Los mitos sobre el cerebro y el sesgo de las “ciencias duras”

El prefijo “neuro” se antepone actualmente a diversos fenómenos fuera del campo de las neurociencias mismas. Antes hemos hablado, por ejemplo, sobre la comercialización de este prefijo, de la dudosa programación neurolingüística, y de la industria del entrenamiento cerebral (la cual ofrece ejercicios cerebrales que mejoran la habilidad de hacer, pues, ejercicios cerebrales y no más que eso).

Agregar este prefijo a ciertos productos o servicios se ha convertido en una manera fácil de persuadir a la gente. En estos intentos por volver ciertos fenómenos más “científicos” al vincularlos con el funcionamiento cerebral, se han creado muchas neurotonterías. Más que ser una oportunidad para aprender sobre las complejidades del cerebro, la idea de lo “neuro” conlleva explicaciones simplistas. Aun más, muchas veces se usa lo “científico” de estos términos como sinónimo de “infalible” y “objetivo”.

Una línea de investigación relevante en este tema es la de los mitos sobre el cerebro. En uno de estos estudios, publicado a inicios de este año, se abordan creencias erróneas como que usamos solo el 10% de nuestro cerebro, que “algunas personas usan el lado izquierdo del cerebro y otras el derecho“, o que tras una lesión en la cabeza la gente puede no reconocerse a sí misma y a otras pero puede seguir funcionando normalmente en el resto de su vida. Mitos como estos son prevalentes aún entre personas que han estudiado psicología.

(Este estudio también abordó mitos sobre desarrollo infantil, como que todos los niños tienen un cromosoma Y mientras que ninguna niña lo tiene, un tema a abordar otro día)

Otro estudio en la misma línea encontró que incluso personas con entrenamiento en neurociencias creen en mitos sobre el cerebro. Mitos presentados a participantes en esta investigación, además de los del 10% y el cerebro izquierdo-o-derecho, incluyeron el mito de los “estilos de aprendizaje”, el que la mayor característica de la dislexia es leer letras al revés, y que escuchar música clásica incrementa las habilidades cognitivas de los niños (ya dijimos que no). En este estudio, participantes con formación en neurociencias creían poco menos de la mitad de todos los neuromitos presentados.

Difícilmente una persona que no estudia el cerebro tendrá suficiente conocimiento como para no sostener ninguna creencia errada sobre el funcionamiento de este órgano. Este desconocimiento, sin embargo, se mezcla con el sesgo de distinguir “ciencias duras” vs. “ciencias blandas”, la psicología -por supuesto- cayendo en la segunda categoría. De hecho, la gente está más dispuesta a desechar evidencia de psicología que de neurología.

En una investigación sobre este sesgo, a participantes se les mostró el diagnóstico de Alzheimer de una persona involucrada en política. La mitad de participantes recibió un diagnóstico basado en pruebas cognitivas y la otra mitad, un diagnóstico basado en un examen de resonancia magnética (MRI).

69.8% de quienes recibieron el escenario del MRI dijeron que la evidencia de que esta persona tuviera Alzheimer era fuerte y convincente, mientras que solo 39.6% de los estudiantes que recibieron el escenario de las pruebas cognitivas dijeron lo mismo. Los datos del MRI también se vieron como más objetivos, válidos y confiables […]

 

En realidad, un diagnóstico de Alzheimer siempre se hará con exámenes cognitivos, el scan cerebral es para descartar otras explicaciones de cualquier otra disfunción presente. El equipo investigador dijo que sus resultados señalan la fe ingenua en qué tan confiable es la información obtenida de imágenes cerebrales.

 

La gente está más dispuesta a desechar evidencia de psicología que de neurociencias (original en inglés)

Otro estudio encontró que la gente señalaba artículos sobre temas educativos como más convincentes cuando contenían menciones a las neurociencias, como una referencia a neurociencia en el texto junto a la imagen de un scan cerebral, aunque esta mención fuese superflua o no pertinente al artículo (Esta investigación, como todas, tiene alguna limitaciones -discutidas acá– que no permiten generalizar estas conclusiones).

Aunque parecen ser inofensivos, los mitos sobre el cerebro no deben tomarse a la ligera: pueden justificar estereotipos e inequidades, o llevar a declaraciones sin fundamento sobre los supuestos beneficios de productos o servicios, entre otras cosas. Estos mitos socavan hallazgos reales en las neurociencias y generan  prácticas cuestionables en salud, educación y negocios. No se puede saber todo lo que hay que saber sobre el cerebro, pero se puede tener una duda razonable sobre la información que se nos presenta al respecto, sobre todo cuando parece ser una explicación infalible.