“Hombres son infieles porque aman a sus parejas”: los medios engañan porque quieren a sus lectores.

Anderson argumenta que…los hombres son infieles “porque aman a sus parejas” (aunque lo que de verdad quiere decir es “a pesar de que aman a sus parejas”).

La brecha de la monogamia [en inglés]

Apenas asimilamos que “tomarse fotos es un trastorno mental” cuando surge la siguiente pseudonoticia viral. Por estos días, cualquier cantidad de hombres en una relación monógama se congratuló a sí mismo al leer que los hombres son infieles porque aman a su mujer. Como hemos dicho antes, pareciera que muchos de estos reportes apuntan a reforzar la sexualidad masculina en detrimento de la femenina, como hemos visto aquí y aquí…y persiste la duda de si “los hombres inteligentes son menos infieles“.

Esta nota resulta útil para quienes no tienen el autoconocimiento suficiente que les permita entender sus razones personales para ser infieles, y necesitan todavía más excusas para engañar a las parejas a las que les prometieron fidelidad, exigiéndoles además que se sientan halagadas por ello (“¡te fui infiel porque te amo!”).

Dejando esta cuestión aparte, que no es menor en términos de relaciones entre géneros, revisemos los hechos. Lapagina.com.sv hace eco de Tv Azteca:

De acuerdo al estudio dirigido por el sociólogo Eric Anderson, autor del libro “La Brecha de la monogamia: Hombres, amor y realidad del adulterio”, los infieles engañan porque en realidad están aburridos y no porque no amen a sus parejas.

¿Quién es Eric Anderson? Ciertamente es un sociólogo con tal libro, y tiene columnas sobre el tema por aquí y por allá. Dice, por ejemplo, que no apoya la infidelidad pero tampoco la expectativa social de monogamia. Ser monógamo o polígamo es una decisión personal, a fin de cuentas, aunque esa decisión no sólo le afecta a usted.

Este es el libro de Eric Anderson de donde sale este reporte viral. ¿Cómo se llegó a la conclusión de que los hombres NECESITAN ser infieles porque AMAN EN DEMASÍA? Tv Azteca lo reporta:

Para confirmar su teoría, el sociólogo entrevistó a 120 hombres infieles.

Ciento. veinte. entrevistas. 120 es nada. En términos de metodología, es cuando menos risible pretender que los resultados obtenidos a partir de la vivencia de 120 hombres son generalizables a TODOS los hombres (algunos incluso notarán lo levemente insultante de estos resultados para la población masculina). Sobre todo porque fue un estudio cualitativo, y en esta clase de estudios los resultados sólo aplican al grupo y al contexto del que se extrajeron en primer lugar; pretender generalizar a otras poblaciones es inclusive una falta ética. Un engaño, simple y llanamente.

En este sentido, veamos quiénes eran estos 120 hombres sobre quienes se intenta generalizar:

Su estudio de la infidelidad y la lógica tras ella se apoya en entrevistas con 120 hombres universitarios, de edades entre 18 y 22 años, pero se centra en futbolistas estadounidenses. Estos jóvenes son atletas en su cumbre física, que viven en un mercado sexual utópico, con mujeres jóvenes tirándose hacia ellos con frecuencia, de la misma forma en que mujeres “groupies” buscan acostarse con los miembros de equipos reconocidos de fútbol.

Aún más, ¿qué entendía por infidelidad?

Al definir la infidelidad de modo tan amplio que incluya besos, tocamientos y flirteos, [Anderson] encuentra que cuatro quintos de estos hombres jóvenes engañan a sus parejas, especialmente cuando están jugando fuera de casa. Él argumenta que prácticamente todos los hombres jóvenes, heterosexuales y gay, serán infieles tarde o temprano si tienen la posibilidad, y que la oportunidad y la denegabilidad son los factores primarios. 

La brecha de la monogamia [en inglés]

Una cosa más:

Adicionalmente, la mayoría de hombres en este estudio quería sexo causal y aventuras sexuales para sí mismos, pero ciertamente no querían que su pareja tuviese el mismo privilegio. Así que mantienen el doble estándar sexual, y se apoyaban fuertemente en lo que puede ser descrito como deshonestidad o discreción, para mantener a su pareja en la ignorancia sobre sus aventuras y líos amorosos.

La brecha de la monogamia [en inglés]

Uno pensaría que el estar enamorado incluiría respetar a la pareja.

¿Quiénes son estas mujeres que están listas para meterse a la cama con estos hombres libidinosos? Aparentemente son estudiantes que también están disfrutando la oportunidad de andar en juergas mientras puedan, en el corto tiempo antes de que consigan trabajo, se casen y tengan hijos. Sin embargo, el libro ignora bastante bien a las mujeres y sus opiniones sobre el sexo y la fidelidad.

La brecha de la monogamia [en inglés]

La infidelidad es un tema sumamente complejo y puede estudiarse de muchas maneras; las razones por las que ocurren son variadas, al igual que las consecuencias que trae para cada pareja.

Es posible escribir honestamente sobre infidelidad, sus causas y consecuencias, para hombres y mujeres, y muchos libros recientes lo hacen. Pero Anderson evita demasiadas preguntas sobre el estilo de vida sexual androcéntrico que elogia. Me sorprende que este libro sea publicado por la Oxford University Press, porque resulta un texto proselitista más que de ciencias sociales. Sin embargo, los hombres jóvenes amarán este mensaje: ¡La monogamia es injusta e irracional! Los infieles aman a sus parejas y necesitan más sexo, ¿y por qué no deberían tenerlo todo?

Lo peligroso de estos reportes en los medios es la presentación de resultados: (1) como si fuesen independientes del contexto del que surgieron, simplemente porque confirman algunas de nuestras creencias sobre relaciones de género; y (2) como si fuesen una verdad absoluta por la que mágicamente todas las partes involucradas salen ganando. Los medios repiten este engaño, sin duda por analfabetismo funcional con respecto a todo lo que tiene la etiqueta “estudio científico”, como si estuviesen haciendo un servicio social a quienes no encuentran cómo justificar ciertas decisiones sobre su vida en pareja.

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