Los psicólogos y sus hijos.

La mayoría de psicólogos se vuelven fatigadamente resignados a las percepciones que otras personas tienen de ellos. Cuando le decimos a la gente nuestra profesión, no nos sorprende si la respuesta es: “Ah, ¿me estás analizando?”. Y si les decimos a nuestros amigos que vamos a convertirnos en padres, enfrentamos acusaciones en tono de broma acerca de que nuestros hijos se convertirán en parte de algún gran experimento (especialmente si hemos sido bendecidos con gemelos).

 

“Cariño, analicé a los niños” (en inglés)

El artículo que citamos está basado en entrevistas a hijos de psicólogos, y a psicólogos mismos que han experimentado la maternidad o paternidad. Como se describe en este artículo, en la historia de la disciplina, hay ejemplos de psicólogos que han llevado su oficio a casa, como Jean Piaget y el estudio del desarrollo cognitivo en sus hijos, o Winthrop Kellog y sus esfuerzos de criar a su hijo junto a un chimpancé. Ya que estamos, la historia de que B. F. Skinner, padre (je) del condicionamiento operante, mantenía a su hija en una “caja de Skinner” no es cierta.

Para la mayoría, la niñez junto a padres psicólogos resulta bastante casual e inocua. Aime Armstrong nos dijo: ‘Cuando tenía seis o siete años, si me había portado bien, mi padre traía a casa su gran caja negra del trabajo y me dejaba resolver los rompecabezas dentro de él. Solo años después me di cuenta de que eran tests psicométricos del desarrollo. Para mí eran de lo más divertido”. Andy Kerr escribe: ‘Uno a veces tenía la sensación de estar siendo analizado o juzgado, pero no estoy seguro qué tanto de esto era psicología y qué tanto era la madre siendo madre”.

 

“Cariño, analicé a los niños” (en inglés)

En estas entrevistas se aborda cómo, inevitablemente, psicólogos que son padres o madres ven su vida familiar influenciada en distinto grado por su quehacer profesional, desde los que intentan minimizar esa influencia hasta los que la aceptan abiertamente (“[Toub] escribe sobre lo que le dice su padre: ‘Es bueno que yo haya muerto en tu sueño, Micah. Significa que estás integrando a tu padre interno y volviéndote más independiente’. Cuando confiesa su torpe intento de perder su virginidad en su adolescencia, su madre le informa: ‘Tenés que ser el pene erecto en tu vida'”). También se habla de la influencia de este quehacer en sus hijos, independientemente de que éstos se dediquen o no a la psicología en su adultez.

Imagen tomada del artículo original.

En otro artículo, escrito por la hija de una terapeuta (curiosamente, con el mismo título que el que citamos primero), discute esa experiencia:

La gente usualmente hace una de dos suposiciones cuando contás que tu padre o madre es terapeuta. Hay ya sea admiración, del tipo: “Qué maravilloso, alguien que de verdad te entiende. ¿Quién podría estar más calificado para empatizar con tus problemas?”…o lo opuesto: “Pobre de vos. Qué pesadilla. ¿Tratan de psicoanalizarte todo el tiempo?”.

 

Los terapeutas, y ellos serían los primeros en estar de acuerdo, no son “mejores” ni “peores” padres. Como Thomas Maeder señaló en su fascinante libro, Children of Psychiatrists and other Psychotherapists: “Es más difícil ser un buen padre que ser un buen terapeuta. Los efectos positivos que padres terapeutas tienen en sus hijos son, predominantemente, el resultado de sus personalidades y afecto, no la consecuencia de un entrenamiento teórico”

 

“Cariño, analicé a los niños” [2] (en inglés)

Estas entrevistas y anécdotas provienen de una población angloparlante, pero posiblemente no sea una suposición alocada creer que son vivencias compartidas por profesionales de culturas como las nuestras:

[…] Pasé tres años de mi vida investigando el bullying en niños de 7 a 10 años. Así que cuando mis dos hijos llegaron a esas edades, ¿estaba listo para entregarles sabios consejos? Bueno, dado mi énfasis en los diferentes roles en el proceso de bullying, me encontré a mí mismo advirtiéndoles que ignoraran el consejo de la escuela de no involucrarse si veían que alguien estaba siendo acosado. Pero también me encontré diciéndoles: “Solo golpealo en la cara, fuerte”, de lo cual no estoy seguro que sea una intervención basada en la evidencia.

 

He encontrado, sin embargo, que otras áreas de la psicología han sido influyentes. Soy un fan de la aproximación al liderazgo desde la identidad social, e intento al menos seguirla en mi vida familiar como en mi trabajo. Un líder puede ser visto como alguien que materializa una identidad social que es compartida con otros miembros del grupo, y alguien que ejerce influencia sobre esa base: es uno de nosotros, lo hace por nosotros, crea un sentido de nosotros, nos hace sentir que importamos.

 

Pero a los ojos de mis hijos, dudo que sea un líder aspiracional. Soy “un doctor, pero no uno útil”.

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