La “escucha exquisita” en la prevención del suicidio.

El suicidio es un tema del que se habla poco en El Salvador, a pesar de que se reporta como un problema de salud pública (trivia: en Estados Unidos se reporta un suicidio diario entre soldados que han vuelto de la guerra). El año pasado, Facebook lanzó una iniciativa para la prevención, y desde hace años en los buscadores de Google y Yahoo al buscar la palabra “suicide”, el primer resultado que aparece es el número de una línea telefónica de ayuda. En nuestras latitudes, la atención a este tema es mínimo y sigue siendo un tabú, y la persona con intención suicida recibe más juicios que ayuda por parte de la sociedad.

Hace 50 años se creó en Estados Unidos la primera de estas líneas de ayuda. Hasta entonces, la persona suicida podía llamar al 911 y ser enviada a la cárcel, podía llamar a un sacerdote y ser condenada por pecadora, o podía llamar a algún psiquiatra, que probablemente no estaría en horario de trabajo y habría que dejarle un mensaje. Reproducimos el artículo al respecto, no sólo por la importancia de los aportes, sino también en caso de que usted alguna vez se encuentre ineludiblemente frente a una persona suicida, para que tenga una idea de qué hacer (mientras llega la ayuda calificada, se entiende; en situaciones como estas no hay garantía de que la persona será disuadida, pero es lo que mejor ha funcionado, según la experiencia).

En 1962 [Bernard Mayes] creó la primera línea de prevención de suicidio en los Estados Unidos, basado en el instinto que los pacientes suicidas sólo necesitaban ser escuchados. Sin una formación como psiquiatra, Mayes institucionalizó una idea innovadora: que no se necesita un grado de doctor para salvar la vida de alguien, lo que se necesita es la voluntad de escuchar. Él viajó a San Francisco para crear un programa basado en este concepto, y lanzó la organización de San Francisco para la Prevención del Suicidio, un centro telefónico de crisis con gente voluntaria, no calificada, común. Su trabajo era tomar las llamadas y mantenerse en la línea.

Mayes me contó sobre una de sus primeras llamadas. La persona al otro lado sostenía un revólver, le dio la vuelta al cilindro cerca del teléfono y lo hizo sonar una y otra vez. “¡Ves, está listo! ¡Lo tengo listo!”, decía. “Déjame preguntarte, ¿qué harías aquí?” Mayes me preguntó. Un profesional médico probablemente preguntaría “¿Cuál es su nombre?”, porque según el protocolo, lo primero es obtener información del paciente. Pero al teléfono, Mayes no quería un nombre, quería que quien llamaba bajara el arma. “Esa es la primera cosa que diría. Baja el arma y hablemos”.

Eve Meyer, la directora ejecutiva actual de Prevención del Suicidio en San Francisco llama a este abordaje “escuchar exquisitamente”. Sin interrupciones, sin clamar para resolver el problema, sólo una escucha activa, centrada. 

Mayes está de acuerdo en que escuchar es sólo el primer paso para la recuperación. “Siempre pensé en esta línea como un enlace entre la gente y la ayuda que necesitan”, me dijo. “No puede brindar ayuda real, pero toma a la persona de la mano y le muestra adonde puede ir para conseguir ayuda. Es un enlace vital entre ambos”. 

La ciencia aún tiene que comprender el suicidio. A veces acompaña a la depresión, pero no todo el tiempo. […] Una de las contribuciones más importantes a nuestra comprensión del problema provino de la investigación de Schneidman: los impulsos suicidas son breves, no duran mucho. Mientras la depresión puede durar años, el deseo de matarse va y viene, cambia como la marea. La clave es saber intervenir cuando el impulso llega a su punto más alto.

“No creo que [el suicidio] sea un pecado o un crimen. Creo que es un signo de dolor y miseria verdaderos. Creo que hay circunstancias razonables y racionales que hacen que quieras quitarte la vida” […] La complejidad [del suicidio] no ha evitado que la sociedad juzgue al suicida, antes que empatizar con él. El férreo estigma aún asociado al suicidio hace que estas líneas anónimas sean aún más importantes. Quienes llaman lo hacen sabiendo que la persona al otro lado de la línea no les colgará, y que no los acusará de ser débiles o egoístas.

Escucha exquisita: la primera línea de ayuda para prevención de suicidios en Estados Unidos cumple 50 años.

Recomendado: Sentirse suicida: qué se siente querer matarse [en inglés]

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