La defensa personal como intervención educativa en la modificación de actitudes violentas.

El Salvador se considera uno de los países más violentos del mundo, y no hay una única solución a este problema en el corto plazo. Pero hay diversos campos desde los cuales se puede comenzar a tener incidencia, y para ello es importante que cada persona, gremio y entidad responsable conozca los recursos que tiene a la mano.

Pocas escuelas pensarían en acudir al deporte y la educación física como parte de la solución; muchas alcaldías han dicho promover el deporte como forma de generar convivencia social, pero esto no suele ir más allá de construir canchas y otros espacios físicos, sin un plan psicosocial sólido que las acompañe. Ahora, González, Balsalobre-Fernández e Ibáñez-Cano (2011) proponen utilizar la educación física, especificamente la enseñanza de la defensa personal, como forma de modificar actitudes violentas en jóvenes. A primera vista, puede resultar contraintuitivo, pensando que las artes marciales sirven para causar daño al otro. Pero como explican estos autores, a este entrenamiento físico subyace una filosofía, que es la que nos interesa y sería de utilidad:

[La defensa personal puede definirse como] lo contrario a un sistema violento de técnicas de combate cuerpo a cuerpo que en todos los casos y sin excepción, se fundamenta en principios como el respeto al prójimo, la disuasión de la agresión, e impedir que se hiera sin herir” (Tejero, Ibañez y Pérez, 2008, p. 201).

Este estudio se llevó a cabo en España, de modo que, como siempre en psicología, antes de aplicarlo sin más en una cultura diferente, es importante realizar los cambios pertinentes, a partir de investigaciones previas (p.e., cuál es el nivel inicial de actitudes violentas de una muestra de niños escolarizados en El Salvador, vs el nivel de los niños españoles de esta muestra) e intervenciones piloto. No es únicamente cambiar el vocabulario de las escalas para que se entiendan, sino asegurarse de que lo que se mide es culturalmente relevante. Con esto en mente:

Una unidad didáctica de defensa personal de tan sólo nueve sesiones es capaz de disminuir la violencia gratuita, pero no la violencia general ni la violencia vinculada a la autoprotección. A nuestro juicio, estos resultados, pese a parecer poco concluyentes, son esperanzadores ya que estamos de acuerdo con Madden (1995) en que las mejoras significativas se producen a largo plazo, por ejemplo, un año de práctica. […]

Situados en este punto, la pregunta es evidente ¿cuál sería el resultado si en vez de impartir una unidad didáctica de forma aislada, como se ha hecho en este trabajo, se impartieran diferentes unidades didácticas a lo largo de la vida escolar de los estudiantes, desde enseñanza primaria a enseñanza secundaria? Por nuestra parte, respondemos desde la convicción que la defensa personal como contenido curricular sistemático tendría un alto impacto en la educación de actitudes de no violencia y de cultura de paz.

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