¿Existe una “naturaleza humana”? (I)

El 12 de octubre solía celebrarse el Día de la Raza, con la narrativa de que Cristóbal Colón descubrió América. Actualmente, esta celebración ha sido rechazada, señalando el “descubrimiento” más bien como conquista, colonización y destrucción de las culturas precolombinas.

Los cuestionamientos a las narrativas tradicionales también ocurren en psicología, y en las ciencias sociales en general. Existen resultados y conclusiones de estudios emblemáticos que se han dado por ciertos por décadas, que nos hablan de características y comportamientos universales en todos los seres humanos; que nos sugieren la existencia de una “naturaleza humana”.

Estos cuestionamientos se destacan en el artículo ¿Existe tal cosa como la naturaleza humana? (en inglés, los datos que comentamos acá provienen de este texto). Y esta revisión de aquello que damos por natural o universal en psicología comienza  con Joe Henrich, un antropólogo estadounidense,que viajó a Perú para trabajar con la población indígena Machiguenga. Ahí realizó un experimento sobre la teoría de juegos, desarrollada por economistas. La teoría de juegos es una base fundamental de buena parte de la literatura en ciencias sociales, sobre todo en psicología y economía.

En el centro de la mayoría de estas investigaciones estaba la suposición implícita de que los resultados revelaban características psicológicas evolucionadas y comunes a todos los seres humanos, obviando que los participantes de estos experimentos casi siempre eran del Occidente industrializado.

 

¿Existe tal cosa como la naturaleza humana?

Efectivamente, los comportamientos esperados en uno de los experimentos de la teoría de juegos, el juego del ultimatum, provienen de los estudios hechos con personas de Norte América. Cuando fueron realizados en la población indígena de Perú, los comportamientos eran muy distintos. Es así como Henrich postuló una pregunta: ¿Qué otras certezas sobre la “naturaleza humana” en la investigación en ciencias sociales deberán reconsiderarse cuando se pongan a prueba en poblaciones diversas?

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A partir de un estudio de las publicaciones en las seis revistas de psicología más importantes, se sabe que el 96% de las investigaciones publicadas entre el 2003 y el 2007 tenían como participantes a personas occidentales, el 70% estadounidense.

Visto de otra manera: el 96% de sujetos humanos en estos estudios provino de países que sólo representan el 12% de la población mundial.

 

¿Existe tal cosa como la naturaleza humana?

Se ha encontrado, por ejemplo, que los cinco rasgos de personalidad considerados universales en realidad no son universales, y para ello bastó comparar un grupo de participantes estadounidenses con uno de bolivianos. Otras características, mencionadas en el artículo, que se han considerado compartidas por todos los seres humanos pero que realmente varían según sociedades y culturas son la percepción visual, el razonamiento espacial, la conformidad a la presión grupal,  la manera de inferir las motivaciones de otros, el razonamiento moral y la justicia, etc. Las diferencias no son genéticas, no se relacionan a distintas maneras de evolucionar del cerebro.

Como hemos dicho varias veces en este blog, el trabajo interdisciplinar es esencial para avanzar en la producción de conocimiento. Henrich no tuvo otra opción que volcarse al trabajo interdisciplinar cuando fue criticado en su propia disciplina, la antropología, por las propuestas que estaba planteando. En psicología, encontró a Steven Heine y Ara Norenzayan, y en conjunto escribieron un texto que propone un cambio radical en cómo las ciencias sociales abordan sus objetos de estudio y las conclusiones sobre los mismos.

¿Por qué las diferencias en el juego del ultimatum entre estadounidenses y machiguengas?

Cuando las personas constantemente realizando negocios con extraños, ayuda tener la disposición de hacer todos los esfuerzos (con una demanda o una reseña negativa en internet) cuando se sienten engañadas. Dado que la cultura machiguenga tenía una historia diferente, sus corazonadas sobre qué es justo eran muy propias. En sociedades de pequeña escala con una fuerte cultura de entregar regalos, prevalece otra concepción de justicia. En ellas, las ofertas monetarias generosas eran rechazadas porque la mente de las personas había sido moldeada por la norma cultural que les enseñaba que aceptar regalos generosos trae obligaciones onerosas. Nuestras economías no han sido moldeadas por nuestras ideas de justicia, sino al revés.

 

[…]

 

El creciente cuerpo de investigación multicultural que los tres investigadores [Henrich, Heine y Norenzayan] estaban compilando, sugería que la capacidad de la mente para amoldarse a marcos culturales y ambientales era mucho más grande de lo que se asumía.

Y algo más: en esta revisión de la teoría, los investigadores encontraron que, una y otra vez, los participantes de quienes se obtenían conclusiones que luego se consideraban “universales” constituían en realidad un grupo inusual de personas: con percepciones, comportamientos y motivaciones que siempre se encontraban al extremo de la curva normal.

De este grupo hablaremos en el próximo post.

 

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