La receta para el comportamiento agresivo al volante.

En su corto de 1950, Motor Mania, Goofy interpreta a Mr. Walker [Sr. Peatón], un ciudadano que sigue la ley, amable y cortés…hasta que se sube a su carro. De repente, el señor Walker pasa a una transformación como la del Sr. Hyde, convirtiéndose en Mr. Wheeler [Sr. Conductor], un imprudente, egoísta, “incontrolable monstruo”. Envuelto en su “armadura personal”, el señor Wheeler le grita a otros conductores, pierde los estribos a la menor provocación percibida, y en todo momento se considera a sí mismo un buen conductor.

 

Usted es Goofy. Usted lo es. ¿Pero por qué?

 

Gran pregunta: ¿Por qué soy una persona horrible al conducir?

Actuar groseramente es contagioso, como cualquier persona observadora habrá notado, y como se encontró en un estudio en un entorno laboral: quienes negociaron con alguien que luego evaluaron como grosero tenían más probabilidades de ser groseros con un tercero. Ocurre que luego de experimentar un trato descortés, la gente tiende a anticiparlo más e incluso verlo donde no lo hay, cuando el trato es ambiguo:

Esto muestra cómo al experimentar un trato grosero éste destaca en nuestra mente, lo cual puede matizar cómo interpretamos los comportamientos de otras personas, por ende influenciando nuestro propio comportamiento.

Por otro lado, tenemos el concepto de “desindividuación”: la falta de auto-consciencia que conlleva la falta de responsabilidad individual. Este fenómeno ocurre en muchos escenarios (por ejemplo, que involucran dinámicas grupales) pero el anonimato, como vimos en las entradas del acoso en línealas ventanas rotas, es siempre un ingrediente esencial. El anonimato puede ser real o percibido.

En psicología social se ha estudiado el efecto del anonimato a través, por ejemplo, de los experimentos de Zimbardo (relacionado con las ventanas rotas y el efecto Lucifer), y Diener que abordaban el efecto del anonimato en el comportamiento. El primero llevó a cabo un experimento en el que mujeres que ocultaban su rostro daban más electrochoques a otros sujetos que mujeres que usaban una etiqueta con su nombre. El segundo estudió el fenómeno en niños disfrazados para Halloween que tenían la oportunidad de robar dulces y dinero, cuando eran identificados y cuando no.

Mientras que el anonimato no engendra automáticamente acciones antisociales, puede llevar a comportamientos más agresivos e inhibidos, sostiene el psicólogo  Jamie Madigan. ¿Cuáles son esas condiciones? Formar parte de un grupo y no ser responsabilizado por las acciones propias. Por ejemplo, juegos, foros y mensajería en línea, dice Madigan, que trabaja con la psicología de los videojuegos. El anonimato, sostiene, “deja a la gente más susceptible a la sugestión o a ser influenciada por condiciones reales o percibidas”.

 

Y resulta que los carros funcionan de modo similar a una máscara que oculta la identidad. En su libro, Traffic: Why We Drive the Way We Do, el periodista Tom Vanderbilt señala que mientras maneja, la gente está rodeada de otros (es parte de un grupo) y sin embargo está aislada (anónima), dentro de conchas de metal y vidrio.

 

Gran pregunta: ¿Por qué soy una persona horrible al conducir?

Las condiciones para la desindividuación que lista Zimbardo pueden muy bien ser las condiciones en la calle: anonimato, difusión de responsabilidad, actividad grupal, perspectiva temporal alterada, excitación emocional y sobrecarga sensorial. Además, dentro del carro se pierde la habilidad de comunicación, salvo por medio primitivos y sin matices: tocar la bocina, hacer gestos con las manos, señalizar con luces.

Mientras ello ocurre, tendemos a hacer evaluaciones (atribuciones) simplistas, e incluso erróneas, de los motivos de los otros conductores. El otro conductor giró rápidamente y casi me choca porque no sabe manejar; yo giré rápidamente y casi choco a otro porque había un bache profundo en la calle. En este sentido, nos evaluamos a nosotros mismos con menos severidad que a otros. Pero esto no viene al caso mientras conducimos: respondemos, como se establece en la economía conductual, con la emoción y no con la lógica.

Por último, el artículo ¿Por qué soy una persona horrible al conducir? sugiere una pequeña solución a esta actividad que desencadena nuestro lado más irracionalidad: agregar un pasajero:

Los pasajeros rara vez parecen molestarse tanto como los conductores. Ocasionalmente, pueden incluso cuestionar el sentido de indignación moral del conductor y proveer una dosis saludable de vergüenza y objetividad. “Los estudios que han examinado la actividad cerebral de conductores y pasajeros mientras se encontraban en conducción simulada muestran que en ambos se activan diferentes regiones cerebrales”, escribe Vanderbilt. “Ambos son, efecto, personas diferentes”. Y cuando usted considera que los conductores solitarios tienden a manejar de modo más agresivo, el carpool casual puede ser tanto una manera de ahorrar dinero como una gran forma de terapia en el camino.

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