Estigma, discriminación y hostilidad: la fobia a la gordura.

A inicios de este año, en Estados Unidos, dos grandes cadenas de televisión rechazaron emitir un anuncio publicitario, aduciendo que era “indecente”. El anuncio era de una marca de lencería y mostraba mujeres semi-desnudas, similar a los comerciales de Victoria’s Secret. Lo que distinguía al anuncio rechazado, de la marca Lane Bryant, era que las mujeres que aparecían en él eran plus-size. “Grandes”, o como se les llamaría coloquialmente, gordas.

En la campaña ‘This Body’ posan en ropa interior, hacen deporte y dan el pecho a un bebé. La cuestión es que #ThisBody es un anuncio con un mensaje tan precioso como: “Este cuerpo está hecho para el amor”.

 

¿Por qué una campaña con mujeres XL les parece indecente?

Las personas con sobrepeso, obesidad, o que tienen un cuerpo más grande que el promedio, deben enfrentar día a día un trato particularmente hostil en función del tamaño de su cuerpo. A veces son objeto de burla, a veces de desdén, a veces simplemente se les invisibiliza y excluye, como ocurrió con el anuncio de Lane Bryant, o como cuando se espera que “se cubran más“. La discriminación hacia las personas gordas es ubicua y normalizada.

Si no hubiese sido nombrada “la gordita” todos y todas habríamos visto que era y es una mujer muy guapa. Estudiamos juntas durante al menos 12 años y siempre la recuerdo haciendo dieta. Desde los siete. Y pasó por todas, “la del atún con piña”, la “de las proteínas”, “la del agua de apio”. A pesar de todas las dietas su contextura fue siempre la misma. Todos, para ser amables, comentaban que tenía “una cara muy bonita” y cuando se adelgazaba un poco todos corrían a felicitarla.

 

Padecemos una fabricada y moral epidemia de gordura

La defensa más frecuente ante esta clase de trato es que “es cuestión de salud”. La gordura ha llegado a considerarse sinónimo de enfermedad. En realidad estar sano se observa con otros indicadores, y hay una larga serie de factores individuales, familiares, incluso socioeconómicos, que están involucrados en el peso de una persona. Aun más, como sostiene la autora del artículo que citamos, los estándares de belleza se disfrazan de estándares de salud:

El problema con el juicio de la gordura es que también es un juicio moral. Aceptamos a esos “gordos buenos”, los que hacen ejercicio, dieta, los que viven sometidos a la disciplina que obliga el constante escrutinio social. Una persona puede ser gorda solo a pesar suyo, no podemos soportar que alguien pueda disfrutarlo. Y es tremendamente injusto pues ni el ejercicio ni las dietas son “solución” real para la gordura […] Nuestra sociedad está empujando [a niños y niñas] a padecer todos estos problemas de salud a punta de patologizar sus cuerpos.

 

Padecemos una fabricada y moral epidemia de gordura

Este año, se publicó un estudio en el que 50 mujeres con sobrepeso registraron durante una semana el estigma que sufrían diariamente. El estigma por sobrepeso podía manifestarse de distintas maneras, definidas en esta investigación en tres categorías generales: estigma interpersonal (comentarios desagradables de parte de otras personas), discriminación institucional, y barreras físicas, como falta de ropa de su talla y sillas en lugares públicos que no eran lo suficientemente grandes para acomodarlas. Dos de los hallazgos de este estudio fueron:

En promedio, las mujeres describieron experimentar tres eventos de estigmatización por día, los más comunes relacionados a barreras físicas, seguidos por comentarios desagradables, ser observadas, y escuchar suposiciones negativas sobre ellas […] La salud alimentaria era más pobre entre las mujeres que reportaron más estigma, lo cual es consistente con evidencia previa de que el estigma por el peso puede contribuir a empeorar los hábitos alimentarios.

Estas 50 mujeres llevaron un diario de “estigma de gordura” por una semana.

En el otro extremo positivo, un estudio encontró que la aceptación por parte seres de queridos hacia la persona con sobrepeso contribuía a que ésta perdiera peso. Al recibir apoyo y aceptación de familia y amigos, las personas que querían perder peso se sentían mejor consigo mismas, comían mejor y eran más activas; aún más, la aceptación de otros disminuía el estrés, el cual es un factor importante en el aumento de peso.

MiaTyler

Mia Tyler, modelo plus-size.

La insatisfacción corporal, aunque más sonada y prevalente entre mujeres, también está presente en hombres. Un estudio a nivel nacional, reportado este año en Estados Unidos, señaló que entre 20% y 40% de los hombres entrevistados, tanto gay como heterosexuales, mostraban algún grado insatisfacción con su apariencia física, su peso, su tamaño, y/o su tono muscular. De entre estos, los hombres obesos tendían a reportar sentimientos negativos sobre su apariencia.

Finalmente, un meta-análisis publicado por The Journal of the American Medical Association  revisó más de cien estudios que exploraban la relación entre la masa corporal y el riesgo de muerte. El hallazgo fue, en pocas palabras, que una mayor masa corporal (comparado con un “peso normal”) no implicaba automáticamente un mayor riesgo de muerte. La obsesión cultural por la gordura y el peso resulta más dañina que éstos por sí solos, incentivando una serie de actitudes hostiles y una industria millonaria de “tratamientos” que pueden ser innecesarios e incluso nocivos.

Ni la altura ni el peso (ni otras condiciones físicas) son medidas de valor humano. La sociedad, racionalmente, sabe esto pero el físico de una persona sigue siendo motivo de prejuicios y discriminación. Esto lo señala un estudio sobre las desventajas sociales que pueden enfrentar hombres bajos (un sesgo denominado heightism, discriminación por estatura, dirigido especialmente a hombres) y mujeres con sobrepeso. Otro estudio, aunque centrado en el viejismo y la discriminación por discapacidad visual, advierte de las dificultades de darnos cuenta de formas menos obvias de discriminación:

Los resultados sugieren que, al encontrarse con formas de exclusión que comúnmente no se definen como discriminación, la gente no las percibe como injusticia a menos que explícitamente se les dirija a verlas como tales.

La dificultad de reconocer formas menos obvias de discriminación (en inglés)

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