Estados de ánimo en Facebook: contagio, manipulación…o algo más.

Para finalizar el 2014, revisamos uno de los estudios científicos más populares del año: el supuesto contagio de emociones a través de Facebook:

Facebook intervino deliberadamente en la plataforma de 700.000 personas para que vieran menos publicaciones tristes (con palabras negativas) o felices (con palabras positivas) de sus amigos, y así comprobar si al cabo del tiempo esto provocaba que los usuarios mostraran influencia negativa o positiva en sus escritos. En efecto, a lo largo de la semana siguiente se cumplía lo esperado: las publicaciones eran más positivas si se habían leído menos frases negativas, y viceversa. Escándalo. “Facebook manipula las emociones”, titularon los medios semanas después de publicarse el estudio.

El año en que Facebook nos manipuló y otros estudios que arrasaron

El estudio atrajo mucha atención de los medios, no sólo por sus resultados, si no por la cuestionable ética de utilizar datos de miles de personas que no sabían que estaban “participando” en este experimento; además de que los investigadores eran al mismo tiempo empleados de Facebook, lo que generaría conflicto de intereses. Como contra-argumento, se declaró que unirse a Facebook implica ceder los datos personales a esta empresa para los fines que ésta disponga.

Lo que se publicitó poco fueron las limitaciones de este estudio, y por qué el contagio podría no ser semejante cosa. Que las personas influyen unas sobre otras a través de sus emociones es ampliamente conocido. El artículo “¿Las emociones son contagiosas en Facebook?“(en inglés) señala un punto que fue obviado pero es esencial para interpretar este estudio en su justa magnitud:

Pero el problema primario es el uso de la herramienta de análisis que se ha convertido en favorita de los investigadores que analizan textos en línea: el LIWC. El Linguistic Inquiry Word Count (LIWC) es una herramienta de análisis de lenguaje rudimentaria, un tanto primitiva. Esas no son mis palabras; esas son las palabras de uno de los creadores de la LIWC (Tausczik & Pennebaker, 2010):

“A pesar del atractivo de las medidas de lenguaje computarizado, éstas aun son primitivas. Programas como el LIWC ignoran contexto, ironía, sarcasmo y frases hechas (Énfasis agregado)”.

Esas son cosas un tanto importantes como para omitirlas en un análisis sobre matices y complejidades del lenguaje social informal, ¿no cree?

[…]

Si usted publica algo positivo en Facebook, entre sus cientos de amigos, su publicación generará 1.75 publicaciones positivas adicionales. Eso no es casi dos publicaciones por amigo…esas son dos publicaciones de entre todos sus amigos. Si todos sus amigos publican un total combinado de 50 a 100 actualizaciones de estado por día (una cantidad  razonable, dado que el promedio de amigos que una persona tiene en Facebook es 338), eso es probablemente un cambio de menos del 4 por ciento.

Un número levemente menor se genera al estudiar la publicación de estados emocionales negativos (o que se han interpretado como negativos; recuerde que muchas veces puede escribirse “estoy muy feliz” o “qué tristeza” con ironía o sarcasmo, y eso no era reconocido por el sistema de análisis de lenguaje utilizado en este estudio). La entrada continúa:

Estos efectos no son tan grandes cuando se colocan en cualquier tipo de contexto de la vida real. Es como encontrar significancia estadística en sus datos, pero nada que generará una diferencia clínica (o en el mundo real).

La conclusión simplemente es que compartir genera más compartir. Si uno comparte su estado de ánimo en Facebook, aumenta la probabilidad de que otros compartan el suyo. Ciertamente es una manera de influenciar e influenciarnos pero está lejos de contagiar, menos a gran escala.

Hablando de compartir y contagiar estados de ánimo positivo: ¡El Equipo Psicoloquio agradece su sintonía a lo largo de este año y les desea un feliz 2015!

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