Mitos y hechos sobre las diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres.

El sitio PsychologyToday publica el artículo: Dos mitos y tres hechos sobre las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres. Lo reproducimos en su totalidad aquí, con traducción libre (los enlaces provienen del texto original). Es importante reconocer que existen diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres, pero es igual de importante interpretar estas diferencias con mucha, mucha cautela. Recordemos además que el hablar de “los hombres” y “las mujeres” no implica una generalización absoluta sino promedios (y de las personas provenientes de las poblaciones estudiadas, la mayoría occidentales). La  moraleja del texto a continuación, en pocas palabras, es que la diferencia no implica jerarquía.

Dos mitos y tres hechos sobre las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres.
Por Christian Jarrett, PhD.

Mito 1: los cerebros de las mujeres están más balanceados. 

“Es cierto que los hombres usan un lado del cerebro para escuchar mientras las mujeres usan los dos”, dice el sitio Suite 101 con confianza inapropiada.

Esta es una variación de la popular idea que se encuentra en muchos libros y sitios web, de que los hombres dependen más que las mujeres de un hemisferio u otro para funciones particulares (especialmente el lenguaje) y, relacionado a esto, las mujeres tienen un cuerpo calloso más grueso; el cuerpo calloso es el puente de neuronas que conecta los dos hemisferios cerebrales.

Una fuente de este mito es una teoría propuesta por el neurológo estadounidense Norman Geschwind y sus colaboradores en la década de 1980: mayores niveles de testosterona en la matriz implica que el hemisferio izquierdo de los bebés hombres se desarrolla más lentamente que el de las mujeres, y que termina más apretujado. Pero la declaración de Geschwind no es cierta: John Gilmore y su equipo escaneó los cerebros de 74 recién nacidos y no encontró evidencia de que los hemisferios izquierdos de los niños fueran más pequeños que los de las niñas. Otro punto que refuta la idea de la mayor lateralización en cerebros de hombres es un meta-análisis, hecho por Iris Sommer y sus colegas con 14 estudios, involucrando 377 hombres y 442 mujeres; no se encontró evidencia de que hubiese diferencias en la lateralización del lenguaje entre los sexos. Sobre el grosor del cuerpo calloso, Mikkel Wallentin revisó la evidencia en su artículo del 2009, en el que incluía estudios de imágenes cerebrales y estudios de cerebros post-mortem. “Las supuestas diferencias entre tamaños del cuerpo calloso son un mito”, escribió.

Hecho 1: los cerebros de los hombres son más grandes.

Los hombres sí tienen un cerebro más grande que las mujeres, aún cuando se toma en cuenta que sus cuerpos suelen ser más grandes. Esto se ha documentado una y otra vez. Por ejemplo, Sandra Witelson y sus colegas pesaron los cerebros post-mortem de 58 mujeres y 42 hombres y encontraron que el promedio en las mujeres era de 1248 miligramos, comparado con el promedio de 1378 miligramos en hombres. Note que hay traslapes entre los sexos, de modo que algunas mujeres tendrán cerebros más grandes que algunos hombres. Un estudio danés de 94 cerebros, publicado en 1998, estimó que el volumen más grande del cerebro de hombre se traducía en un promedio de 16% más de neuronas en el neocortex, a comparación de las mujeres.

Hecho 2: Hay diferencias sexuales en el tamaño de las estructuras cerebrales individuales.

El hipocampo, una estructura involucrada en la memoria, usualmente es más grande en las mujeres; la amígdala, una estructura involucrada en procesamiento emocional, es más grande en hombres. También es cierto que el manto cortical (consistente en materia gris) es más grueso en mujeres y que las mujeres tienden a tener una mayor proporción de materias gris sobre la blanca (la materia blanca contiene células cerebrales aisladas). Sin embargo, es importante notar que estas diferencias pueden tener más que ver con el tamaño del cerebro que con el sexo: en otras palabras, puede ser que los cerebros más pequeños tiendan a tener una proporción mayor de materia gris, y ocurre que las mujeres tienen, en promedio, cerebros más pequeños.

Mito 2: Las diferencias entre sexos en el cerebro permiten explicar las diferencias en el comportamiento

De acuerdo a John Gray, autor de Por Qué Martes y Venus Chocan, los hombres son propensos a olvidar comprar la leche debido a su actividad cerebral más localizada.

Es tentador ver las diferencias cerebrales entre sexos, míticas o verdaderas, y pensar que ellas explican las diferencias en el comportamiento; por ejemplo, la amnesia de los hombres para comprar la leche, su superioridad para tareas de rotación mental o la ventaja de las mujeres en el procesamiento emocional. De hecho, en muchos casos sencillamente no conocemos las implicaciones de las diferencias cerebrales entre sexos. Aún más, es posible que las diferencias cerebrales sean responsables más bien por similitudes en el comportamiento. Esto se conoce como la “teoría de la compensación”, y podría explicar por qué el desempeño de hombres y mujeres en varias tareas es similar aún cuando muestran patrones disimiles de actividad cerebral. Con esto en mente, el lector debe tomar con extremo escepticismo a aquellos predicadores que parten de supuestas diferencias cerebrales entre sexos para apoyar sus afirmaciones sobre la necesidad de separar prácticas educacionales según género.

También es importante recordar que las diferencias comportamentales entre los sexos rara vez son tan fijas como las muestran los medios. Las expectativas y presiones culturales juegan un rol importante. Por ejemplo, decirle a las mujeres que su sexo es inferior en la rotación mental tiende a provocar un desempeño pobre en esa clase de tareas; proveerles de información que les da poder, en contraste, tienden a anular las diferencias según sexo. Relacionado a esto,  en países que se apegan con menor fuerza a estereotipos de género, las mujeres tienden a desempeñarse mejor en la ciencia. Este tipo de hallazgos nos recuerdan que sobre-simplificar y sobre-generalizar lo que se sabe sobre las diferencias de género conlleva el riesgo de generar profecías auto-cumplidas, de modo que hombres y mujeres llegan a asemejarse a estereotipos infundados.

Hecho 3: las diferencias cerebrales entre sexo sí importan.

Aún cuando debemos ser cautelosos con la interpretación de estas diferencias (Cordelia Fine nos recuerda que “el cerebro masculino no es como nada en este mundo, al igual que el cerebro femenino”), es importante no llevar tan lejos el ser políticamente correctos y negar que las diferencias existen. El neurocientífico Larry Cahill destaca este punto en su artículo del 2006 “Por qué el sexo importa para la neurociencia”, en la que revisa muchas de las diferencias cerebrales entre sexos. Ampliar nuestra comprensión de estas diferencias puede ayudar a arrojar luz sobre condiciones como el autismo y la depresión, que tienden a ser más frecuentes en hombres y en mujeres, respectivamente.

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