:

cuando cosificamos no tratamos a las personas como objetos sin inteligencia o emociones propias. Varios psicólogos notables comienzan a argumentar que, cuando cosificamos a alguien no es que asumimos que tienen menos “mente” en general, sino que tienen un tipo diferente de mente…
En la mayoría de los casos, pensar en una persona como un cuerpo no conduce a la cosificación en un sentido literal, en el que la persona se convierte en una cosa. Más bien, se le deshumaniza – se le convierte en una bestia sensible…Ver a otros como incompetentes tiene consecuencias bien documentadas: discriminación, paternalismo y violencia. Gray y sus colegas han encontrado en sus experimentos que los hombres y las mujeres eran igualmente deshumanizados (y deshumanizados por los sujetos masculinos y femeninos por igual), pero en nuestra cultura, los cuerpos de las mujeres reciben mayor atención, por lo que sufren este tipo de deshumanización con más frecuencia.

 En su charla, Heldman sugiere algunas acciones personales y políticas para hombres y mujeres: en términos sencillos, dejar de evaluar a las mujeres según su apariencia (que suena más fácil de lo que es en realidad), rechazar contenidos tradicionales sobre sexualidad y crear el propio, que dé espacio a la diversidad.

La atractiva política también fue ‘víctima’ de las miradas lascivas de Silvio Berlusconi. ‘Desnuda’ es la palabra que los internautas daneses asocian a su nombre en búsquedas.

La noticia en la que aparece esta frase se llama “la rubia que ha causado un problema entre los Obama“. La “rubia”, cuyo físico se describe en detalle, es Helle Thorning, la Primera Ministra de Dinamarca. La noticia es la “cara de palo” -según explica candorosamente la nota- que tenía Michelle Obama, primera dama de Estados Unidos, supuestamente porque la Primera Ministra estaba “flirteando” con su esposo, el presidente Barack Obama.

Un contexto relajado pero político al fin, de interacción diplomática, es reducido a una pelea entre dos mujeres, de una de las cuales no cesa de mencionarse lo atractiva que es, por un hombre que hacen parecer totalmente a merced de estímulos externos. Es insultante para las tres personas involucradas y para los lectores, pero muchos tomaron esta narrativa como cierta (no lo era, como explicó el fotógrafo que capturó la escena) y la encontraron divertida. Decíamos, centrarse excesivamente en la imagen corporal de una persona no contribuye a tratarla bien, sin importar en qué ámbito se encuentre: se reduce a ser un objeto de deleite para otros. Y en el caso de las mujeres, se agrega la fantasía de competencia entre ellas, por quien llama más la atención de otros.

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