La enfermedad mental desde el modelo médico.

Las desviaciones en el comportamiento no son enfermedades. Esa es la tesis que sostiene el autor que citamos en la entrada anterior. No es una idea nueva pero tampoco es muy popular, por una serie de razones. Las llamadas enfermedades mentales se han abordado mayormente desde el modelo médico, para explicar sus causas y buscar “curas” (dos términos cuestionables al hablar de condiciones como depresión, esquizofrenia, y trastornos de la personalidad).

La realidad es que las enfermedades mentales no son mucho como las enfermedades físicas. Sólo tenemos que pensar en la forma en que unas y otras son diagnosticadas, para darnos cuenta de ello.

 

En la medicina general, el diagnóstico típicamente procede a través de la identificación de signos que indican la presencia de la enfermedad. En el caso de diabetes, por ejemplo, es posible determinar si el paciente tiene la condición al medir sus niveles de glucosa en la sangre. El paciente puede haber estado experimentando síntomas como sed y cansancio. Estos síntomas, aunque indican la posible presencia de enfermedad, no son suficientes para un diagnóstico de diabetes. El médico se apoya en los resultados de un examen de sangre (un signo) para hacer un diagnóstico confiable.

 

El diagnóstico psiquiátrico no funciona así. Aunque se asume que hay una dimensión biológica en la enfermedad mental, no hay indicadores físicos definitivos que categórica y objetivamente confirmen la presencia o ausencia de un trastorno mental. No es posible determinar, digamos, a través del nivel de serotonina, si una persona sufre depresión; no es posible diagnosticar la psicosis a través de un examen de sangre o rayos X. En lugar de eso, los diagnósticos psiquiátricos se realizan por observación o por reportes de “síntomas”, que suelen ser siempre juicios subjetivos sobre lo que la gente hace y dice.

 

El modelo médico de la enfermedad mental: no estamos convencidos [en inglés]

Esto no implica que algunas condiciones mentales o afectivas no requieran el apoyo de la medicina y la psiquiatría; mucho menos implica que lidiar con estas condiciones sea mera “cuestión de “voluntad” o “actitud”. En otro momento hemos comentado que los fármacos se necesitan en ocasiones para controlar síntomas y como apoyo a otro tipo de intervenciones, y que éstas deben ser desde un marco interdisciplinario. Pero actualmente se vuelve esencial reconsiderar las [que llamamos] enfermedades mentales:

La verdad es que, aunque parece haber factores biológicos y genéticos en la enfermedad mental, la ciencia no está lo suficientemente avanzada para aclarar qué es y cómo actúa. No sólo eso, si no que, en mayor medida que en la enfermedad física, las dimensiones sociales y políticas en la construcción de la enfermedad  mental son controversiales.

 

Por tanto, iniciativas contra la estigmatización [de personas con trastornos mentales] que sobresimplifican la base biogenética están destinadas a fallar porque no reconocen o atienden la verdadera complejidad de la enfermedad mental. Estas iniciativas hacen poco por involucrar a la gente en la genuina incertidumbre de por qué surge una enfermedad mental, y sus miedos legítimos sobre las formas a veces preocupantes en que la enfermedad mental afecta el comportamiento.

 

El modelo médico de la enfermedad mental: no estamos convencidos [en inglés]

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