Hijos de puta, madres abnegadas y mujeres incomprensibles…

Las madres abnegadas y sufridas, las mujeres a quienes nadie comprende, las esposas abnegadas, y las putas y sus hijos, son imágenes impresas en las ideas que imperan en la sociedad salvadoreña acerca de cómo son las mujeres. Pero antes de explicar estas ideas, veamos qué entendemos por ideología.

Una ideología es, a grandes rasgos, el conjunto de ideas, tendientes a la conservación o la transformación del sistema existente (económico, social, político…), que caracterizan a un grupo, institución movimiento cultural, social, político y/o religioso. Se transmite a través de la interacción con el resto de miembros de la sociedad, comenzando por la familia, pasando por la escuela, el trabajo y el resto de ambientes en los que nos desenvolvemos. Constantemente recibimos señales que nos reafirman éste conjunto de ideas y evaluamos el mundo a través de ésas ideas que nos transmiten y aprueban o reprueban socialmente.

La ideología se transmite a través de diversos modos, de los que no hablaré por el momento. Una de tantas cuestiones que se nos transmite, es nuestra forma de pensar acerca de las mujeres y de los hombres. Uno de los medios por los cuales se transmite estas ideas, son los mitos culturales, que se proponen al mismo tiempo como una imagen real y como un criterio para evaluar lo que vemos en la realidad. Es decir, que son ideas que tenemos, y sobre las cuales evaluamos lo que es normal o no es normal en la realidad.

Mitos sociales o culturales hay un montón, a mi me interesa que vean éstos mitos que tenemos acerca de las mujeres. Estos mitos fueron descritos por el sacerdote jesuita Ignacio Martín-Baró, quien era un importante psicólogo social y que fue asesinado en 1989 por miembros del Batallón Atlacatl de la Fuerza Armada Salvadoreña. El Dr. Martín-Baró, hizo muchas investigaciones acerca del machismo en nuestro país (por cierto, él fundó el IUDOP, de la UCA) y en base a los resultados de esas investigaciones, describe éstas ideas acerca de la mujer, que forman parte del ideario machista salvadoreño. Vale mencionar que éstos mitos no sólo son transmitidos por los medios de comunicación, si no que además son afirmados por ideas religiosas de la tradición judeo – cristiana. Los mitos son los siguientes:

LA ESPOSA AMANTE

Acá se idealiza y se mira como natural la sumisión de la mujer al proyecto de vida del hombre: ella es la costilla de Adán, la “-señora de-“. Ella se queda en casa cuidando a los niños para que él pueda ser un profesional exitoso; ella abandona la carrera universitaria que llevaba para que su amado esposo pueda pagar su maestría, ella deja su trabajo porque su esposo decide que se van a ir a vivir a otra ciudad… etc…

El hombre concibe a su mujer y la mujer se concibe a sí misma como una de las propiedades del varón, que alcanza sentido y significación en función de él. Ella es “la señora de“, “la mujer de“, “viuda de“, “el segundo frente de“.

Así, el hombre se realiza ejecutando alguna tarea o trabajo social, mientras que la mujer se realiza plenamente dedicándose a su matrimonio y a su hogar y valorando el éxito del marido como propio.

EL ETERNO FEMENINO

En este mito, se ve a la mujer como una especie de misterio insondable, su comportamiento más significativo brota de los fondos más profundos de la naturaleza. Este mito se refiere a todos aquellos señalamientos de que las mujeres son irracionales, emotivas e incomprensibles (en palabras del cantante de covers mexicano: “No hay que comprenderlas, solamente amarlas…“).

Este mito sirve para enmascarar el que se haga del cuerpo de la mujer un instrumento para la satisfacción del hombre a través de todos los ritos de la belleza (concursos de belleza), la comercialización del erotismo (publicidad con mujeres semidesnudas o muy provocativas, pornografía) y la institucionalización de la virginidad (“ya arruinaron a la cipota” “ya no sirve esa bicha, aquel se la compuso”).

Es así como a la mujer se le convierte en cosa, un objeto que es propiedad privada del hombre que la adquiere. Para atraerle a éste se requiere belleza, y la virginidad sirve para garantizar la seriedad del producto ofrecido y la privacidad de quien efectúe la adquisición del objeto.

El eterno femenino encubre y justifica también la exigencia social de que la mujer no cambie, que siga siendo lo que es porque ya está dado genéticamente. Al no cuestionar el eterno femenino no se cuestiona tampoco aquellas prácticas sociales que engendran a una mujer discriminada al servicio del hombre.

El mito de la madre la esclaviza al hijo y el mito del eterno femenino, a su cuerpo, y a permanecer perpetuamente como servidora del hombre.

LA MADRE

Es el más sutil y cruel de los mitos, además de ser el más hiriente de criticar pues toca fibras sociales muy profundas y se ampara incluso en cuestiones bíblicas para afirmarlo. A la madre se le atribuye una serie de características idealizadas: buena, santa, abnegada, bella, acogedora, fiel; es lo más sagrado e intocable. El mito de la madre idealiza y naturaliza el rol de la mujer como agente fundamental de transmisión de la misma ideología que la oprime y la deshumaniza. La imagen ideal de la madre encubre la realidad triste de la maternidad, socialmente desamparada y fruto no pocas veces de la ignorancia, el apremio y la necesidad.

Se hace ver ideal también una división social del trabajo discriminadora, en la que la mujer, a partir de sus características biológicas, se convierte en “ponedora de hijos”. Su función como madre es la de transmitir los valores familiares y sociales bajo los que ella ha sido criada, a los hijos.

Acá cabe aquella idea de que la mujer ser realiza siendo mamá: es una cuestión triste, ya que al decir que no hay destino más grande para la mujer que el de ser madre decimos también que no hay destino más grande para la mujer que dedicar su vida a perpetuar las estructuras que la han mantenido históricamente en un estado de sumisión al varón.

LA PROSTITUTA

La prostituta tiene un cuerpo (eterno femenino), y está llamada también a realizarse por medio del hombre. Pero no es ni esposa amante (no es propiedad privada, sino pública), ni es madre (no tiene familia, ni la sociedad la acepta como transmisora de sus valores). Por ello, porque la prostituta no cumple con esa imagen que es a su vez un criterio para evaluar la realidad, la forma más común de “mentar la madre” a alguien es llamándole “hijo de puta”. La prostituta, señala Martín-Baró, es un antimito por las razones apuntadas anteriormente.

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¿Qué tiene de importante saber esto? Pues que al conocer cómo funciona el mito, y para que funciona, estamos en capacidad de elegir si seguimos transmitiendo esa idea a los demás o si por el contrario nos liberamos de esa idea y elaboramos y funcionamos con una más acorde con la idea de justicia y equidad. De algo así se trata la tal psicología de la liberación. Pero de eso hablamos otro día.