Los psicólogos no medicamos porque…

Encontramos circulando por internet una de tantas frases sobre psicología que suenan como uñas rayando un pizarrón: “Los psicólogos no medicamos porque el amor propio y la aceptación no vienen en pastillas”:


Frases como esta (firmada por un grupo de psicología, para empeorar el asunto; aunque es un grupo de Facebook, para tomarlo menos en serio) perpetúan la idea de la psicología como una aproximación espiritual, mística, cuya meta última es que la gente se quiera a sí misma y sea feliz. Esto es una farsa.

Los psicólogos no medicamos porque no nos compete. Ya en otra entrada distinguimos entre buscar atención psicológica o atención psiquiátrica. Sí es esencial que psicólog@s en el área clínica tengan formación en psicofarmacología, para saber referir pacientes a profesionales en medicina o psiquiatría; y para comprender los potenciales efectos de los médicamentos en los pacientes y cómo estos efectos pueden impactar el proceso terapéutico.

Si bien hemos subrayado el peligro de medicalizar algunas condiciones afectivas, mentales o comportamentales, también es cierto que hay pacientes que llegan a la consulta psicológica reportando síntomas que requieren atención médica, no psicológica:

“Mi opinión personal sobre la toma de medicamentos en enfermedades como la depresión y la ansiedad cambia de cliente a cliente. Para algunos clientes, sugiero que la medicación les puede ser útil. Por ejemplo, un cliente que está debilitado por la depresión y la ansiedad al punto de que no quieren intentar técnicas terapéuticas, pueden requerir ayuda farmacológica. Un cliente que parezca estar funcionando bien intelectualmente y muestra motivación para cambiar, y tiene la habilidad interna y externa para hacerlo, probablemente se beneficiará de la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)”.

En otras palabras, los medicamentos alivian síntomas. Hay gente que necesita aliviar síntomas mientras trabaja problemas más profundos en terapia, y a veces incluso antes de poder trabajar en la terapia.

La psicología clínica, además, no es para alcanzar el “amor propio”, es para resolver problemas interpersonales. La práctica en psicología clínica, la psicoterapia, es una relación de trabajo, confidencial, limitada en el tiempo y con objetivos específicos, que permite que una persona resuelva un problema personal o interpersonal o mejore su calidad de vida en algún aspecto. Quizás “quererse/aceptarse más a uno mismo” o “ser feliz” sea un fin personal de la terapia, lo cual es válido (aunque valdría la pena revisar esas expectativas), pero un buen terapeuta siempre acuerda metas medibles con quien consulta, no clichés.

Por último, nuestro recordatorio habitual: no toda la psicología es clínica.