La psicología en el contexto de desastres (II): estudios en El Salvador.

Los niveles de prevención de los que hablamos en la entrada anterior son un marco que permite enfocar las acciones necesarias para hacer frente a desastres socionaturales. Estos desastres parecen ir aumentando, en frecuencia y en intensidad, y El Salvador ha sido y sigue siendo un país particularmente en riesgo:  inundaciones cada época lluviosa, y, cíclicamente, terremotos, maremotos, huracanes, y erupciones. Esta vulnerabilidad no ha sido suficiente para movilizar a las autoridades, para fortalecer la preparación de la población y los cuerpos de emergencia ante estos desastres. Por ello éstos se repiten una y otra vez, dejando cuantiosas víctimas y pérdidas materiales.

La psicología salvadoreña ha visto limitado su rol para aportar a estas situaciones de emergencia, por una serie de razones que van desde el funcionamiento de la profesión en el país hasta el escaso apoyo institucional y social. Aun así, existe un sector de profesionales de psicología que responden a estas emergencias como voluntarios, y otro que investiga las dinámicas sociales que surgen en esas emergencias, para obtener conocimientos aplicables en el futuro.

[Los terremotos de 1986 y 2001 llevaron] a un crecimiento profesional, especialmente de nuevas propuesta como la psicología de la salud, psicología comunitaria y auxilios psicológicos. Desde esta experiencia, los profesionales de la Universidad de El Salvador iniciaron actividades de formación en intervención en crisis. La Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) en coordinación con otras instituciones y el Departamento de Psicología elaboró una serie de Manuales para la atención en crisis producto de eventos naturales como huracanes y terremotos […] Estas circunstancias [de desastre] llevaron a realizar un cambio de la perspectiva de la atención psicológica, haciendo que se traslade de la atención individualista a la grupal.

 

Haciendo psicología en El Salvador

Uno de las investigaciones referidas anteriormente es el rol activo de la niñez y adolescencia en desastres socionaturales (Relacionado: La niñez como agente de cambio en la reducción del riesgo de desastres – en inglés), que, con casos de El Salvador y Filipinas, intenta re-enfocar el papel pasivo que se le otorga a la niñez y adolescencia cuando ocurre una emergencia. El resumen del estudio es el siguiente:

En la literatura sobre cambio climático y desastres, la niñez y juventud comúnmente es tratada como víctimas de eventos naturales que requieren protección de los adultos. Este artículo critica esa narrativa, tomando ejemplos de Filipinas y El Salvador que exploran cómo grupos de niños han respondido a estas problemáticas a través de iniciativas centradas en la niñez. Esto destaca la importancia de comprender las percepciones de la niñez y sus maneras de comunicar el riesgo que enfrentan sus vidas, su potencial como agentes de cambio en la prevención de desastres y adaptación al cambio climático, y las implicaciones para la teoría y la práctica de la participación de la niñez, particularmente en países en vías de desarrollo.

Otro estudio, realizado conjuntamente con investigadores de El Salvador, España y Holanda, se centró en personas refugiadas tras los terremotos del 2001 en El Salvador. Comparando dos grupos de personas refugiadas, según su grado de sentido comunitario, se estudiaron factores de intervención que permitirían un mejor afrontamiento de situaciones catastróficas. El resumen de esta investigación es el siguiente:

Una investigación-acción participativa se condujo en dos de los refugios más grandes establecidos luego de los terremotos en El Salvador (2001). Ciento quince entrevistas semi-estructuradas fueron realizadas con personas refugiadas, entrevistas que posteriormente fueron la base para un plan comunitario auto-gestionado. Las comparaciones entre los dos refugios -que diferían principalmente en si los grupos de tiendas de campaña reflejaban la comunidad de origen de los sobrevivientes (refugio Santa Gertrudis) o no (refugio El Cafetalón)— mostró que las personas refugiadas en Santa Gertrudis participaban con mayor frecuencia en actividades comunitarias, y tenían más memorias positivas, menos sentimientos de humillación y menos incomodidad emocional que las personas en El Cafetalón. Los resultados sugieren que las formas de organización y gestión que consideran elementos de dignidad, participación y respeto por la capacidad de las víctimas para controlar sus propias vidas son factores relevantes para el afrontamiento efectivo, individual y comunitario, después de una catástrofe.

El alcance de estudios como estos dependen de que sean retomados por otros profesionales en áreas afines, y por las autoridades que toman decisiones y generan políticas relacionadas con prevención y afrontamiento de desastres, a nivel local y nacional. La realidad muestra que esto no ocurre. Aun más, la psicología en contextos de desastre sigue siendo relegada a un papel de escucha y re-elaboración emocional, en una situación en la que hay otras prioridades:

Inicialmente se creía que legiones de terapeutas eran necesarios para trabajar con todas las personas afectadas por la devastación, para que dieran sesiones de “desahogo [debriefing] del estrés ante eventos críticos” -donde la gente describe lo que le ocurrió y descarga sus emociones- supuestamente para prevenir que se desarrollen problemas a largo plazo.

 

En lugar de ello, estudios sugieren que esto era, cuando menos, inútil, y probablemente aumentaba la probabilidad de desarrollar algún trastorno, probablemente porque aumenta o extiende el nivel de estrés en personas que ya están estresadas.

 

Tal vez no sea sorprendente, pero la mayoría de víctimas de desastres no tienen interés en explorar sus emociones, sino que quieren encontrar un lugar seguro, saber cómo están sus familiares y amigos, y resolver problemas prácticos inmediatos. Esto por sí solo ayuda a que la gente se sienta mejor.

 

Los mitos de la consejería post-desastre (en inglés)

En la próxima entrada, revisaremos brevemente las propuestas actuales de la psicología frente a la tradición del debriefing.

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