La urgencia de enseñar a los hombres (y a las mujeres) a no violar.

En los últimos días, los medios han hecho eco de una serie de casos de violación sexual. La violación tumultuaria a una turista suiza en India recordó el caso de una estudiante que, en ese mismo país en diciembre, fue violada en grupo y con barras de metal que le desgarraron los intestinos. Casos igual de brutales con niñas como víctimas han ido saliendo a la luz en India. En Ohio, Estados Unidos, dos jóvenes deportistas (una condición muy valorada socialmente) abusaron sexualmente a una joven de 16 años que estaba inconsciente; ellos y sus amigos grabaron las diferentes formas de abuso a los que la sometieron, y recientemente los dos jóvenes fueron encontrados culpablesEl ejército de Estados Unidos también está en la mira por la altísima prevalencia de violencia sexual. Ni hablar de El Salvador.

Se ha tratado de resolver el problema responsabilizando a las víctimas. Claramente esto no ha dado resultado. Decirle a una mujer “hacé esto para que no te violen” no sólo no es garantía alguna de que no le ocurrirá (más que apariencia y conducta, es cuestión de búsqueda de poder), si no que es una forma de decir “mejor que violen a la otra”, la que no siguió todas las instrucciones. Pocas veces se habla de la responsabilidad de quien comete estos actos, de quien toma la decisión de cometerlos, ya sea por confusión, ignorancia o con toda intención, como explica esta entrada sobre lo que dicen los violadores.

La violación, por su grado de invasividad y secuelas físicas y/o psíquicas, actualmente se está reconceptualizando como tortura. Los jóvenes deportistas de Ohio dijeron no saber que estaban cometiendo violación; para ellos, eso es forzarse violentamente sobre alguien pero no insertar dos dedos en la vagina de una joven inconsciente. En la cotidianidad, dichos humorísticos/estereotípicos como “cuando las mujeres dicen no significa sí (y sus derivados)” terminan reflejándose en crímenes de esta naturaleza, al punto que es difícil discernir si ciertas frases fueron dichas por un violador o por una revista para caballeros (un estudio de Beneyto, publicado en el 2002, también retoma declaraciones de primera mano de violadores, en las que, por ejemplo, aseguraban que sus víctimas dijeron “no” pero realmente querían decir “sí”. Básicamente, las excusas hechas por los violadores son las mismas excusas que hace la gente en general).

Un hombre puede ser víctima de violación, y una mujer puede ser perpetradora. Pero por la naturaleza de este hecho, enraizado en el poder y el machismo, la vasta mayoría de víctimas son mujeres y de perpetradores son hombres. De modo que suele hablarse en esos términos. La entrada Cinco formas para enseñar a los hombres a no violar (en inglés; hemos dejado los enlaces del texto original) sugiere intervenir en el problema real, con los hombres. Por supuesto, las mujeres también pueden beneficiarse de adoptar esta perspectiva:

Cuando dije que “podemos prevenir la violación diciéndole a los hombres que no la cometan”, no estaba expresando una visión de mundo simplista y fantástica. Hay organizaciones como Men Can Stop Rape y Men Stopping Violence [para el caso de El Salvador, Hombres Contra la Violencia] que ya están haciendo el trabajo de ayudar a hombres desde una edad temprana a comprender y cuestionar la cultura de la violación.  Lo interesante es que muchos de los que no estaban de acuerdo con mi argumento decidieron enviarme amenazas de violación, amenazasinsultos, y comentarios despectivos que probaron mi punto de muchas maneras. 

1. Enseñarle a los jóvenes sobre el consentimiento legal:  El consentimiento legal está arriba de mi lista por una razón. Sin él, el contacto sexual con alguien es violación…ya sea que haya tenido la intención de violar o no. Una mujer que está borracha, inconsciente o durmiendo no puede dar un consentimiento legal. Y no se trata sólo de que la mujer diga “no”, realmente trata de asegurarse de que está diciendo

Jaclyn Friedman, autora de Yes Means Yes, acuñó el término “consentimiento entusiasta” que pone de cabeza el lente tradicional con el que vemos  el consentimiento. Ella pregunta, “¿Qué tal sí, en lugar de ausencia de ‘no’, un ‘sí’ entusiasta fuera requerido como estándar para el consentimiento sexual?”

“Lo realmente importante de la educación sobre el consentimiento no es que los violadores no saben que no lo tienen, es que el resto de la gente es muy vaga al respecto en sus propias vidas… El consentimiento en realidad es bastante fácil de comprender. Tenés que preguntar. Es tu trabajo preguntar. No es una cuestión de género. Las mujeres también tienen la responsabilidad de preguntar. Si no hay seguridad, hay que preguntar”. 

Si no se deja claro que el concepto de consentimiento legal es simple y no un área vaga, “estamos removiendo todas las excusas y permitiendo a los violadores salir con toda impunidad. Asumimos que los hombres no comprenden qué es el consentimiento y que no comprenden lo que están haciendo y los dejamos salirse con la suya. Lo más probable es que sepan que no tienen el consentimiento [de la otra persona], aunque no puedan identificar que lo que están haciendo es violación”. Los hombres y niños en tu vida deben querer una pareja que no sólo no sea sumisa, sino que se excite con la idea de tener sexo. Hay que hacerles saber: no querés que una mujer “ceda”, querés una experiencia mutuamente placentera en la que ambas partes participen voluntariamente.

2. Enseñarle a los jóvenes a ver la humanidad de una mujer, en lugar de verlos como un objeto sexual para el placer masculino: Hay una razón por la que las mujeres son avergonzadas para que guarden silencio y por qué los adolescentes en Steubenville, Ohio son grabados por una cámara riéndose sobre la violación de una chica inconsciente en una fiesta. La deshumanización de las mujeres es transversal a todas las áreas de la vida estadounidense [no sólo la estadounidense, de más está decirlo].  

No falta la evidencia de que la cultura de la violación resulta de la objetificación de las mujeres y la visión de que sólo existen para el placer masculino. Cuando un comentador de fútbol americano en ESPN implica que la recompensa por ser un jugador estrella es una novia linda, le resta agencia individual a la mujer. Ella es sólo un objeto para ser poseído. Un objeto para el deseo masculino y nada más.

Los jóvenes de Steubenville no son monstruos. Hicieron algo monstruoso y criminal pero tal vez deberíamos empezar por ya no repetir la noción de que son “criminales! quienes violan a una de cada cinco mujeres. No, son nuestros esposos [ejemplo], novios, conocidos, parientes y amigos, y violan porque no se les enseña a ver a las mujeres como seres humanos totalmente autónomos. 

3. Enseñarle a los jóvenes a expresar una masculinidad saludable: “La pregunta que se está haciendo sobre qué pueden hacer las mujeres para prevenir la violencia contra ellas es la pregunta equivocada. No es lo que una mujer pueda decir o hacer para evitar ser atacada. Necesitamos darle vuelta al paradigma. Necesitamos centrarnos en los mensajes que los hombres reciben y cómo se relacionan a las mujeres”…. Aún más importante, “

debemos…redefinir lo que significa masculinidad…la violación no es por la maldad que hay en el mundo. Se trata de poder y control, en las relaciones y en el mundo. Los mensajes que los hombres reciben sobre masculinidad desde una edad temprana con frecuencia tienen que ver con violencia y ejercer el poder y el control. Necesitamos cuestionar la definición de masculinidad como inherentemente violenta”.

4. Enseñarle a los hombres a creerle a las niñas y mujeres que declaran: La vasta mayoría de mujeres no reportan la violación a la policía y muchas más sólo le cuentan a una o dos personas en confianza. Es un resultado de nuestra tendencia a culpar a la víctima. ¿Qué estabas vistiendo? ¿Cuánto tomaste? ¿Por qué estabas ahí en primer lugar? Cuando escuchamos de un caso de violación en las noticias o sabemos de alguno en nuestra vida, la primera reacción debería ser creer y apoyar a quien acusa. Hay una percepción errónea de que la mayoría de las denuncias de violación son falsas. Eso no es cierto. Cuando una víctima habla, está actuando con mucha valentía, y le debemos el apoyo (dejando de lado la investigación criminal a la ley) y colocar la culpa directa y únicamente en el perpetrador. En Steubenville, por ejemplo, hay prueba fotográfica de la chica siendo arrastrada de lugar en lugar, y aun así los entrenadores de la escuela y los supuestos “adultos” preguntan si la víctima estaba mintiendo o sugieren que ella lo quería. Nadie pide o quiere sufrir violación. 

5. Enseñar a los hombres la intervención del observador [bystander intervention]: Tanto Men Stopping Violence como Men Can Stop Rape tienen talleres de intervención del observador para hombres de todas las edades. “Es la responsabilidad de la comunidad…requerimos que los hombres hablen con otros hombres en su vida y les cuenten de estos programas. Es importante que tengamos redes comunitarias que responsabilicen a los hombres”.

“La sociedad no comprende del todo que la violación no tiene que ver con el sexo. Tiene que ver con el poder y el contro como resultado de la hipermasculinidad. La intervención del observador es intervenir con personas y con pares que se conocen personalmente. 

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