La alternancia entre empatía y lógica.

Nos encontramos con un artículo llamado Estudio explica por qué ingenieros, programadores y científicos son antisociales:

Llega a la oficina o laboratorio y se sienta en silencio a trabajar, a veces, aislado en sus audífonos. Nunca recuerda los cumpleaños y aunque lo haga, no saluda. Le cuesta interactuar con los demás y, cuando lo hace, nos sorprende por su carencia de tacto ante situaciones sociales.

Si esta descripción te es conocida, probablemente tengas algún amigo científico, ingeniero o programador cuya falta de empatía -por no llamarle antisocial- trasciende fronteras. “¿Por qué este sujeto es incapaz de ponerse en los zapatos de los demás?”, suele ser una pregunta frecuente ante sus reacciones.

La respuesta: no puede pues, para ser un profesional exitoso, su cerebro debe funcionar así.

Esta es la asombrosa conclusión de la Universidad de Case Western Reserve en Estados Unidos, tras determinar que cuando el cerebro humano se aboca por completo a una tarea que requiere sus habilidades analíticas, sus habilidades sociales simplemente se van de vacaciones.

Sí y no.

El estudio al que se hace referencia fue publicado el año pasado por Anthony Jack y colaboradores (en su sitio web, el auto ha subido el borrador del artículo, antes de ser aprobado para su publicación). En resumen, encontraron que hay una restricción neuronal que vuelve a las habilidades analíticas y empáticas mutuamente excluyentes.

El nuevo estudio muestra que adultos a quienes se les presentó problemas sociales o analíticos -todos estímulos externos- consistentemente involucraban la secuencia neuronal apropiada para resolver el problema, mientras la otra secuencia era reprimida. Las oscilaciones en la actividad cerebral fueron registradas utilizando imágenes por resonancia magnética funcional.

La empatía reprime el pensamiento analítico y viceversa: la fisiología cerebral limita el uso simultáneo de ambas redes (traducción nuestra).

El estudio se realizó con 45 estudiantes universitarios, cuyas carreras no se especifican. No tenía que ver con la poca o nula sociabilidad de ingenieros, programadores y científicos, aunque sea tentador pensar en personajes ficticios y no ficticios que encajan con ese perfil. Lo que se buscaba era explicar las reacciones del cerebro ante estímulos “sociales” (relacionados con la teoría de la mente) o “lógica” (sobre física). Ninguno de los participantes tenía historial de trastorno neurológico o psiquiátrico, por lo que se esperaba -a pesar de ser una muestra pequeña- explicar cómo funciona un cerebro “sano” en este ámbito. Una persona sin trastorno de esta clase, de la profesión que sea, no por centrarse en tareas lógicas rechaza la interacción social todo el tiempo.

Tal vez de modo más claro, la teoría tiene sentido en el marco de trastornos del desarrollo como el autismo y el síndrome de Williams. El autismo con frecuencia se caracteriza por una fuerte habilidad de resolver problemas visoespaciales, como manipular mentalmente figuras de dos y tres dimensiones, pero pobres habilidades sociales. La gente con el síndrome de Williams son muy cálidas y amistosas, pero tienen bajo desempeño en pruebas visoespaciales.

[…]

Estos hallazgos sugieren que este mismo fenómeno neuronal explica lo que ocurre en las ilusiones visuales como la del pato-conejo. El dibujo de la cabeza del animal se ve como un pato viendo hacia una dirección o un conejo viendo hacia otra, pero no podemos ver ambas al mismo tiempo. 

“Esto se llama rivalidad perceptual, y ocurre porque hay una inhibición neuronal entre las dos representaciones”, sostuvo Jack. “Lo que observamos en este estudio es similar pero a ayor escala. Vemos una inhibición neuronal entre la red cerebral que usamos para involucrarnos social, emocional y moralmente con otros, y la red que usamos para el razonamiento científico, matemático y lógico”.

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El antagonismo entre ambas redes, hipotetizan los autores (y puede leerse en la sección de discusión del borrador del artículo), es una estrategia cognitiva para diferenciar a miembros de nuestro círculo social de objetos que podemos manipular. Esta alternancia ocurriría en los cerebros de todas las personas, cumpliendo la función de mejorar nuestra interacción con diferentes tipos de estímulos. Recientemente se ha encontrado, por ejemplo, que los humanos tienen más empatía por perros maltratados que por otros humanos, pero “no es que necesariamente nos conmueva más el sufrimiento animal que el humano”.

Esta alternancia también explicaría algunos comportamientos en los que parece las reacciones empáticas y lógicas son mutuamente excluyentes; los autores ejemplifica con un alto ejecutivo que debe maximizar su pensamiento analítico para que la compañía sea eficiente, pero en el camino puede perder su “compás moral”. Más allá de esto, las aplicaciones de este estudio se apreciarán mejor en personas con trastornos como los del espectro autista o la esquizofrenia, personas que probablemente evocan a personajes como los que se mencionan al principio. En criminales psicópatas, se ha encontrado la habilidad de “encender” o “apagar” su empatía, lo que sugiere que pueden ser capaces de empatizar (esto tendría sentido, pues los psicópatas son en realidad bastante encantadores). Aunque, como sostiene uno de los autores de este estudio en psicópatas:

“Es peligroso ver la activación del cerebro y decir que significa que están empatizando. Ellos pueden generar una respuesta neuronal típica, pero no significa que tengan la misma experiencia de empatía”

En esta línea, y aunque esta clase de estudios son esenciales, es importante evitar el cerebrocentrismo y tomar mediciones neuronales como causa única. Parafraseando al autor del estudio sobre lógica y empatía, “podemos describir cómo funciona el cerebro pero eso no nos dice cómo es la persona”.

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