La importancia de aburrirse.

Antes hablamos de la importancia de volver a la lectura y escritura en papel, aun cuando las pantallas y los teclados sean herramientas requeridas y ubicuas. Y en parte por estas herramientas, el estilo de vida actual de muchas personas permite no tener cómo aburrirse. O, al menos, tener siempre distracciones a la mano, particularmente gracias a las tecnologías de comunicación y entretenimiento.

Si nos encontramos con una cola en el supermercado, sacamos el smartphone y revisamos el feed de Twitter, y aprovechamos para quejarnos de tener el cajero más lento de la faz de la Tierra. Con esto, eliminamos lo que antes habría sido un momento de aburrimiento.

No obstante, al eliminar el aburrimiento de nuestras vidas, eliminamos también algo muy importante: la manera en la que nuestro cerebro funciona cuando está aburrido. Eliminamos, entre otras cosas, la capacidad de soñar despiertos, que es el génesis de la creatividad y la generación de nuevas ideas. Es decir, si no podemos aburrirnos, no podemos crear cosas nuevas, sino que funcionamos como autómatas a través de los bucles de nuestras rutinas.

El culto a estar “ocupado” y la importancia del aburrimiento

No se trata de rechazar el uso de las tecnologías antes mencionadas. Pero son justamente eso, herramientas, vehículos para generar y compartir contenido. Aunque pueden ser útiles para “pasar el tiempo”, usarlos en todo momento suprime algunos estados internos que podrían resultarnos beneficiosos a largo plazo, aunque nos resulten aversivos en el momento:

El aburrimiento históricamente ha sido una importante fuente de creatividad- pues es un estado que nos obliga a pensar en nosotros mismos, y para superarlo nos obliga a cambiar de actividades y buscar ya sea la productividad o el entretenimiento.

La ciencia detrás del aburrimiento

Los periodos en que “no hay nada que hacer” son necesarios para generar ideas, pues estamos libres de estímulos que demandan nuestra atención.

La distracción de nuestros propios procesos internos es una forma en que la tecnología en línea puede ser vista como enemigo de la creatividad. Otra es su falta de estructura. La importancia de las historias, cree [la neurocientífica Susan] Greenfield, es que “una historia da una narrativa de un comienzo, un desarrollo y un final, donde las acciones tienen consecuencias”. Y las relaciones con los personajes tienen importancia. “Eso es lo que no se obtiene si sólo estás en el ciberespacio accediendo a cosas al azar”. Grayson Perry tiene una preocupación diferente sobre el mundo virtual de las redes sociales. Él cree que está contribuyendo a una generación de gente que cada vez más tiene referencia externa a sus sentimientos. Él dijo: “No es tanto cómo se sienten acerca de algo – es la forma en que piensan que puede parecer a los demás”.

¿Se aburre? ¡Saque algo de eso! (en inglés)

¿Por qué alguien querría ser creativo? Habrá gente que no lo necesita y está bastante bien pasando el tiempo frente a su teléfono, encontrándose con cosas nuevas mientras pasa el dedo por la pantalla. Ello no es el fin del mundo, por supuesto. Pero sin necesidad de ser creativo, el dedicarse a los propios procesos internos, el evitar estar distraídos, permite poner atención a nuestro entorno y que nos conozcamos mejor y, dentro de eso, saber qué y cómo pensamos, y por qué. Y en muchas ocasiones en este blog hemos hecho énfasis en la importancia de ello, pues eso sí tiene consecuencias en el mundo inmediato en que vivimos.

Por otro lado, dejar espacio al aburrimiento puede ser frustrante, y los intentos de obtener algo productivo de ese estado pueden ser decepcionantes. Eso está bien también. Adam Phillips, reconocido terapeuta y autor británico, habla sobre la demanda de ser felices, cómo esta demanda distrae de aprender a lidiar con las ambivalencias de la vida, y la frustración (traducción nuestra):

Es como si tuviéramos fobia a la frustración, por lo que el momento en que aparece un sentimiento de frustración, tiene que ser llenado con algo. Es un poco como la madre que sobrealimenta a su hijo. Lo hace para evitar que el niño tenga hambre, porque el hambre es tan aterradora. Ahora me parece que hay un intento de excluir el hambre, de excluir la capacidad de las personas para pensar en lo que realmente falta en sus vidas, lo que pueden querer y lo que podrían hacer para obtenerlo. Las fantasías de satisfacción son saboteadoras del placer.

En esta maravillosa entrada, se destaca el ensayo de Phillips “Sobre estar aburrido” (“On being bored”). En él cuenta la historia de uno de sus pacientes, un niño de 11 años a quien su madre no le permitía estar aburrido. Ser bueno era no tener el vicio del aburrimiento:

Con qué frecuencia, de hecho, el aburrimiento del niño se encuentra con aquella forma más desconcertante de desaprobación, el deseo del adulto de que se distraiga…como si los adultos han decidido que la vida del niño debe ser, o ser vista como, infinitamente interesante. Es una de las demandas más opresivas de los adultos el que el niño deba estar interesado, en lugar de que se tome el tiempo para encontrar lo que le interesa. El aburrimiento es parte integral del proceso de que cada quien se tome su tiempo.

Y finalmente:

Esta, creo, es la forma en que nosotros como adultos en el mundo moderno a menudo pasamos por la vida. Nuestra versión de ser bueno es ser productivo. Con la constante elección de distracción o ajetreo – dos caras de la misma moneda – buscamos evitar el aburrimiento y pasividad, pero terminamos robándonos a nosotros mismos de la presencia, porque la presencia presupone un desapego de lo que esperamos y lo que ha de venir, y tener los pies sobre la tierra atentamente a lo que es. Esta es la patología cultural de nuestro tiempo: si dejáramos de hacer lo que hacemos, podríamos no saber quiénes somos.

El legendario psicoanalista Adam Phillips sobre por qué la capacidad de aburrimiento es esencial para una vida plena

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