La psicología y la tortura.

La semana anterior, el Senado de Estados Unidos publicó un reporte sobre el Programa de Detención e Interrogación de la CIA. En el reporte, los psicólogos James Mitchell y Bruce Jessen son señalados como los encargados de los métodos “duros” de interrogación. También se señala que no tenían experiencia previa en métodos de interrogación, lo que generaba la desconfianza de parte del personal de la CIA.

En un post anterior hemos hablado sobre la tortura y su intención de generar shock para anular a la persona (en este mismo post aparece mencionado James Mitchell). Y este reporte tampoco es información nueva. En el artículo publicado en 2008 Psicología, Ética y Seguridad Nacional: El Rol de los Psicólogos (en PDF), la psicóloga chilena Elizabeth Lira hace un recorrido por el involucramiento de la psicología estadounidense en la tortura, habitualmente en tierras extranjeras, destacando la dictadura en Chile iniciada en 1973, las cárceles de Iraq, Afganistán y la de Guantánamo en tiempos más recientes. Desde al menos el 2004, la información del reporte es conocida, pero -lastimosamente- no difundida.

En el artículo de Lira también se mencionan a Mitchell y Jessen, y el diseño y aplicación de “interrogatorios duros” a prisioneros. Ahora se conoce que ganaron 80 millones de dólares por ello y continúan defendiéndose ante las acusaciones. En el artículo Vendedores de aceite de víbora vendiendo tortura, se ahonda en qué consistían estos interrogatorios y su error fundamental (las negritas son nuestras):

Por interrogatorios aquí, por supuesto, nos referimos a la tortura, que incluye “el submarino”, alimentación innecesaria a través del ano, privación de sueño, violencia, amenazas, confinamiento en cajas en forma de ataúd durante días y dolorosas posturas de tensión.

El enfoque de Mitchell y Jessen fue equivocado desde el principio, ya que se basa en un malentendido fundamental de la teoría de la que parte su enfoque.

Ellos frecuentemente son citados en el informe diciendo que su método de interrogatorio estaba dirigido a inducir un estado de “indefensión aprendida”.

Este es un concepto desarrollado por el psicólogo Martin Seligman [Nota de Psicoloquio: también cuestionado en su comportamiento ético, por este experimento y por posible apoyo a la tortura], quien señaló que si se impide que los animales escapen cuando reciben descargas eléctricas,  algunos eventualmente dejaban de intentarlo y caían en un estado de pasividad mientras eran electrocutados repetidamente.

Seligman argumentó que esto podría explicar la depresión: las personas que experimentan múltiples tragedias incontrolables simplemente pierden la motivación y dejan de intentar mejorar las cosas.

No es una gran teoría de la depresión, pero sí describe la pérdida de un comportamiento coherente de auto-ayuda que aparece en algunas personas que no tienen control sobre situaciones de abuso.

Mitchell y Jessen querían inducir este estado en los detenidos, pensando que los haría más propensos a cooperar.

Esto, para ser franco, es muy extraño. La teoría predice que ocurriría lo contrario y esto es, de modo sombrío, exactamente lo que ocurrió.

[…]

Un miembro del staff de la CIA comprendió exactamente la psicología contraproducente de estas técnicas, al notar que “creemos que emplear estas técnicas mejoradas no lograrán nada excepto mostrarle [al prisionero al-Nashiri] que él será castigado ya sea que coopere o no, erosionando así cualquier deseo remanente de continuar cooperando”. Esta es la indefensión aprendida en acción.

El autor de este post señala a éste como un error monumental de la CIA, al no detectar el “aceite de víbora”, el fraude: permanece la pregunta de por qué a estos dos psicólogos se les permitió un rol tan poderoso en los interrogatorios, a pesar de su falta de experiencia, la base incoherente de sus ideas, la falta de resultados, los métodos abusivos y masivos conflictos de interés. El reporte menciona que psicólogos establecidos de la CIA repetidamente se mostraron preocupados por lo que estaba ocurriendo, pero fueron ignorados.

La Asociación Estadounidense de Psicología se tomó su tiempo para declarar y posicionarse con respecto a la tortura, que no es de extrañar, considerando los intereses involucrados:

La situación surgida en la APA reproduce la discusión sobre las justificaciones políticas (en nombre de la defensa de la patria y de la seguridad interior del Estado) que tendrían algunas prácticas anti-éticas en contextos de guerra y de la lucha contra el terrorismo, como las que se produjeron en distintos países de América Latina durante la segunda mitad del siglo XX bajo las dictaduras militares y regímenes de facto. En América Latina, la discusión sobre estos temas desapareció de las esferas académicas y profesionales con las transiciones políticas, como si las violaciones de derechos humanos hubieran sido asuntos completamente superados.

[…]

En la década de 1980, se incorporaron médicos a los interrogatorios que hacía la Central Nacional de Informaciones (CNI), la policía política secreta en Chile [en el periodo de dictadura]. Se afirmó entonces, como ahora en Estados Unidos, que era una forma de proteger al prisionero. El Colegio Médico de Chile denunció la actuación de los médicos en los interrogatorios y en cualquier otra actuación relacionada con la situación de los prisioneros políticos como una conducta contraria a la ética profesional. Se hizo referencia a las circunstancias en las que los médicos “han examinado a víctimas de la tortura antes de su liberación, pero no informaron sobre la existencia de lesiones derivadas de la tortura”, señalando que ese examen final era una rutina que en lugar de proteger al prisionero “permite todo tipo de excesos en total impunidad”, al contar con la complicidad de los médicos para desvirtuar las denuncias de las propias víctimas” (Stover, 1987, pp. 73-74). Sobre este punto, al analizar el rol de los médicos en la represión política en el Cono Sur en América Latina, Stover señalaría que “la supervisión de la tortura desde una perspectiva médica equivale a la evaluación periódica de la capacidad de la víctima para soportar un tratamiento cruel” (p. 69).

Psicología, Ética y Seguridad Nacional: El Rol de los Psicólogos

A pesar de las apariencias, la psicología no se ha quedado callada ante los abusos. A lo mucho, los medios de comunicación fallan en destacarlo, al menos tanto como destacan los comportamientos anti-éticos. Continua Elizabeth Lira:

En 2005, diversos grupos de psicólogos de los Estados Unidos y colegas de diferentes países efectuaron una Petición a la [APA], denunciando el incumplimiento por parte del gobierno de los Estados Unidos de la Convención de Ginebra y de la Convención de las Naciones Unidas en Contra de la Tortura, en el trato de detenidos bajo su custodia y de la supuesta participación de psicólogos en el maltrato de detenidos.

Philip Zimbardo, psicólogo reconocido por su experimento de la cárcel de Stanford, ha seguido desde finales de los 60s la línea de investigación sobre la interacción individuo-situación, la maldad y, en los últimos años, el heroísmo. Zimbardo, desde mediados de la década del 2000, señaló públicamente, y con evidencia científica (véase el libro El Efecto Lucifer), la urgencia de llevar a juicio a George Bush y a otras autoridades del gobierno de Estados Unidos, quienes no sólo estaban al tanto de las torturas cometidas sino que las alentaban. Se sabe que Bush conocía el programa de torturas.

Actualmente, se multiplican voces que piden enjuiciar a responsables de EE.UU. por tortura (las negritas son nuestras):

Hoy, tres de los ex directores más recientes de la CIA –George Tenet, Porter Goss y Michael Hayden– escribieron un artículo en The Wall Street Journal denunciando que el informe “estaba viciado por errores de hecho e interpretación”. Vale recordar que Tenet –director de la CIA al inicio de este programa– respondió enfática y repetidamente que “no torturamos gente” en entrevista con el programa 60 Minutos de CBS News en 2007.

Por otro lado, el argumento de que el empleo de tortura por el gobierno de Estados Unidos es excepcional y sólo producto de una emergencia nacional fue puesto en duda esta misma semana. Un día después de que el Senado emitió su informe sobre el programa de la CIA, en Brasil la Comisión Nacional de la Verdad emitió su propio informe final sobre las violaciones de derechos humanos cometidas por la dictadura militar en el cual documenta que oficiales estadunidenses capacitaron durante años a sus contrapartes brasileñas en técnicas de tortura.

Sin embargo,

No está claro…cómo los funcionarios de derechos humanos creen que estos juicios [a los participantes de la tortura] se llevarán a cabo, ya que el Departamento de Justicia [de Estados Unidos] se ha negado a procesarlos y los EE.UU. no es miembro de la Corte Penal Internacional.

Zeid Raad al-Hussein, el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, dijo que es “muy claro”, en virtud del derecho internacional, que los Estados Unidos, que ratificó la Convención contra la Tortura en 1994, ahora tiene la obligación de garantizar la rendición de cuentas.

Desde hace décadas se ha establecido que los métodos coercitivos de interrogación son inefectivos, y hay maneras de llevar a cabo interrogatorios sin causar daño a las personas detenidas.

Dentro del debate que ocurrió en el 2008, y que seguro reavivará con el reporte sobre tortura, la APA estableció que:

Los psicólogos no pueden trabajar en lugares donde hay personas que están detenidas al margen o en abierta violación de la ley internacional (La Convención de Naciones Unidas contra la Tortura o las Convenciones de Ginebra) o de la Constitución de los Estados Unidos si corresponde, a menos que estén trabajando directamente a favor de las personas que se encuentran detenidas o para una tercera parte independiente que trabaje por los derechos humanos. (APA, 2008, Septiembre 17, 1).

Psicología, Ética y Seguridad Nacional: El Rol de los Psicólogos

Una de las maneras de trabajar a favor de los derechos humanos en el tema de tortura es utilizando el Manual de Investigación y Documentación Efectiva sobre Tortura, Castigos y Tratamientos Crueles, Inhumanos o Degradantes, mejor conocido como El Protocolo de Estambul para la documentación de tortura y sus secuelas.

El reporte sobre la tortura publicado por el Senado de Estados Unidos se encuentra disponible para descarga en PDF.

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