Ellos son violentos, nosotros nos defendemos: atribución y comparación grupal.

“Si les preguntas, la mayoría de estos jóvenes te dirá que no son violentos. Que les han provocado, y que tienen que defender su honor o el de los suyos y por eso han tenido que usar la fuerza física'”, explica Bárbara Scandroglio, miembro del departamento de Psicología Social y Metodología de la Universidad Autónoma de Madrid, que lleva unos 20 años estudiando la violencia juvenil grupal.

 

Para la legitimación de sus normas, el grupo recurre a la creación de mitos y estereotipos donde los malos se dibujan como categoría y se borra la percepción del otro como individuo. Dentro de ese guión, el grupo de los buenos es como la familia a la que hay que defender a toda costa.

 

Las raíces de la violencia grupal

El estudio de las dinámicas de grupos permite explicar dinámicas de violencia. La cita anterior se refiere a la violencia y agresiones entre hinchas de distintos equipos de fútbol (deporte del que hemos hablado aquí y aquí), pero bien puede referirse a otro tipo de interacciones entre individuos y grupos.

“Algo que hay que remarcar”, añade Gómez, es que “detrás de este recurso a la violencia no hay un trastorno mental en la gran mayoría de los casos“.

 

“En un grupo de 10, puede haber uno con rasgos psicológicos que les hacen tendentes a la violencia, con menos tolerancia a la frustración y que quizás es el más descontrolado. Pero la mayoría no tiene ese problema añadido”, apunta Scandroglio.

 

Las raíces de la violencia grupal

De modo constante y automático, estamos comparando el grupo al que pertenecemos con otros…cualquier grupo al que pertenezcamos, en virtud de una característica o preferencia específica. Cuando ocurre esta comparación entre grupos, atribuimos características positivas y “especiales” al grupo al que pertenecemos, que de algún modo lo vuelven superior (de lo contrario no perteneceríamos a él), y características menos deseables al grupo contrario, asumiéndolo inferior. Y esto también tiene que ver con la identidad.

Dejar el grupo no es tarea fácil, es similar a un proceso de desintoxicación porque supone salir de un comportamiento sectario que ha dado sentido a tu vida”, argumenta Miguel Cancio, profesor de Socioeconomía del Desarrollo y los Movimientos Sociales de la Universidad de Santiago de Compostela y uno de los primeros sociólogos españoles que analizó el papel de la violencia en el fútbol.

 

Las raíces de la violencia grupal

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Fuente: DW.

No todas las comparaciones entre grupos terminan en rivalidades, enfrentamientos y violencia. Pero es importante reconocer los procesos de pensamiento, personales y grupales, que ocurren a la hora de contrastar entre individuos:

Cuando vemos a otros, ocurre un proceso llamado atribución, que significa asignar significado al comportamiento de la persona. La manera en que usted le da sentido a las acciones de otra persona tiene un impacto tremendo en su próxima interacción y comunicación con ella. El destacar estos errores cognitivos [los procesos de atribución] no es para inducir culpa; la mayoría ocurre de modo automático. No obstante, estar consciente de ellos puede ayudar a prevenir que respondamos a otros basándonos en atribuciones erróneas.

 

[…] Como humanos, tenemos una tendencia a explicar el comportamiento humano, especialmente si es indeseable, como proveniente de rasgos. Es decir, asumimos que el comportamiento está basado en la personalidad. Esto ocurre sin que consideremos factores externos que pueden haber contribuido a la acción. Esto se conoce como el error fundamental de atribución.

 

[…]

 

[El efecto actor-observador] ocurre porque estamos conscientes de nuestros estados internos: pensamientos, emociones, humores. No estamos conscientes de los estados internos de otros. Cuando explicamos el comportamiento [negativo] de otros, lo basamos en su disposición, pero cuando explicamos nuestro comportamiento [negativo], lo atribuimos a circunstancias externas.

 

La percepción social y el efecto actor-observador: yo estoy cansado, usted es haragán (en inglés).

La atribución no es un proceso negativo ni necesariamente dañino, es parte del funcionamiento humano y su propósito es ayudarnos a darle sentido al mundo. Como en todos los procesos cognitivos, siempre podemos “entrenarnos” para que resulten más funcionales. La autora del texto citado arriba sugiere hacer preguntas, considerar toda la información posible, y evitar llegar a conclusiones definitivas automáticamente.

Ello desde el punto de vista individual. ¿Cómo regular las dinámicas de grupos? Eso es mucho más complejo. Al igual que a nivel personal, muchas de estas dinámicas cumplen una función y por sí solas no son negativas.

Pero cuando las rivalidades se salen de control, el experimento de Muzafer Sherif (considerado precursor de la psicología social y del estudio de dinámicas de grupo), puede arrojar luz sobre cómo resolverlo. La última parte del estudio de Sherif aborda la integración entre grupos rivales, por medio de la cooperación y las metas comunes. Aunque difícil de lograr a gran escala, este tipo de intervenciones tiene aplicaciones en la vida real:

[Aceite de Oliva sin Fronteras (OOWB)] es una iniciativa de colaboración económica entre 34 comunidades productoras de aceite de oliva en Israel y la Ribera Occidental [Palestina]. Es encabezada por la Near East Foundation (NEF), una organización no gubernamental de 100 años que trabaja en el desarrollo económico de comunidades pobres en África y el Medio Oriente. La iniciativa es financiada por USAID, la que provee asistencia financiera y operativa a naciones y regiones necesitadas. El programa ha sido lo suficientemente exitoso para que USAID otorgue a OOWB su segunda asignación de $1.2 millones, que se espera sirva a unos 2,000 Palestinos e Israelis que trabajan en el ámbito del aceite de oliva, en el curso de tres años.

 

[…] Pero para una región en conflicto político, colaborar es una opción. Y una inusual. Ayala Noy, una campesina de 40 años, productora de Moshav Zippori, una comunidad a 20 minutos al norte de Nazaret en el lado israelí, aborda el proyecto desde una perspectiva diferente: “Fue una experiencia importante y empoderadora. Sentarme con un campesino palestino que me dice, con lágrimas en sus ojos, que su huerto fue quemado la noche anterior por ocupantes israelíes fue muy emotivo para mi. ‘¿Cómo duermes por la noche?’, me preguntó. Le dije que no muy bien. Ese fue el mayor reto para mi. Ser un representante de Israel, lidiando con los sentimientos que ellos tienen hacia nosotros”.

 

[…] Noy está de acuerdo con que el proyecto ha fortalecido más que los lazos económicos. “Trajimos palestinos a nuestra casa, les mostramos nuestro molino, y tratamos de estar en contacto por teléfono”, sostiene. “Creo que les da la oportunidad de ver ‘otros’ israelíes. Muchos de ellos me han dicho que es la primera vez que conocen a un israelí que no es un soldado o un ocupante”.

 

Granjeros israelís y palestinos se unen en pro del aceite de oliva

Fuente: good.is.

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