Exista-luego-piense, el efecto Mozart, y mujeres que mueren por gatos y por falta de sexo.

Como ya es costumbre, tomamos reportes de algunos medios de comunicación sobre hallazgos científicos y los examinamos cuidadosamente, con la esperanza de que no sean asimilados por el sentido común colectivo tal y como ellos los presentan. O al menos, promoviendo una lectura un poco más realista antes de aceptar las conclusiones.

1. Dele la espalda a la industria de la auto-ayuda.
Esta no es una noticia tanto como una advertencia y un brotip. La industria de la auto-ayuda, como sostiene el artículo abajo citado, “está enredado en ideas sobre el pensamiento positivo que son, en el mejor de los casos, inefectivas, y en el peor, destructivas”. Ya hemos dicho que pensar bien no necesariamente significa pensar positivamente.  Es cierto que cuando uno cambia su forma de pensar, cambia su manera de actuar. Pero ahórrese las charlas y libros motivacionales: cambie su forma de actuar y cambiará su forma de pensar.

Por años, gurús de la auto-ayuda han predicado el mismo mantra simple: si quiere mejorar su vida, necesita cambiar su forma de pensar. Oblíguese a tener pensamientos positivos y será más feliz. Visualice su Yo soñado y disfrutará de éxito aumentado. Piense como un millonario y mágicamente se hará rico. En principio, esta idea suena perfectamente razonable. En la práctica, sin embargo, resulta inefectiva […]

 

Décadas de investigación muestran una forma simple pero altamente efectiva de transformar cómo usted piensa y siente. La técnica pone de cabeza al sentido común pero está enraizada en la ciencia. Extrañamente, la historia comienza con un pensador victoriano de renombre y un oso imaginario […].

 

[…] Actuando como si usted fuera cierto tipo de persona, usted se convierte en esa persona. Lo que llamo el Principio “Como si…” […]

 

[…] La mayoría de libros para aumentar la autoconfianza alienta a los lectores a centrarse en instancias de su vida en que han hecho algo bueno, o pide que se visualicen a sí mismos siendo más asertivos. En contraste, el principio “como si” sugiere que le sería mucho más efectivo pedirle a la gente que cambie su comportamiento.

Autoayuda: olvide pensar positivamente, intente la acción positiva.

A la mente no le gusta que los pensamientos y sentimientos no correspondan con el comportamiento, o que es lo mismo, le incomoda la disonancia cognitiva. Así, por ejemplo, no sólo lastimamos a las personas que nos caen mal, también nos caen mal las personas que lastimamos; a veces lastimamos primero y tratamos de justificar por qué después.

2. ¿Existe el “efecto Mozart”?
No. O sí, pero es una estafa. Mejor envíe a sus hijos a clases formales de música.

La mejoría específica en el desempeño de habilidades visuoespaciales que ocurre después de escuchar música de Mozart, y que tiene una reconocida corta duración (10-15 min), es el fenómeno denominado ‘efecto Mozart’. Respecto a este último, hay suficiente evidencia que lo respalda. Se reconoce el hecho de su inestabilidad y desaparición después de algunos minutos, lo que desestimaría el uso comercial que promueve el rápido logro de una inteligencia superior.

 

Percepción musical y funciones cognitivas. ¿Existe el efecto Mozart?

3. “Científicos sospechan vínculo entre heces de gato y suicidio femenino”.
La nota que acompaña este título dice:

“No podemos decir con certeza que el (parásito) Toxoplasma gondii hace que las mujeres traten de quitarse la vida”, dijo el profesor Teodor Postolache de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland (este), autor principal del estudio publicado en la revista Archives of General Psychiatry. “Pero sí encontramos una asociación predictiva entre esa infección y posteriores intentos de suicidio que merece estudios adicionales. Planeamos continuar nuestra investigación sobre esa posible conexión”.

Ese mismo artículo, y este, señalan que el problema no son los gatos, sino el parásito Toxoplasma gondii, que no es exclusivo de sus heces, sino que también se puede adquirir al comer verduras sin lavar y carne mal cocida o cruda, o tomar agua contaminada. Y dice que se asocia a mujeres porque únicamente estudiaron mujeres, 45,788 mujeres madres, para ser exactos. La conclusión general del estudio es, en efecto, que las mujeres con una infección del parásito tienen un riesgo incrementado de, en palabras academicosas, violentarse a sí mismas. Aún así, el riesgo absoluto de suicidio es mínimo. En los 14 años que duró el estudio, menos de 1,000 de estas mujeres se infligieron violencia y siete cometieron suicidio (alguien dirá que es mucho, pero en una muestra de semejante tamaño, es inevitable encontrar un sinfín de condiciones que son factores de riesgo para el suicidio). En los artículos enlazados, se verá que previamente este parásito ya ha sido asociado a cambios comportamentales importantes, incluyendo esquizofrenia, trastorno bipolar y hasta accidentes automovilísticos.

No es que el título de la noticia esté del todo errado, pero hace énfasis en el elemento incorrecto. Los gatos se mencionan una sola vez en el artículo, como uno de los varios vehículos de transmisión del parásito. Lo que la gente piensa al leer el título es “uy, mejor no tener gatos, sobre todo si se es mujer”. Lo que los autores quisieron decir fue: “hey, he aquí un factor biológico de riesgo para el suicidio, por lo que la gente infectada debe monitorearse muy de cerca; comprobamos esto estudiando una población de mujeres madres por más de una década, desde que estaban embarazadas”. Conclusiones con implicaciones muy diferentes, sobre todo para los pobres gatos con amos crédulos o que están buscando hogar.

4. “Poco sexo puede matar a una mujer”.
El artículo reporta:

Según los datos arrojados por el estudio, los eventos cardíacos agudos se asocian con episodios de actividad sexual esporádica. Mal que habitualmente es menor entre las mujeres que sí realizan ejercicio. O le ponen más empeño al asunto pasional. Para los expertos, las mujeres que sólo tienen sexo una vez al mes son las más propensas a sufrir un ataque al corazón o morir de forma súbita.

 

Esta investigación fue publicada en la revista The Journal of the American Medical Association, y para realizarla se analizaron los datos de 14 estudios, cuya conclusión fue que las mujeres tienen 3.5 más veces de riesgo de sufrir un ataque al corazón cuando realizan actividades sexuales de forma ocasional.

Pues, sí. Más o menos. No tanto. Tal vez sería mejor que el título fuera: “ejercicio esporádico puede traer problemas cardíacos a hombres”. Podemos ser alcanzativos sobre por qué los autores de esta nota quisieron hablar sólo de mujeres y sexo, cuando en el estudio original se especifica que sólo 3 de los 14 estudios revisados eran sobre actividad sexual y que “la mayoría de participantes eran hombres en 12 estudios que consideraron ambos sexos. Un estudio convocó sólo a hombres y otro sólo a mujeres”. Estadounidenses, además, es decir, no-representativos de todas las culturas y sociedades del mundo. Por cierto, este artículo omite el dato (que creemos que usted debería saber), que si bien la actividad periódica disminuye el riesgo, el sólo hecho de exponerse a la actividad aumenta ese mismo riesgo:

Los individuos activos están en general en menor riesgo de estos eventos [infarto de miocardio y muerte cardiaca súbita] comparado con individuos inactivos; sin embargo, durante el corto periodo de exposición aguda a la actividad física o sexual, el riesgo de un individuo de sufrir uno de estos eventos es mayor comparado con periodos de tiempo en el que no hay exposición.

Uno creería, basándose en el titular de la noticia, que la conclusión es “las mujeres deben tener más sexo”. Pero la conclusión de los autores, en sus propias palabras (ver el resumen), es: “los eventos cardiacos agudos se asocian significativamente con actividad física y sexual episódica; esta asociación se vio atenuada entre las personas con mayores niveles de actividad física”. En otras palabras, haga ejercicio con frecuencia.

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