Los problemas cotidianos no son trastornos mentales.

Como ha ocurrido con el término trastorno por déficit de atención e hiperactividad, muchas categorías relacionadas a malestares psíquicos graves y discapacitantes han permeado tanto en el lenguaje cotidiano que se utilizan casualmente para designar problemáticas…justamente, cotidianas: “es que soy una persona bipolar”, “mi trastorno obsesivo-compulsivo no me lo permite”, “eso me deprimió”, “qué anoréxica se ve esa mujer“.

Pero no es únicamente la población general la que parece tender a patologizar la vida cotidiana. Más preocupante aun es que esto se dé desde las ciencias de la salud, con el respaldo de las compañías farmacéuticas y las compañías de seguros. Muchas veces se requiere medicación para controlar los síntomas más severos de algunos trastornos mentales y afectivos; pero de eso se ha pasado a la prescripción indiscriminada de pastillas para, por ejemplo, “tranquilizar” a un niño porque “molesta y no pone atención en clase”.

Primero, no hay evidencia a largo plazo de que la medicación contribuya a mejorar los resultados escolares. A corto plazo, puede calmar al niño, incluso ayudar a que se centre mejor en sus tareas. Pero a largo plazo no ha demostrado esos beneficios. Segundo: estamos haciendo un experimento a gran escala con estos niños, porque no sabemos qué efectos adversos pueden tener con el tiempo esos fármacos. Igual que no se nos ocurre recetar testosterona a un niño para que rinda más en el fútbol, tampoco tiene sentido tratar de mejorar el rendimiento escolar con fármacos. Tercero: tenemos que aceptar que hay diferencias entre los niños y que no todos caben en un molde de normalidad que cada vez hacemos más estrecho. Es muy importante que los padres protejan a sus hijos, pero del exceso de medicación.

Convertimos problemas cotidianos en trastornos mentales.

Las clasificaciones de enfermedades, como el CIE-10 y el DSM V, son útiles para la investigación y la intervención, pero como hemos señalado, son una guía que debe complementarse con observación cuidadosa, experticia y pensamiento crítico. Aquí hemos mencionado algo sobre la medicalización de la vida cotidiana, y recomendamos la entrevista a uno de los doctores que dirigió por años el DSM: “Convertimos problemas cotidianos en trastornos mentales“:

…habéis ampliado tanto la lista de patologías, les dije, que yo mismo me reconozco en muchos de esos trastornos. Con frecuencia me olvido de las cosas, de modo que seguramente tengo una predemencia; de cuando en cuando como mucho, así que probablemente tengo el síndrome del comedor compulsivo, y puesto que al morir mi mujer, la tristeza me duró más de una semana y aún me duele, debo haber caído en una depresión. Es absurdo. Hemos creado un sistema diagnóstico que convierte problemas cotidianos y normales de la vida en trastornos mentales.

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