Los beneficios sociales de leer y contar historias.

Leer literatura (llámese ficción o narrativa) puede exponernos a mundos, experiencias, personajes y puntos de vista distintos a los que conocemos personalmente. Como consecuencia, leer nos permite aumentar nuestra empatía, nuestra capacidad de comprender lo que otras personas piensan y sienten.

Esta idea ha sido apoyada por los investigadores Emanuele Castano y David Kidd, con un estudio realizado hace algunos años:

La ficción literaria…se centra en la psicología de los personajes y las relaciones entre ellos. “Con frecuencia, las mentes de esos personajes se muestran vagamente, sin muchos detalles, y nos vemos forzados a llenar los vacíos para comprender sus intenciones y motivaciones”, sostiene Kidd. Este género provoca que el lector imagine los diálogos internos de los personajes. Esta conciencia psicológica es llevada al mundo real, que está lleno de individuos complicados cuyas vidas internas son difíciles de comprender. [En la ficción literaria], los personajes perturban las expectativas del lector, minando prejuicios y estereotipos. Apoyan y nos enseñan valores sobre el comportamiento social, como la importancia de entender a aquellos que son distintos a nosotros.

 

Hallazgo: leer literatura de ficción mejora la empatía (en inglés)

El resumen del estudio de Castano y Kidd se encuentra aquí. Valga la aclaración, esta investigación trabaja con un término similar al de la empatía, la teoría de la mente, por la que somos capaces de inferir los estados internos de otras personas. La empatía, además, suele dividirse en dos tipos, cada uno con distintas implicaciones para las relaciones sociales: la afectiva, sentir o reflejar las emociones de otros; y la cognitiva, “ponerse en los zapatos” de la otra persona, tomar una perspectiva distinta de la propia.

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En un estudio en la misma línea, un equipo de investigadores señaló los efectos de la lectura de una novela en el cerebro, a corto y largo plazo. Algunas regiones relacionadas a la motricidad y lo sensorial aumentaban su conectividad como resultado de la lectura. En otras palabras, leer sobre las emociones y acciones de otros puede activar áreas cerebrales (la corteza temporal, la corteza somática y motora) que nos permiten relacionarnos subjetivamente con cómo se sienten esas experiencias.

En el artículo La función de la ficción es la abstracción y simulación de la experiencia social (altamente recomendado, puede descargarse aquíen inglés), se sostiene que la literatura tiene un propósito importante: ofrecer modelos o simulaciones del mundo social, a través de la abstracción, la simplificación y la comprensión. Es además una manera de aprender a través de la experiencia, y permite comprender a quienes son distintos a nosotros, aumentando nuestra capacidad de empatía y de hacer inferencias sociales.

Muchas historias parecen carecen de la más superficial correspondencia con el mundo real, siendo pobladas por magos, dragones, naves espaciales, bárbaros y piratas. Aunque esta falta de correspondencia es innegable, nuestro argumento es que la mayoría de la ficción apunta al realismo en los aspectos más importantes de la experiencia humana: lo psicológico y lo social. Incluso las novelas con temas y entornos fantásticos (e.g. la ciencia ficción o las novelas de fantasía) se esfuerzan por lograr verosimilitud con respecto a las emociones humanas y las interacciones sociales (Oatley, 1999); en pocas palabras, los escritores intentan crear personajes que poseen una psicología reconocible. Los libros que no logran esto se consideran cursis o no creíbles […] Es este realismo psicológico, no las características superficiales del entorno, lo que determina si podemos aprender información y procesos sociales útiles de un trabajo de ficción.

La función de la ficción…(p. 185).

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Como en cualquier otro estudio, los resultados de Castano y Kidd tienen limitaciones y deben tomarse críticamente: por ejemplo, “hay aspectos estéticos y estilísticos [de la literatura] sobre los que, como psicólogos, no podemos ni queremos emitir juicios…Tampoco argumentamos que la gente debe solamente leer literatura de ficción. Es simplemente que ésta parece mejorar la Teoría de la Mente a corto plazo”.

Por ello, en la literatura es esencial la representación de distintos grupos sociales y experiencias distintas a las propias. Para el caso de género, como se explica aquí, no sirve que la persona sea una lectora asidua si lo que lee es constantemente la misma perspectiva, que refuerza ciertas ideas sobre hombres y mujeres que finalmente van en detrimento de las relaciones entre ambos grupos:

Existe un argumento popular actualmente, que los libros nos ayudan a sentir empatía, pero lo hacen ayudándonos a imaginarnos que somos personas que no somos […] no sólo versiones de nosotros mismos siendo maravillosos y siempre en lo correcto, en un mundo donde la gente sólo existe para reforzar lo magníficos que somos, aunque estos libros e historietas existen en abundancia y responden a la imaginación masculina.

 

Por ello la pasé bien el mes anterior comentando en un canon literario muy masculino presentado por la revista Esquire como “80 Libros Que Todo Hombre Debe Leer,” 79 de ellos escritos por hombres. Parecía alentar esta estrechez de experiencias, y yo argumentaba no que todos debían leer libros escritos por mujeres -aunque el contrapeso importa- pero quizás tal vez el punto central de leer es poder explorar e incluso trascender tu género (y raza y clase y nacionalidad y momento en la historia y edad y habilidad) y experimentar ser otros. Decir esto enojó a algunos hombres.

 

Hombres me explican Lolita (en inglés)

Finalmente, más que la categoría de ficción por sí misma, lo que parece contribuir a la mejora de la empatía es la exposición a la narrativa, al arte de contar historias. El artículo Necesitamos más empatía, necesitamos más historias sostiene que un buen uso de internet y de redes sociales es el de contar historias, y no sólo de ficción: las historias “pueden humanizar a quien hemos deshumanizado, difundir lo positivo cuando todo parece perdido y traer atención a causas sociales importantes”. Contar historias es, a fin de cuentas, una manera de cerrar brechas entre las personas.

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