El ser humano es y sigue siendo el principal depredador

A continuación reproducimos un artículo enviado por Armando Arita, estudiante de psicología, escrito a partir de los crímenes más recientes en El Salvador.

EL SER HUMANO ES Y SIGUE SIENDO EL PRINCIPAL DEPREDADOR

Desde la migración de los Homo Sapiens (nuestros primeros símiles genéticos.), hace al menos unos 250,000 años desde África, comenzó el largo proceso de habitar y de dominar al mundo natural. Este delicado proceso se llevó a cabo en gran medida por el extraordinario potencial del cerebro humano de permitir la transmisión de información no genética, de una generación a otra (evolución sociocultural). A lo largo del tiempo, la vida estuvo caracterizada por el peligro, una amenaza siempre presente y la violencia generalizada entre diferentes especies y entre miembros de una misma especie (Perry, 1997)

Tal vez el párrafo anterior sea un poco difícil de entender, y se podrá preguntar que tiene que ver el proceso histórico o evolutivo, con la violencia actual. Pues bien, la violencia en todo caso también es un proceso evolutivo, no podemos solventar un problema si no vemos desde dónde viene, es decir, si no conocemos su historia.

Eso es lo que en muchos casos ha sucedido: se busca erradicar algunos problemas pero desde su carácter superficial. Por eso la creación continua de incontables planes anti-violencia que en muchos casos caen en la ineficiencia prontamente. Los grupos con historia serían una herramienta factible a la hora de combatir la violencia, pues darían pistas de donde viene, donde está, y muy seguramente hacia donde se dirige la violencia.

Generalmente, al observar y estudiar el fenómeno de la violencia, se tiende a ir hacia los reduccionismos, y hacia un esquema próximo al estímulo-respuesta (E-R). Es decir, se atribuye a un factor exclusivo las causas del fenómeno, y obviamente esta causa produce el efecto. Pero eso se dificulta un análisis más adecuado y realista acerca de éste fenómeno, puesto que se encasilla tanto la causa como el efecto.

Esto podría llevarnos a ver el fenómeno de la violencia desde diferentes ópticas. Desde una óptica biológica, podría ser debido a la transmisión genética y a respuestas biológicas del cuerpo –ya que se conoce que hay una serie de reacciones y cambios químicos en el cuerpo cuando existe amenaza, y por lo tanto se produce una reacción violenta-; es decir, la violencia como proceso y característica natural del ser humano. Desde la óptica psicológica, es éste un fenómeno patologizable, un diagnóstico de la persona violenta, por ejemplo el sociópata, o el disocial. Pero cabe resaltar que no todo acto violento obedece a una patología, es decir, no podemos atribuir todos los actos violentos al producto de una deficiencia mental. Finalmente, como proceso social, es decir, la violencia como respuesta a los cambios sociales, como resultado de la misma evolución social del ser humano, y su proceso de construcción de la sociedad.

Pero esto es un análisis excluyente, y por lo tanto limita las opciones tanto de explicación del fenómeno, como las opciones de respuesta o solución a éste. Sería más útil hacer un modelo multicausal, que tome en cuenta todas las posibles causas, ya sean estas biológicas, psicológicas o sociales, pero que se relacionan entre sí, y que por lo tanto también se determinan.

La raza humana y nuestras actuales prácticas socioculturales se desarrollan en un mundo brutal, violento e impredecible. El desarrollo de culturas complejas a lo largo del tiempo y de la afamada “civilización” no ha protegido a millones de la brutalidad que ha caracterizado el ascenso de la humanidad. Con la civilización se logró disminuir la vulnerabilidad hacia los depredadores no humanos, pero poco se ha podido hacer para disminuir la violencia de la misma especie.

Al contrario de lo que se pueda pensar, la historia moderna se caracteriza por una violencia cada vez más eficiente, sistemática e institucionalizada. El ser humano es y sigue siendo el principal depredador de otros seres humanos vulnerables (típicamente mujeres y niños). Nunca se podrá estimar el profundo impacto de la violencia doméstica, el abuso físico y sexual y otras formas de asalto de depredadores o impulsivos. La violencia impacta a las víctimas, a los que la presencian y en última instancia a todos nosotros (Perry, 1997)

Leía posibles medidas de solución para tomar acciones anti-violencia, unas encaminadas al orden social (medidas de reinserción a la sociedad y rehabilitación, al aparato judicial), y otras de carácter educativo; y me parecen adecuadas, pero a mi parecer, se olvidó algo importante, el apoyo psicológico no sólo a la persona violenta, sino a todos y todas las personas. Es importante mantener ese equilibrio, entre el mundo interno y externo de las personas, y esto no es sólo labor del psicólogo/a, en él da inicio esta labor, pero también es labor de todos los agentes que incidimos en la sociedad.

Finalmente, se necesita reconocer esa historicidad de los procesos sociales y de los pueblos para poder combatir y/o erradicar sus problemas. También se necesita conocer y evaluar detalladamente los factores que intervienen en un fenómeno tan complejo como la violencia –sean estos psicológicos, sociales, o biológicos-. Fomentar una participación conjunta de profesionales en diferentes rubros, y también de la población en general. Y conocer acerca del tema; la desinformación en muchos de los casos es la primera piedra de tropiezo al dirigirnos hacia la solución de un problema.

Referencia
Perry, B.D. (1997). Incubados en terror: Factores del Neurodesarrollo en el “Ciclo de la violencia”. En Niños, Juventud y violencia: La búsqueda de las soluciones. (J. Osofsky, Ed) Guilford Press, New York, pp 124 -148.

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