“Lo hubiera hecho diferente…”.

La responsabilidad que se le atribuye a una persona depende, en parte, de la facilidad con que los demás piensan que ella podría haber actuado de otra manera. “Pudieron haberse ido a otra parte antes de que comenzara a llover…”, “No debió haberse vestido de esa forma…”.

Este fenómeno ha recibido el nombre de “pensamientos contrarios a los hechos” (conterfactual thinking); es la facilidad con la que imaginamos que las cosas “podrían haber sido de otra manera”, la facilidad con la que construimos escenarios en los que aparecen resultados diferentes a aquellos que en la realidad obtuvimos.

Al juzgar el comportamiento de una persona, cuanto más fácil nos resulta imaginar las alternativas, más responsabilidad le atribuimos, pues como recepctores pensamos que dado que la persona podía haber actuado de otra manera, debería haberlo hecho. Cuando la gente actúa de una manera que nos parece “atípica”, violando las expectativas que tenemos de ella, su comportamiento lo percibimos con mayor intencionalidad, es decir, vemos su conducta como el resultado de una elección expresa.

Fuente:
Moya, M. y Rodríguez, R. (2005). Cognición social aplicada (cap. 6). En Aplicando la psicología social. Editorial Pirámide