La salud mental, según Erich Fromm.

Las necesidades que [el ser humano] comparte con el animal -hambre, sed, sueño y apetito sexual- son importantes, porque tienen sus raíces en la química interior del organismo (…) pero su satisfacción total no es aún condición suficiente para una buena salud y para el equilibrio mental. Ambos dependen de la satisfacción de las necesidades y pasiones específicamente humanas y que nacen de las condiciones de la situación humana: la necesidad de relación, de trascendencia, de arraigo; la necesidad de un sentimiento de identidad y la de un marco o cuadro de orientación y de devoción. Las grandes pasiones del hombre y la mujer, su ansia de poder, su vanidad, su anhelo por conocer la verdad, su pasión de amor y de fraternidad, su destructividad lo mismo que su creativdad, todos los deseos poderosos que motivan las acciones del ser humano están enraizados en esa específica fuente humana.

La solución del ser humano a sus necesidades humanas es extraordinariamente complicada, depende de muchos factores, y, finalmente -aunque no es lo menos importante-, del modo cómo su sociedad está organizada y de cómo esa organización determina las relaciones de los seres humanos que viven dentro de ella.

La salud mental se caracteriza por la capacidad de amar y de crear, por la liberación de los vínculos incestuosos con el clan y el suelo, por un sentimiento de identidad basado en el sentimiento de sí mismo como sujeto y agente de las propias capacidades, por la captación de la realidad interior y exterior a nosotros, es decir, por el desarrollo de la objetividad y la razón.

La salud mental no puede definirse como “adaptación” del individuo a su sociedad, sino que, por el contrario, se debe definir como adaptación de la sociedad a las necesidades del hombre y de la mujer. Si el individuo está o no sano, no es primordialmente un asunto individual, sino que depende de la estructura de su sociedad. Una sociedad sana desarrolla la capacidad del hombre y la mujer para amar a sus prójimos, para trabajar creadoramente, para desarrollar su razón y su objetividad, para tener un sentimiento de sí mismo basado en el de sus propias capacidades productivas. Una sociedad insana es aquella que crea hostilidad mutua y recelos, que convierte al ser humano en un instrumento de uso y explotación para otros, que lo priva de un sentimiento de sí mismo, salvo en la medida en que se somete a otros o se convierte en un autómata.

Una [idea] decididamente la más popular hoy*, quiere hacernos creer que la sociedad occidental contemporánea, y de modo más especial “el tipo de vida estadounidense”, corresponde a las necesidades más profundas de la naturaleza humana y que la adaptación a ese tipo de vida significa salud mental y madurez. [La definición de E.A. Strecker de] madurez son las virtudes de un buen trabajador, un buen empleado o un buen soldado de las grandes organizaciones sociales de nuestro tiempo; son las cualidades que suelen mencionarse en los anuncios que solicitan un director-ejecutivo-joven. Para él, y para muchos otros que piensan como él, madurez es lo mismo que adaptación a nuestra sociedad, sin preguntarse nunca si esa adaptación que experimenta es la adaptación a un modo saludable o a un modo patológico de conducir la vida.

Erich Fromm. Salud mental y sociedad, pp. 62-70.

* Hoy, en el 2010, sin duda. Y eso que estos escritos son de mediados del siglo XX…

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