Los beneficios sociales de contar historias…en las cárceles salvadoreñas.

En una entrada anterior destacamos los beneficios sociales de la lectura, y particularmente del hecho de contar historias, ya sea que leamos las de otros o demos a conocer las nuestras. En la realidad de El Salvador, esta idea se ha puesto a prueba en uno de los ámbitos más delicados pero que tanto urgen de atención: la población reclusa del país.

El artículo Talleres de escritura ayudan a reclusos a encontrar su voz en El Salvador (original en inglés, traducción nuestra) relata parte de esta experiencia:

Xiomara escribió su historia desde prisión como parte de un programa piloto de escritura de memorias llamado Soy Autor, liderado por ConTextos, una organización radicada en San Salvador de capacitación en alfabetización y docencia iniciada por mi amiga, Debra Gittler. El cuento de Xiomara está repleto con el amor de una madre por su hijo, el dolor y el arrepentimiento por las rejas que los separan, y esperanza de redimirse.

 

“Fue una tormenta de emociones”, se refirió ella al proceso de escritura, mientras estaba sentada entre otras 12 compañeras reclusas que participaron en el programa. Guardias de la cárcel utilizando máscaras de ski [con el rostro cubierto] caminaban justo hasta la puerta cerrada que rodeaba el pabellón cercado y de cemento donde las escritoras incipientes se reunían.

Como hemos dicho en otra ocasión, también refiriéndonos a la alfabetización en cárceles salvadoreñas, la única discusión que el grueso de la ciudadanía quiere tener al respecto de las pandillas y otras personas que cometen crímenes es que estas personas deben “eliminarse”; hay que matarlas para resolver el problema y “vivir tranquilos”. Eso es inefectivo, pero nuevamente recalcamos: no se pide que se absuelva a estas personas de sus crímenes. Debe haber firmeza en la aplicación de las leyes y que sean acordes al daño perpetrado, pero también debe haber un horizonte: muchas de estas personas algún día saldrán libres. Toca pensar cómo queremos que salgan, en beneficio de la sociedad, y cómo lograrlo.

Leer y escribir puede parecer inútil para quien ya ha adquirido esas habilidades y las usa cotidianamente, pero como hemos dicho antes, no se debe desestimar la significación material, legal, emocional y social de estas prácticas. Por ejemplo, el dominio sobre documentos construye quienes somos y a que tenemos y no tenemos derecho.

Puede parecer un logro modesto, pero el esfuerzo de ConTextos está basado en la convicción de que las habilidades de lecto-escritura pueden enseñarle a la gente a hacer preguntas críticas y a involucrarse en diálogo y desacuerdos pacíficos. Estos son los núcleos de la democracia, dice Gittler said, y la clave para traer paz a un país atrapado por la violencia. El personal de ConTextos también encontró que la experiencia de contar sus historias ayudaba a los reclusos a procesar y entender el trauma, que ha sido experimentado por buena parte de la población en una ciudad con la oscura distinción de ser la capital de asesinatos en el mundo.

 

La necesidad de responsabilizarse y sanar es clara, aún, o tal vez especialmente, entre los criminales responsables de esta violencia.

 

Talleres de escritura ayudan a reclusos a encontrar su voz en El Salvador

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“El recluso Alex Melgar comparte sus memorias con compañeros de clase dentro la escuela de la cárcel”. Fuente: fusion.net, foto: Jason Bax.

El equipo que impulsa este programa destaca que una iniciativa como esta, por sí sola, no tomará un criminal violento y lo “curará” y lo convertirá en otra persona. Pero el proceso de escritura por el que se aboga es parte del proceso de cambio, pues ayuda a las personas a entender sus propias historias. Poner la experiencia en palabras (una meta esencial también en psicología clínica) clarifica lo ocurrido y le da un sentido. Pero no sólo se busca la sanación de las vivencias personales, sino también generar la conciencia de la responsabilidad por las acciones propias.

Cuando se aboga por “invertir más en educación”, la educación incluye esto. No la mera adquisición de conocimentos sino la construcción de la persona misma. Como decía Ignacio Martín-Baró, no es sólo aprender a leer y escribir palabras, sino aprender a leer la realidad y a escribir la historia propia. Este proceso genera auto-reflexión y responsabilidad por los propios actos. Esto, sin embargo, es un trabajo a nivel personal, acaso comunitario, que debe ir de la mano con cambios a nivel social e institucional. Como se ha señalado, las estructuras sociales median las formas en que la gente puede aplicar y beneficiarse de la alfabetización. Por ello, intervenciones como la mencionada acá, con sus alcances y limitaciones, debe enmarcarse cuidadosamente en el complejo sistema penitenciario salvadoreño.

“Podés darle comida a un niño, pero si no invertís en él, sigue siendo pobre”, dice José Luís Avilés, uno de los 11 hombres reclusos que participan en el taller de escritura. “Pero si podés cambiar cómo piensa una persona, entonces podés lograr un cambio real”.

 

Talleres de escritura ayudan a reclusos a encontrar su voz en El Salvador

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