Felicidad y consumo, ser y tener.

La relación entre la felicidad y el dinero siempre está sujeta a debate. Aún más en épocas de celebración, como la Navidad, que terminan asociándose no sólo a alegría, paz y buenos deseos (siempre que no se esté atrapado en tráfico o en un centro comercial), sino también al consumismo. Temas como este, desde la psicología, nos remiten al comportamiento económico de personas y de grupos, la psicología económica. Es una rama poco publicitada pero bien establecida:

…la Economía sin la Psicología ha sido incapaz de explicar con rigor algunos de los procesos económicos más relevantes. Pero, ¿qué ocurre con una Psicología sin Economía? Pues que al ignorar la influencia de los procesos económicos sobre la conducta social se pierde la oportunidad de estudiar algunos de los mecanismos más comunes y relevantes del comportamiento humano. Este doble objeto de análisis, desde la Economía hacia la Psicología y recíprocamente, se relaciona, muy estrechamente, con numerosas parcelas del quehacer social de los ciudadanos. Imperando en cuestiones tales como la salud, la compra, el trabajo, el ahorro, la educación, los procesos de socialización, las psicopatologías del trabajo, la influencia de la publicidad, la conducta prosocial y, aún, un largo etcétera.

Daniel Kahneman y la Psicología Económica [PDF].

En el sur de Chile, existe el Centro de Excelencia en Psicología Económica y del Consumo (CEPEC), que apunta a investigar temas relacionados al comportamiento económico de las personas, como la alfabetización económica, el consumo responsable, marketing, etc. Encontramos una entrevista realizada reciéntemente a la directora del CEPEC, que habla de felicidad, satisfacción con la vida, consumo y el “ser” y “tener”. Reproducimos la entrevista completa, y puede accederse a la original haciendo click en el título.

Felicidad y consumo: la confusión entre “el ser” y “el tener”

Para hablar de dinero y felicidad hace falta saber qué es la felicidad y de qué manera el dinero aporta a ella. En un reciente capítulo del programa Informe Especial que transmite TVN, la académica del Departamento de Psicología de la Universidad de La Frontera, Dra. Marianela Denegri, explicó la relación de estos conceptos.

La Dra. Denegri, quien también dirige el Centro de Investigación de Psicología Económica y Consumo (CEPEC UFRO), ha estudiado estos conceptos desde hace 15 años, y la ha llevado a concluir que estas dos variables no siempre hacen una buena dupla. Son insaciables y hacen que muchas personas se confundan, se pierdan y dejen de lado lo que realmente importa. Suena un poco cliché, pero los estudios científicos así lo demuestran.

¿Cómo podríamos definir la felicidad?

Prefiero hablar de satisfacción con la vida y no de felicidad, principalmente porque se ha demostrado que existe un concepto llamado bienestar subjetivo que, a su vez, tiene dos dimensiones: una afectiva y otra cognitiva.

La afectiva es la felicidad, que es momentánea y se enmarca en un contexto especial, mientras que lo cognitivo tiene que ver con la satisfacción con la vida. Aquí es cuando haces una evaluación de toda tu vida y esa percepción es más o menos permanente.

¿Y cómo es que podemos asociar el estado de felicidad al dinero o al consumo?

Las personas se confunden y esos momentos de felicidad, cuando están asociados al dinero, tienen que ver con la discrepancia del yo, la incongruencia que se desarrolla entre el yo real y el yo ideal.

Si adquieres algo para reducir tu discrepancia y aproximar tu yo real al ideal, habrá un momento en que te sentirás feliz, pero al momento que dejes de usarlo ya no eres feliz, porque la discrepancia vuelve. En cambio, en una evaluación de si estás contento o satisfecho con tu trabajo, tu familia, con lo que has logrado en la vida, si eso es permanente, es mucho más consistente y es lo que se conoce como satisfacción con la vida.

Ambas categorías van de la mano y si las personas tienen mayor satisfacción con la vida, tienen más probabilidades de ser felices porque están más abiertas a las emociones positivas; pero si estás insatisfecho, estás más sensible a las emociones negativas y eso te hace menos feliz.

Si tenemos lo anterior claro, ¿cómo es que sigue dándose la dupla satisfacción con la vida y consumo?

Ambos aspectos tienen mucho que ver porque están vinculados a nuestra identidad y la construcción de ella. Construimos identidad desde que somos pequeños; nos preguntamos quiénes somos, qué queremos, qué vamos a lograr en la vida y eso va a estar muy influido por las personas que te rodean y también por los valores culturales y nuestros referentes. Estos últimos suelen ser sociales y tienen un gran impacto en lo que consideramos bueno, malo, deseable o admirable.

¿Cómo la sociedad puede llegar a ser más poderosa que la familia?

Vivimos en una sociedad de consumo, que te dice “qué eres” en la medida de “qué tienes”. Si tienes más cosas -casas, autos, ropa, joyas, etc.- se supone que tendrás una mayor satisfacción con la vida, porque todo eso también nos ayuda a construir nuestra identidad. Y lo complicado de esto, y que es propio del modelo de desarrollo occidental, es que todo está ligado al tener y la obsolescencia, donde todo rápidamente pasa de moda. Por ejemplo, la tecnología se sustituye a un ritmo nunca antes visto; si hoy te hizo feliz tener la última versión de un teléfono, tablet, auto u otro, en dos meses más necesariamente tendrías que tener otro para sentirte bien; por lo tanto, nunca vas a estar absolutamente satisfecho. Es una espiral sin fin.

Son los acumuladores de éxito y de bienes permanentes…

Esto sucede porque otra de las características de la sociedad posmoderna es el materialismo, que no es solo tener cosas, sino que simplemente “tener”. El materialista quiere tenerlo todo: amigos, éxitos, cosas, pero por el simple afán de tener y ésa es una acumulación sin mucho sentido.

Entonces, ¿el dinero definitivamente no hace la felicidad?

Los estudios que hemos llevado a cabo han demostrado que existe una relación inversa entre materialismo y satisfacción con la vida. Mientras más materialista eres, menos satisfecho estás con la vida. En este momento, todo es comprable, incluso un buen momento; por lo tanto, somos una especie de clientes eternos. “Ver cómo tu hija juega con una caja de cartón no tiene precio, para todo lo demás está Mastercard”, dice un anuncio publicitario. Y eso se relaciona, por ejemplo, con estas fechas, donde toda la publicidad te dice que mientras más compres, mejor persona serás, y donde el querer también se transforma en sinónimo de tener.

Por lo tanto, dados estos continuos mensajes, hay un alto porcentaje de la población que está convencida de que el dinero hace la felicidad, porque es el medio para obtener cosas. Es demostrar que entre más cosas te compro, más te quiero.

¿Hay quiénes consiguen satisfacción con su vida en armonía con la relación con el dinero?

Sí los hay y ello se da en quienes tienen todas sus necesidades satisfechas y, por lo tanto, su relación con el dinero no está mediada necesariamente por la angustia de querer tener más cosas. Pero también existe un porcentaje alto de personas que no lo logra.

El último informe del PNUD muestra cifras bastante tristes: dice que los más satisfechos con la vida son los sectores altos, pero que los socioeconómicos bajos no solo son los menos satisfechos, sino también son los que están más solos, los que con mayor frecuencia reportan sentimientos de abandono, soledad y de aislamiento. Si extrapolamos esos datos, te das cuenta que estamos en una sociedad construida en torno al consumo. Si no tienes el poder adquisitivo, quedas marginado del consumo y en una sociedad materialista como la nuestra, quedar marginado de él es quedar marginado también de la sociedad.

¿Cuál sería el mensaje a la población chilena en esta época del año?

Lo fundamental es enseñarles a los pequeños, y de paso aprender nosotros, la diferencia entre necesidad y deseo. No es malo cumplir un deseo, lo negativo es disfrazarlos de necesidad; y esto no puede ser lo habitual. Es importante mantener una postura de racionalidad frente al consumo; lo que hay que preguntarse es si realmente necesito algo o solo es un deseo momentáneo. Esa diferenciación te permite priorizar y, con ello, organizarte mejor y a la larga mejorar tus propias posibilidades, incluso de consumo, porque el materialismo también te pasa la cuenta: terminas colapsando tarjetas de crédito, revientas la cuenta corriente y quedas inhabilitado para seguir comprando ya no solo lo que deseas, sino también lo que necesitas. Otra manera más de exclusión.

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