Hombres víctimas de violación sexual.

Existe el mito muy arraigado de que la violación sexual en hombres no ocurre, o que está limitada al contexto de la cárcel (ciertamente, en muchas cárceles este problema es una pandemia, además de una crisis de derechos humanos y un infierno para quienes lo viven).  Si bien la aplastante mayoría de víctimas de violación son mujeres y la de perpetradores son hombres, se considera erróneamente que esta ecuación es así siempre y que, por lo tanto, tiene que ver con factores biológicos o “inherentes” a cada género: el hombre tiene apetito sexual incontrolable, la mujer lo quiere o lo induce de alguna manera, etc.  Entran en juego muchos estereotipos y roles tradicionales de género, que dicen que los hombres no pueden ser violentados de esta manera, o que quienes sufren o cometen este crimen son o se convierten en homosexuales.

El FBI define la violación sexual como:

La penetración, no importa qué tan leve, de la vagina o el ano con cualquier parte del cuerpo u objeto, o la penetración vía oral del órgano sexual de otra persona, sin el consentimiento de la víctima. La víctima y el perpetrador pueden ser de cualquier género. También se considera violación en las instancias en que la víctima es incapaz de dar su consentimiento debido a una incapacidad mental o física temporal o permanente, incluyendo la influencia de drogas o alcohol, o debido a su edad. 

El tema de las mitos sobre la violencia sexual (en la que se incluye la violación) queda para otra entrada, pero esta definición desarma algunos fácilmente. Y lejos de la ignorancia, levedad y hasta “humor” con la que muchas personas mencionan este tema, la violación sexual es tortura, causa un fuerte daño físico y psíquico a la víctima y muchas veces altera el contexto social al que ella pertenece. Es traumático para la víctima no tener control sobre lo que le ocurre a su cuerpo (y, muchas veces, que después se le culpe por ello). Es gratificante para el perpetrador sentirse con control y poder sobre otra persona; es una forma de reafirmarse a sí mismo por encima del otro, además de que puede cumplir otros propósitos, como “dar una lección” a la víctima o a un conocido de la víctima, “ponerla en su lugar” como objeto subordinado, obtener información, etc.

Además, y esto es esencial, la violación sexual es un tema de poder más que de apetito sexual. Esto explica por qué ocurre más de hombres hacia mujeres, pero también explica por qué no ocurre únicamente entre ellos. La violencia sexual puede ocurrir en todas partes, desde el contexto doméstico hasta el contexto social (entre pares, por alguien en posición de autoridad), donde es perpetrada más por personas conocidas de la víctima que desconocidas, y el contexto político. En el último caso, la violencia sexual es una de las más horrorosas armas de guerra, un instrumento de terror utilizado sobre todo contra las mujeres, pero también en contra de hombres.

No es sólo en África que estas historias pasan desapercibidas. Una de las pocas académicas que han puesto atención a este problema con detalle es Lara Stemple, del Proyecto de Ley de Salud y Derechos Humanos de la Universidad de California. Su estudio Violación de Hombres y Derechos Humanos señala incidentes de violencia sexual hacia hombres como arma de guerra o de agresión política en países como Chile, Grecia, Croacia, Irán, Kuwait, la ex Unión Soviética y la anterior Yugoslavia. Veintiún por ciento de hombres de Sri Lanka que fueron vistos en el centro de torturas de Londres reportó abuso sexual durante la detención. En El Salvador, 76% de presos políticos hombres encuestados en la década de 1980 describió al menos un incidente de tortura sexual*. Un estudio de 6,000 prisioneros en los campos de concentración en Sarajevo encontró que 80% de los hombres reportaron haber sido violados.

La violación de hombres (en inglés)

* En “un día en la vida“, del escritor salvadoreño Manlio Argueta, que refleja la época de la guerra civil, se relata que a prisioneros campesinos se les insertaba un cepillo de dientes en el ano y luego se les hacía lavarse los dientes con el mismo cepillo.

El dolor, la confusión y la vergüenza tras sufrir una violación es más o menos igual para todas las personas, sean del género que sean, y muchas veces reportarla puede empeorar las cosas y causar revictimización. Predomina por ello el silencio entre las víctimas. La literatura al respecto (por ejemplo) es consistente al mostrar que lo que ayuda a la recuperación, lo que hace pasar de víctima a sobreviviente, es la validación, aceptación y apoyo incondicional de su entorno (familia, amigos, comunidad, sistema judicial), más que confrontar directamente a su perpetrador. Las expectativas tradicionales de género hacia los hombres evitan que quienes han sido víctimas cuenten lo ocurrido y obtengan la ayuda que necesitan, y pueden esperar muchos años para decidirse a hablar, si es que lo hacen.

“1 de 6 hombres es abusado sexualmente antes de los 18 años. Muchos más de los que están en riesgo por diabetes (1 de 10) o enfermedades cardíacas (1 de 8).

A los 8 años me convertí en una estadística. A los 30 años me convertí en un sobreviviente. (A la mayoría de los sobrevivientes hombres les lleva al menos 20 años comenzar a curarse…si es que lo hacen).

Por 22 años viví en silencio. Ahora quiero que el mundo sepa: lo que me pasó a mí, puede pasarle a cualquiera. Tanto el abuso como la curación. 

www.malesurvivor.org // @malesurvivorORG en Twitter

‘Por cada 100 amigos que tienes en Facebook, entre 15 y 20 (por lo menos) son sobrevivientes de abuso sexual'”. 

Project Unbreakable

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