La influencia de la dieta en la salud mental.

Algunas ramas de la psiquiatría y la psicología han puesto progresivamente más atención a la relación entre la alimentación y los trastornos mentales, trabajando de cerca con otras disciplinas, como la biología y la nutrición. De las investigaciones realizadas hasta la fecha, la evidencia obtenida muestra que “la dieta es tan importante para la salud mental como lo es para la salud física” (aquí usamos la palabra dieta como sinónimo de hábitos alimentarios, y no como restricciones específicas en el consumo de alimentos). Pocas personas tienden a poner atención a los efectos de su alimentación más allá de los inmediatos, como malestares específicos o cambios de peso.

Algunos hallazgos de las investigaciones sobre dieta y  bienestar, por ejemplo, una conexión entre las bacterias del sistema digestivo y la salud mental:

Médicos expertos han llegado a comprender que la bacteria que vive en nuestro tracto digestivo tiene impacto en nuestra salud general. Generalmente se acepta que el balance y la variedad de estas bacterias afectan condiciones gastrointestinales como el Síndrome del Intestino Irritable y la enfermedad de Crohn, así como problemas de la piel, obesidad, y diabetes. Pero, de modo interesante, más y más investigaciones están mostrando la conexión aparente entre la salud de nuestra flora estomacal y la salud mental, y otras condiciones como el autismo y la esclerosis múltiple.

Específicamente, se sugiere que lo que comemos influye en nuestro humor:

Una investigación reciente concluyó que la dieta baja en fibra y alta en azúcares refinadas y grasas saturadas puede afectar nuestra salud mental. No sabemos cómo ocurre esto, pero sabemos que una dieta “estilo occidental” puede cambiar los tipos de bacteria que viven en el estómago. Estas bacterias, al mismo tiempo, pueden afectar el humor. Por ejemplo, esta clase de bacterias puede interferir con las hormonas que regulan los antojos o el grado en que usted se preocupa por cosas.

Ciertos patrones de alimentación, como las dietas altas en grasas saturadas, pueden volver más lento el funcionamiento cerebral (aquí el estudio original):

Las grasas saturadas tienen un efecto directo en el hipotálamo, un área del cerebro que es crítica para regular el hambre. Comer grasas saturadas podría, por tanto, hacer más difícil controlar los hábitos alimentarios. Las grasas saturadas pueden dificultar controlar qué tanto usted come, los tipos de comida que escoge consumir y cuando parar de comer.

La relación entre probióticos y bacterias del sistema digestivo también parece contribuir a aminorar ciertos estados psicológicos negativos:

…se investiga una posible conexión entre alimentos fermentados, que contienen probióticos, y la ansiedad social. La corazonada de los investigadores resultó estar en lo correcto cuando encontraron que adultos jóvenes que comían más alimentos fermentados tenían menos síntomas de ansiedad social. Este efecto era mayor entre quienes mostraban un riesgo genético para el trastorno de ansiedad social, medido a través del neuroticismo. Los resultados de este estudio fueron publicados en Abril en la revista Psychiatry Research.

 

“Es probable que los probióticos en los alimentos fermentados cambien favorablemente el entorno en el aparato digestivo, y que estos cambios, a su vez, influencen la ansiedad social”, sostuvo Hilimire, profesor del Departmento de Psicología. “Creo que es absolutamente fascinante que los microorganismos en el estómago puedan influenciar la mente”.

 

Fuente

Por otro lado, la relación entre comida chatarra y depresión también se ha examinado, a través de un estudio de cuatro años con 70,000 mujeres postmenopáusicas:

La respuesta hormonal para reducir azúcar en la sangre puede causar o incrementar cambios en el ánimo, fatiga, y otros síntomas de depresión.

 

Específicamente en mujeres post-menopáusicas, este estudio mostró que puntajes más altos en el índice glicémico, y una dieta de azúcares y granos altamente refinados, corresponden con un mayor riesgo de iniciar síntomas de depresión. También ocurrió lo opuesto: un riesgo reducido de sufrir depresión correspondía con el aumento del consumo de una dieta más balanceada de fibra, granos enteros y vegetales.

 

Otros investigadores han encontrados resultados similares. Un estudio de 3,456 personas de edad media, publicado en el British Journal of Psychiatry, encontró que aquellos con una dieta alta en alimentos procesados mostraba un aumento del 58% en el riesgo de sufrir depresión, comparado con personas cuyas dietas contenían más ingredientes naturales tenía una reducción del 26% en el riesgo de sufrir depresión.

sandia

Fuente: Pexels.

Un último ejemplo de esta línea de investigación es el estudio de tres años, llevado a cabo con 900 niños, sobre el desarrollo de la selectividad en los alimentos y signos de trastornos como ansiedad, hiperactividad o depresión. Si bien la selectividad que algunos niños muestran al comer puede sugerir ansiedad, la selectividad no es causa de la ansiedad; es más probable que ambas estén relacionadas:

Nancy Zucker, directora del Duke Center for Eating Disorders, donde se llevó a cabo el estudio, explicó a NPR que la selectividad al escoger alimentos podría resultar de una sobresensibilidad al sabor o a la textura. “Son más sensibles al sabor, al olor, a la textura, o a claves visuales como la luz”. Niños con esta sensibilidad “potencialmente tienen una experiencia de vida más rica y vívida”,  Zucker declaró. Pero “esto podría ser una vulnerabilidad si cruza el umbral en que comienza a perjudicarles”.

Se debe tener en cuenta que ninguno de estos estudios, y otros similares,  “comprueban al 100%” los hallazgos que han declarado. Muchas condiciones, como las características de las personas que participaron en estas investigaciones, dan cuenta de esta relación dieta-bienestar. Por otro lado, los hábitos alimenticios raramente serán por sí solos “causa” o “cura” de fenómenos tan complejos como trastornos  o enfermedades.

No obstante, resultados como los que hemos revisado acá son lo suficientemente consistentes como para considerarlos a la hora de establecer y modificar hábitos alimentarios. Estudios en Chile con estudiantes universitarios han mostrado la importancia de los hábitos alimentarios (lo que se come y en qué cantidad, pero también en qué contexto) en la salud y en el bienestar subjetivo, a corto y largo plazo. Más que una dieta temporal restrictiva, -fuera de las prescripciones médicas- los hábitos alimentarios deben ser sostenibles y sostenidos en el tiempo.

Relacionado:
Los 10 mitos de las dietas (BBC).

Escribe tu comentario