Nacer y crecer en sociedades inhóspitas: la psicología del desarrollo que no está en los libros.

La psicología del desarrollo, o del ciclo vital, se define como el estudio científico del crecimiento y evolución de una persona a lo largo de su vida. A través de la psicología del desarrollo se estudian los procesos de cambio que experimentan las personas desde el nacimiento hasta la vejez.

Hemos dicho antes que muchos aspectos que consideramos características universales de las personas son más bien productos del entorno ambiental y cultural en que éstas se desarrollan. Aun más, el conocimiento sobre esa “naturaleza humana” proviene de un grupo social específico que se erige, erróneamente, como la norma.

Este es el punto de partida del artículo que recomendamos hoy: El desafío de construir una Psicología del desarrollo crítica en sociedades inhóspitas (disponible aquí). Escrito por el psicólogo salvadoreño Carlos Orellana, el artículo advierte que la Psicología del desarrollo que se inculca en países como El Salvador proviene de realidades ajenas a la propia.

En este artículo, se señala la ausencia de estudios de psicología del desarrollo en el país, aunque hay investigaciones que aluden a fenómenos sociales en función de etapas etarias, como la migración irregular de la niñez, los factores de riesgo y protección de la violencia en jóvenes, y las características sociodemográficas de adultos mayores. Por el contrario, al enseñar psicología del desarrollo en El Salvador, se utilizan textos:

…cuyas descripciones o ilustraciones muestran niños y niñas que, si mueren, lo hacen por causas naturales o que siempre están escolarizados. Donde se afirma con respecto al embarazo adolescente que las políticas públicas promueven el uso de anticonceptivos […] Son textos donde la crisis de madurez masculina se ilustra con el paseo en una moto Harley-Davidson, donde el climaterio femenino se reduce a manejables cambios biológicos y mentales aislados de las presiones culturales o donde la jubilación se ve representada por un hombre con mirada triunfal en la proa de su yate.

 

[…] la Psicología del desarrollo dominante conlleva, entre otras cosas, presupuestos socioculturales conservadores; concepciones individualistas del desarrollo; incurre en biologismos y construcciones abstraccionistas “promedio” alejadas de individuos y de contextos reales; emplea convenientes eufemismos que dibujan el desarrollo como un proceso “natural”, lineal, progresivo y estable; y, en general, hace caso omiso de las relaciones de poder (e.g. género) que se despliegan en sus teorías y métodos. Por todo ello, conviene reconocer que lo que se suele estudiar, replicar y “saber” por estos lados a la hora de aproximarse a la psicología del desarrollo humano dista de ser un modelo universal.

Por ello, según Orellana, el ciclo vital de un salvadoreño o una salvadoreña “promedio” resulta una anomalía, aun para los mismos estudiantes de psicología salvadoreños, porque no es lo que muestran los libros:

¿Qué ocurre cuando la norma es precisamente la antinormatividad? ¿Qué decir cuándo la normatividad confunde el maltrato con la disciplina infantil, cuando cercena proyectos vitales o clausura horizontes de desarrollo? ¿Qué ocurre cuando el desarrollo humano cuenta con condiciones persistentemente inestables, regresivas y hasta violentas?

Estas interrogantes exigen reconocer y afrontar el contexto propio. En el caso de muchos países latinoamericanos, este contexto resulta ser una “sociedad inhóspita” que no existe en los textos de la Psicología del desarrollo.

Una sociedad inhóspita sería aquella caracterizada por contar con facetas estructurales (economía, política, cultura, vínculos humanos, etc.) que comprometen de manera reiterada y constante el bienestar y hasta la supervivencia de la mayoría de sus miembros. Por ejemplo, podría decirse que en estas, en términos relacionales, predomina la violencia y la hostilidad; en términos institucionales y normativos, la laxitud, la debilidad y la desprotección; en materia socioeconómica son desiguales, mientras que culturalmente son retrógradas. Nada menos que sociedades fundamentalmente violentas, impunes, anómicas, precarias, incívicas, misóginas y chabacanas.

Foto: Tomás Munita (2013). Word Press Photo, Daily lives.

Orellana propone que una psicología del desarrollo situada en una sociedad inhóspita está llamada a explorar fenómenos que no se encuentran en los textos importados. Para el caso de El Salvador, estos fenómenos involucran los procesos de adultización prematura en la niñez y la juventud, la improbabilidad de biografías estables, y la vejez precaria. Otros fenómenos a considerar en el desarrollo “promedio” de una persona salvadoreña incluyen:

…el conservadurismo y la arraigada cultura religiosa que alimenta visiones heteronormativas de los vínculos humanos y la vigilancia atávica que se cierne sobre las mujeres, sus cuerpos y sus proyectos de vida. Asimismo, el oscurantismo que conlleva la clausura de la discusión social en torno a temas de salud sexual reproductiva, el aborto o la eutanasia. En medio de tanta muerte violenta, cabe reseñar, por último, la distorsión de procesos de duelo ante pérdidas constantes, súbitas, violentas y sin sentido de niños, niñas y jóvenes, individuos que no se suponía que debían fallecer en el momento, la forma y la frecuencia con que perdieron la vida.

El artículo, finalmente, es un llamado a replantear el contenido, no la forma, de la psicología del desarrollo: la psicología salvadoreña necesita una perspectiva multidisciplinaria, y debe cuestionar cómo lo “no normativo” puede ser también una expresión de salud mental. Urge entonces que los profesionales en psicología, entre otras cosas, trasciendan la auto-etiqueta de “profesionales de la salud”, y que el afán de ser “agentes de cambio” vaya de la mano con una producción académica que explore y visibilice el contexto propio, y guíe su transformación.

El artículo El desafío de construir una Psicología del desarrollo crítica en sociedades inhóspitas (Orellana, 2016) puede leerse en su totalidad aquí.

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